Pocos son los que conocen los estrechos lazos que unen a Perdiguera con las ciudades de Acra, la capital de Ghana, y Anantapur, ciudad de la India. 4.000 kilómetros separan esta localidad zaragozana del país africano; el doble, 8.000, del territorio asiático. Sin embargo, desde hace 15 años los puentes de la solidaridad conectan Aragón con ambos territorios.

Cada año, el Ayuntamiento de Perdiguera destina 4.000 euros procedentes de sus arcas municipales a proyectos de cooperación al desarrollo. Es la localidad aragonesa que aporta fondos a estas causas que menos población cuenta en su censo (poco más de 500 personas). Dicho de otro modo, el 0,50% del presupuesto municipal de Perdiguera está destinado a la cooperación internacional. En la comparación, se impone por ejemplo al Ayuntamiento de Zaragoza, que dedica a cooperación el 0,34% de sus fondos presupuestarios, o al Ayuntamiento de Huesca, que se queda en un 0,17%.

«Colaboramos con la fundación Vicente Ferrer y con las hermanas de la Caridad de Santa Ana», explica a este diario Ana Jaso, teniente de alcalde del ayuntamiento. Así, sus fondos solidarios van se han transformado en multitud de proyectos en Ghana e India: la construcción de pequeños embalses para crear sistemas de regadío, de viviendas en aldeas diseminadas o de pozos de extracción de agua para combatir las sequías.

Sin embargo, la conexión entre Perdiguera y estas dos ciudades va más allá del apoyo económico. «Tenemos contacto permanente y las asociaciones nos van contando para qué se utiliza nuestra ayuda. Así vemos que lo que damos se está aprovechando y las personas de allí se están beneficiando», asevera Jaso. Es más, incluso la teniente de alcalde reconoce «haber viajado por su cuenta» para conocer los proyectos en Anantapur. «La última vez que pude ir fue para la inauguración de varias escuelas en la India con las que habíamos colaborado», recuerda la teniente de alcalde.

Una monja misionera

La idea de la cooperación internacional no llegó a esta localidad por inspiración divina. O quizás sí. Una vecina del municipio, de orígenes perdigueranos, había ingresado años atrás en un convento y había viajado a Acra para trabajar como misionera ayudando en lo que se pudiera. Allí conoció de primera mano las necesidades de los habitantes, por lo que le nació una idea en su cabeza.

Una vez al año, la religiosa suele volver para ver a su familia, y en uno de sus regresos se le ocurrió proponer a la corporación municipal que iniciara acciones de ayuda internacional. «Cuando empezamos y vimos las miserias con las que algunos vivían decidimos adjudicar una parte del presupuesto para colaborar», apunta Ana Jaso, que todavía continúa en el equipo de gobierno municipal.

De momento, han pasado ya 15 años desde que Perdiguera decidiera iniciarse en esto de la cooperación internacional. De momento, donan de forma anual 2.000 euros a cada asociación con la que trabajan, aunque no descartan aumentar las cantidades «si el presupuesto de la localidad se incrementara». Los puentes que unen Perdiguera con Acra y Anantapur no están hechos de piedra, sino de algo mucho más resistente.