Para Luis González Martínez, la Neurocirugía es una de las áreas más beneficiadas por el desarrollo tecnológico. Estudios funcionales, resonancias, escáneres y otras opciones de tratamiento para lesiones neurológicas han posibilitado tratar casos «inabordables hasta hace poco».

Gracias a ello, el jefe del servicio en el Servet muestra que ahora es posible tratar lesiones en áreas del cerebro de importancia significativa para el lenguaje o la actividad motora que eran impensables hace escasos años. «Toda esa tecnología diagnóstica nos permite definir nos permite topografiar y localizar los lugares de la patología para minimizar el trauma quirúrgico en el paciente», destaca.

González Martínez subraya también la importancia de la transversalidad entre servicios, ya que el desarrollo de una especialidad va acompañado del progreso de otras, tales como anestesiología o los cuidados intensivos.

Por otro lado, ese trabajo interdisciplinar es para el neurocirujano esencial: «El control intraoperatorio que se puede realizar mediante estudios neurofisiológicos con profesionales que se incorporan al equipo, e incluso con psicólogos que evalúan al paciente despierto, nos permite tratar y definir esas lesiones para minimizar las secuelas derivadas de la intervención».

De este modo, otras innovaciones como la navegación en las operaciones de columna permiten instalar implantes en las vértebras para evitar riesgos neurológicos, incluso en zonas que se pueden considerar de alta complejidad y riesgo. El objetivo es claro: «ofrecer al paciente el mejor resultado». «La tendencia es esa, a progresar, a intentar abarcar patologías que antes eran poco abordables desde la racionalidad y el trabajo multidisciplinar para poder estar a la vanguardia del tratamiento». M