El departamento de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente del Gobierno de Aragón informó ayer de que la necropsia realizada a las ovejas trasladadas a La Alfranca confirma que el ataque que se produjo este jueves en Torralba de Aragón fue de perro. Chabier González, veterinario del centro de recuperación de La Alfranca, fue quien firmó la autopsia, que concluye: «Las lesiones ante-mortem observadas son características de mordiscos de cánido grande».

La denuncia la hizo José María Alcubierre, secretario general de UAGA, tras la agresión que sufrió su rebaño en la noche del miércoles, cuando perdió nueve ovinas. Los ataques anteriores en la zona fueron en Tardienta: uno en febrero que se atribuyó a lobo, y otro en mayo que fue obra de perros.

«No se trata de entrar en un debate de si el ataque es de perro o lobo –el perjuicio es el mismo– y para acceder a las ayudas los ganaderos no tienen que demostrar si es perro o lobo cuando su explotación se ubica en un municipio donde está demostrada la presencia del lobo. Se trata de informar correctamente. Si es lobo es lobo y si es perro es perro; y se actúa en consecuencia», explican desde el Área de ganadería, donde recuerdan que el lobo es una Especie de Interés Comunitario para la UE. Sin embargo, en el caso de los perros los municipios pueden solicitar al Instituto Aragonés de Gestión Ambiental (INAGA) «un permiso para capturarlos».

«Las tres cámaras colocadas en la zona no han captado imágenes de ningún animal. No obstante, se mantendrá la vigilancia en la zona y se ha pedido a los ganaderos que utilicen las medidas de autoprotección al ganado», concluyeron desde la consejería.

En la conclusión de la necropsia se informa de que la forma "en que fueron muertas las oveja, con mordiscos de potencia moderada, reiterados, distribuidos a lo largo de ambos lados del cuello, mandíbulas, base del pabellón auricular y en la garganta, resultan compatibles con la acción de uno o varios perros (Canis lupus familiaris), de tamaño más bien grande. Se hallan además diversos mordiscos localizados en regiones donde no resultan útiles para abatir a la presa (cruz, zona lumbar, vértebras torácicas, babilla). Esta forma de actuar es muy diferente de la del lobo, que, a diferencia de la mayoría de los perros, se caracteriza por el mordisco efectivo, únicamente muerde durante los ataques en localizaciones muy concretas, en las que al ser mordidas con fuerza y presión mantenida, causando severas laceraciones musculares a causa de tal presión, se produce la muerte o inmovilización completa de la presa. Los perros, habitualmente, muerden aleatoriamente en diversas partes de la presa. Incluso cuando, como en este caso, existen numerosas lesiones en el cuello, se distribuyen aleatoriamente por este, con preferencia en la región de la glotis, muriendo las reses por desangrado y/o encharcamiento del pulmón por aspiración de sangre a través de la tráquea. En presas ágiles y rápidas, puede ocurrir que el lobo no consiga morder en la zona diana en un primer momento, y aparezcan entonces mordiscos reiterados, pero en los dos ejemplares examinados las zonas mordidas están en algunos casos muy lejos de los senos carotídeos, en tráquea y mitad del cuello, por ejemplo".

La distancia entre caninos y el diámetro de las incisiones, continúa, "únicamente indica que se trata de un animal del tamaño de un perro grande, mientras que la moderada presión ejercida en las zonas mordidas, donde las lesiones consisten básicamente en perforación por caninos, sin laceración muscular, es propia de un animal que no mantiene la presión hasta el desplome de la presa, lo que es característico también de perro", dice el informe, que concluye afirmando que "llama poderosamente la atención la enorme similitud existente entre las lesiones y modo de predación observados en este ataque y el que tuvo lugar en Tardienta el 31 de mayo de este año, también obra de perros".