Aragón cuenta con unas 250 especies de aves y 75 de mamíferos. Los sarrios, osos, jabalíes, cabras pirenaicas y muchos otros animales siguen formando parte de los ecosistemas aragoneses en nuestros días. La biodiversidad, pese a que muchos de estos ejemplares representativos de la fauna aragonesa, a los que se pueden añadir otros como el quebrantahuesos, característico del Pirineo, se encuentran amenazados, sigue siendo un valor para los espacios naturales de la comunidad. Como atractivo turístico, son motivo de visita y consiguen atraer cada año a miles de visitantes, tanto locales como de fuera de Aragón.

Las comarcas pirenaicas de Sobrarbe, Alto Gállego, La Jacetania y La Ribagorza, son algunas de las localizaciones más importantes en este sentido. En ellas se encuentra parte de esa riqueza de especies, y aunque no son las únicas que pueden presumir de ello en Aragón, durante este verano cuentan con la particularidad de ser aulas al aire libre.

Para contextualizar la situación de las distintas especies resulta importante la divulgación. Por ello, la Universidad de Zaragoza volvió a elegir el Pirineo para celebrar la novena edición del curso Mamíferos del Pirineo. Sus organizadores son Jesús Martínez, investigador del Instituto Pirenaico de Ecología, y Juan Herrero, profesor del campus de Huesca en el área de Ecología del departamento de Agricultura y Economía Agraria. "El objetivo del curso es que los especialistas en el tema divulguen sus conocimientos a los demás", apunta este último.

Juan Herrero asegura que, tras un año y medio inmersos en la pandemia, la gente quiere saber más sobre la fauna pirenaica. De estar encerrados en casa a explorar el Pirineo para conocer sus entresijos y los animales que lo habitan. Lo demuestran las cifras de asistencia a estos cursos, con las plazas completas en su última edición y la misma previsión de cara al futuro. "Nos aportan conocimientos que la gente no tiene", señala Herrero sobre los cursos.  

Además, la mejora de la situación sanitaria permite "organizar más actividades", tanto al aire libre como en interiores, y promover el aprendizaje sobre las especies para respaldar este renovado interés. En este caso, con el Pirineo y los valles cercanos como escenario de lujo. Entre las localizaciones se encuentran Orós, la Selva de Oza y las cercanías de Yesa.

También la Sierra de Guara, donde tendrá lugar un nuevo curso en septiembre dedicado a las aves. Una zona de menor altitud donde se encuentran las «aves rapaces rupícolas», que viven en los acantilados. Cuentan con su propio «turismo ornitológico» dentro de un espacio protegido para favorecer su conservación como es el Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara.

"Nada de lo que estudiamos ha cambiado drásticamente en estos nueve años", apunta Herrero, que sitúa a Aragón dentro de las tendencias globales de Europa en lo que al estado de las distintas especies se refiere. Los últimos años han sido de recuperación para los grandes carnívoros, como el oso y el lobo, y también para otros ejemplares, como los corzos, los sarrios y los jabalíes.

 "El oso pardo del Pirineo se ha recuperado y otro cambio importante ha sido la aparición del castor europeo en Aragón y parte de Navarra", detalla sobre algunos casos concretos de la comunidad.

Divulgación 8 Distintos cráneos de animales en el curso. | PACO GARCÍA

Desconocimiento

Existen amenazas, como la falta de financiación de los distintos programas de protección del medio ambiente, que tienen impacto directo en la conservación de las especies. Otras externas, caso del cambio climático, siempre están presentes.

Aragón conoce de primera mano lo que significa sufrir la extinción de algunos de sus ejemplares autóctonos. Ocurrió con el bucardo, también llamado cabra pirenaica, y otros como el quebrantahuesos siguen en peligro. No obstante, para Herrero, el desconocimiento resulta una amenaza igual de peligrosa.

"Me preocupa el nivel de desconocimiento, de la mayoría de las especies se sabe muy poco", manifiesta. Y es que, al "no darles nombre" no es posible medir la magnitud real del problema. En este sentido, frente al desconocimiento, el aprendizaje resulta esencial.

"Se trata de generar una base de información importante sobre las especies que trascienda", manifiesta. Esta tarea "colectiva" ha arrancado, a pequeña escala, en las faldas de la cordillera pirenaica. Ahora, Juan Herrero llama a la colaboración de los distintos agentes sociales, "desde los científicos hasta el público general, pasando por la administración", para hacerla posible.