El verano ya está encima, como quien dice. De hecho, los negocios de aventura del Pirineo aragonés ya saben de antemano, a raíz de la demanda que reciben, que el estío del 2021 atraerá a tantos visitantes como el histórico del año pasado, cuando las ansias de escapar del coronavirus, de las ciudades y de las playas atestadas llevaron a miles de españoles a buscar refugio en la cordillera.

«Estamos recibiendo muchas reservas para el verano después de un parón muy largo», constata Nacho Cifuentes, responsable de la Asociación de Empresarios de Turismo Deportivo de Aragón, con sede en el Sobrarbe.

De hecho, la cosas ya ha empezado a moverse a nivel de turismo rural y asimismo se dejan ver los propietarios de viviendas de segunda residencia a lo largo de todo el Pirineo aragonés.

«La gente ha aguardado hasta última hora porque no se sabía qué iba a ocurrir», explica Cifuentes, dado que los desconfinamientos a veces son parciales y a que en algunos puntos se producen retrocesos y se vuelven a aplicar cortes perimetrales.

Con todo, el responsable de deportes de aventura hace un llamamiento a la prudencia. «Entre las nevadas tardías y las lluvias es fácil que el caudal de los barrancos crezca mucho de repente», explica.

Es un riesgo que los aficionados a bajar por los cauces pirenaicos han de tener en mente.

Pero, por otro lado, la abundancia de nieve juega a favor de la práctica de numerosos deportes relacionados con el agua. «Las reservas de nieve garantizan que habrá caudal suficiente para la práctica de actividades acuáticas en los embalses, con kayaks, por ejemplo, y que en los ríos habrá corriente para hacer ráfting», agrega.

Por otro lado, al haber nieve en la cima de las montañas se puede decir que no faltará el elemento que hace más atractivos los barrancos en pleno verano, al haber un volumen de agua que permite el baño y que, con los debidos conocimientos y personal y material especializado, hace que la experiencia del descenso sea mucho más gratificante para los aficionados a esta modalidad deportiva.