No son Yul Brinner, Steve McQueen o Charles Bronson, pero a su modo han revolucionado un pequeño pueblo cerca de la frontera entre La Hoya y el Somontano. Las Siete Magníficas de Angüés saltaron a primera plana hace un par de años, cuando consiguieron tumbar al alcalde socialista Antonio Moreno, que llevaba tres lustros largos en el cargo. MPMA se hicieron llamar (Mujeres Por el Municipio de Angüés). Y arrasaron. Mayoría absoluta. ¿Qué prometían? Nada. Es un decir. «La gente me preguntaba qué podíamos ofrecer, pero yo les decía que solo podíamos prometer la mejor gestión de la que fuésemos capaces. Nada del oro y el moro, claro. A pesar de eso, la gente es muy maja y nos votó», explica la alcaldesa, Herminia Ballestín, que vuelve a estar de moda junto a sus compinches. Han conseguido nada menos que frenar la creciente despoblación de su localidad, una batalla que comparte con un buen número de municipios aragoneses, una guerra que casi todos pierden. «Los que vivimos hoy en los pueblos tenemos que ser como los del antiguo Oeste: firmes, duros y persistentes».

En Angüés empiezan a ganar la contienda al amenazante vacío después de sujetar una caída imparable. Solo en el siglo XX se marcharon 1.600 de los 2.000 habitantes del municipio oscense. En el siglo XXI ha seguido perdiendo habitantes aunque a un ritmo más moderado. De los 435 con los que empezó este milenio quedaban 360 en 2017. Subió un pelín en 2018 y ya no ha dejado de crecer. Aunque no lo tienen todavía contabilizado, ya miran hacia el 400. Cada habitante nuevo es otra batalla ganada, una fiesta. «Angüés está creciendo. Hemos ido frenando la despoblación y ahora ya estamos empezando a remontar. Cuando hay un movimiento de caída, lo que cuesta es pararlo. Pero una vez que logras estabilizarlo se crea una sinergia positiva. Estamos en ese punto. Durante años ha habido un silencio sepulcral, ahora tenemos un montón de gente interesada en venir».

Las Siete Magníficas, de las que cuatro están en el Gobierno municipal, conforman una lista transversal, con gente muy diferente, «y eso enriquece». «Han pasado dos años ya. ¿Seguimos vivas? Sí, seguimos vivas», exclama riendo Herminia, segura de que el principal valor es el esfuerzo. «Lo que vale es el trabajo de cada día, que te identifiques con tu gente, que te atrevas a hacer alguna locurilla, a probar cosas que no se han hecho antes. La noticia de que somos un grupo de mujeres en un ayuntamiento está bien, pero es corta. Luego hay que hacer y hacer».

«Hoy en día, ser de pueblo y de pueblo vaciado es casi lo mismo», dice la alcaldesa del municipio de Angüés, que incluye Velillas y Bespén. ¿Por dónde empezaron la escalada? «Por la escuela, era lo más importante. Lo primero era pensar en niños, que es algo que no se puede improvisar. Hemos conseguido poner en marcha un aula de escolarización temprana, de 2 años, y eso es un logro grande para nosotras, un impulso. Además, ahora nos van a hacer la techumbre de la escuela vieja».

MPMA, una agrupación sin ideología política o feminista

María de Marco, Ana Carmen Ruiz, María Jesús Agustín, Ana María Estrada, Beatriz Jacinta Villacampa y Mónica Urraca, con Mercedes Moya y Ana Violeta Bernardos como suplentes, formaron Mujeres Por el Municipio de Angüés (MPMA) junto a Herminia Ballestín, la alcaldesa, que explica así el inicio: «Decidimos presentarnos a las elecciones sin pertenecer a ningún partido. Hicimos una agrupación de electores para saber si gustaban nuestras ideas. Tuvimos la fortuna de que nos apoyaron sin vender ninguna ideología política. Entre nosotras no se habla de política y sabemos que no es conveniente hacerlo, cada una tiene su criterio». «Por no tener no tenemos ni siquiera ideología feminista», dice con ironía la alcaldesa. «Somos mujeres y nos gusta serlo, pero no queremos reivindicar el feminismo desde nuestra posición, y menos de exclusión. Yo me siento representante de lo femenino más que de una ideología».

Y después, hormiguita hormiguita. «Hemos ido contactando con gente, pidiendo a unos amigos y a otros, enseñando casas. Y presentamos al Injuve un plan de vivienda para jóvenes. Y graciosamente nos lo concedieron. Ahora tenemos un proyecto chulo que está poniendo en contacto a los que quieren casa y a los que pueden vender», explica Herminia, que admite las dificultades en una suerte de figura literaria: «Con la despoblación te das cuenta de que si quieres hacer algo lo que te falta es gente».

Angüés está bien situado, cerca de Huesca, de Barbastro, y con buenas comunicaciones. «Podemos ir a Zaragoza en el día, a Lérida, a Barcelona... Somos pueblo pueblo, pero la ubicación es buena y se puede explotar. Y tenemos cosas: escuela, tienda, farmacia, médico, guardia civil... ¡Somos un pueblo fetén!», dice entre risas Ballestín, que deja un aviso, no obstante: «Queremos algo sólido. No de gente que venga buscando una bicoca, sino de personas con ganas de quedarse a vivir, dispuestas a aportar».

A grandes rasgos explica el proyecto pionero de acceso a la vivienda, que por un lado evita la marcha de los muchachos a las ciudades y por otro genera arraigo en el municipio. El proyecto incluye la creación de una red de viviendas y se elaborará un inventario con las casas vacías disponibles o las que se deben restaurar. Se generará así una base actualizada de recursos. Y el ayuntamiento abrirá ese vínculo de comunicación con las personas propietarias de dichos espacios para conocer preferencias y situación.

«Me gusta mucho el movimiento que se está creando, llega un momento que tiene vida propia. Ya no se piensa eso de ‘no iría allí ni atado’, sino en lo contrario: vivir en Angüés puede ser más que interesante. Estamos consiguiendo que la gente vea que se puede vivir en un pueblo», remata Herminia, la sheriff de Angüés.