El fin del uso de la mascarilla se acerca paulatinamente, al menos de manera obligatoria. Lo que hace más de un año se convirtió en un negocio por necesidad, ahora ya empieza a ser la venta o el regalo de retajos por la falta de demanda. La compra de mascarillas se diluye. «La gente ya lo tenía mentalizado, al menos nosotros, de que tenía un final. Los clientes ya no compran y lo que hacemos es regalarlas, porque en los interiores también se van a utilizar y hasta final de año, al menos, se seguirá usando», expresa Pilar Bolea, responsable de la tienda de disfraces Bacanal que ha estado todo este tiempo vendiendo y elaborando mascarillas personalizadas.

Su actividad prioritaria fue el estampado en mascarillas para las empresas, pero también fabricaron al principio las suyas propias. Momentos que parecen estar ya muy lejanos. «Se ha terminado. En ese sentido ya sabíamos que esto iba a tener un final, no a lo mejor como los que han hecho inversiones grandes en la fabricación de mascarillas, pero ellos también lo notarán», señala Bolea.

Pilar Bolea posa con las mascarillas a la venta en su tienda de disfraces Bacanal ANDREEA VORNICU

Aunque el próximo curso seguirá siendo obligatorio el uso del tapabocas en los colegios y esto podría relanzar en septiembre la venta, ya no existe el «furor» de antes por la adquisición de estos productos. Y esto afecta, puesto que las mascarillas fueron para esta tienda la «salvación durante los meses más duros de estos dos años», apostilla la responsable del negocio.

Por otro lado, en las tiendas próximas a la plaza del Pilar de Zaragoza también ha sido habitual la venta de mascarillas, sobre todo, con estampados característicos de la tierra como puede ser el de la basílica. Pero para Ana Bosqued, dueña de la tienda ¡Qué Majico!, la demanda está «disminuyendo» y teme que en los próximos meses se vea «con el conflicto de que tendré que pedir a la gente que entre a la tienda que se la ponga». «Yo la seguiré llevando, y pienso que mucha gente también», insiste Bosqued.