Ha pasado un año y medio ya de la última bilateral entre el Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento de Zaragoza, aquella del 4 de marzo de 2020 en la que, como no habían llegado los síntomas primeros del covid, Javier Lambán y Jorge Azcón dibujaron un horizonte feliz para la comunidad y su capital. Esa mañana alcanzaron acuerdos considerables en cuestiones de Hacienda, Urbanismo, Medioambiente o Movilidad, además de desbloquear feos asuntos judiciales. Callaron sobre La Romareda, asunto siempre tan esperado como espinoso. Aquel día, el presidente del Gobierno aragonés detuvo el futuro en el año 2030. No lo paró ahí por casualidad, bien se sabe, mucho más ahora que la visita de Pedro Sánchez ha puesto en primera plana los Juegos de Invierno que cerrarán la presente década, que de momento sacan del cajón el expediente del nuevo estadio. Se reactivará próximamente, sin duda, más pronto que tarde. Será realidad segura si la llama olímpica se enciende en Aragón.

En cualquier caso, volverá a sonar La Romareda antes de que termine la legislatura si la curva de las circunstancias sigue mejorando. Así lo prometió el alcalde desde el primer día. Así lo ha mantenido incluso en los peores tiempos de la crisis, donde antepuso la salud pero no olvidó el proyecto. Así lo confirma hoy en día, cuando no admite que los primeros pasos del nuevo coliseo zaragozano se darán «antes o después». Será antes.

El principal objetivo de Azcón es alcanzar un consenso político, al menos recoger un amplio apoyo en mayoría que le permita dar los primeros pasos. Así se lo ha hecho saber en varias ocasiones a Lola Ranera, jefa de la oposición municipal, que le pide al alcalde un proyecto que sea «explicable». Va en la línea de prudencia que mantuvo Lambán, ahora más inclinado a la reforma de la vieja Romareda.

«El campo, sin que exista un consenso, es más difícil que se haga», afirman en la alcaldía zaragozana. Es decir, la idea de Azcón pasa por convencer en primer lugar al resto de partidos –al menos a una significativa mayoría–, asegurar el proyecto que 18 meses atrás empezó a bosquejar con Lambán y evitarse sorpresas pasadas. Para que no ocurra como con el campo de Atarés, que tumbaron entre PSOE y CHA; o con el proyecto de Belloch de derruir y reconstruir que la Justicia acabó anulando tras un recurso vía PP-PAR; o con el último intento de un Gobierno PSOE-PAR, que logró casi la unanimidad después de que PP e IU apoyaran la propuesta de trasladar el estadio al barrio de San José. Solo CHA se descolgó. El azote de la crisis del ladrillo hizo el resto.

En ese sentido, Azcón no solo se ha dirigido a Ranera, sino al Gobierno de Aragón, al que propone una idea como la de Bilbao y su nuevo San Mamés, «en una sociedad en la que pudiera participar todo el mundo», recuerda el alcalde, que pone como ejemplo de su importancia la reciente Eurocopa, que pasó por Sevilla este verano. Calculan que ha dejado unos 200 millones. Serían unos 40 en hostelería, los otros 160 millones los habría obtenido la capital andaluza con la proyección de la ciudad. «En cualquiera de los casos, cantidades importantísimas», dice Azcón.

El Gobierno de Aragón reflexiona sobre el referéndum de sus vecinos

A pesar de que Pedro Sánchez dejó claro en Zaragoza que los Juegos Olímpicos eran cosa de tres (Aragón, Cataluña y España), la idea de la Generalitat es organizar un referéndum entre su población, una consulta para la que no ha puesto fecha. Tampoco ha decidido en qué territorios se hará. Es decir, si será dirigido solo a las comarcas pirenaicas, directamente afectadas por el proyecto, o se incluirá a Barcelona. Mientras su alcaldesa, Ada Colau, ya ha dicho que no está interesada en la organización de los Juegos de Invierno, el Gobierno de Aragón ha decidido guardar silencio de momento, tomarse unos días de reflexión, de consultas, antes de dar su opinión, seguramente la semana que viene, sobre la posición del ‘Govern’, que más bien parece pasar olímpicamente de los Juegos.  

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Desde luego, si hubiera Juegos Olímpicos o hubiere Mundial de fútbol con una sede en Zaragoza, la 'explicabilidad' del proyecto será sencilla y las razones caerán por su propio peso. Otra cosa es que Azcón se quiera adelantar para tener más posibilidades en estos grandes eventos. «Necesitamos un estadio incluso como atractivo turístico. Te guste o no el fútbol, los estadios de muchas ciudades forman parte de la imagen de ciudad», dijo no hace mucho el alcalde estas páginas. Aquí también lo refrendó Lambán: «Sería un fracaso colectivo imperdonable» que Zaragoza no tenga «un estadio moderno» que le permita ser sede de ese Mundial que, en teoría, organizarían España y Portugal, un campo que puede ser «un icono como en otras ciudades».

No hay anteproyecto ni proyecto que se vea aún, pero pronto volverán las conversaciones que van más allá de un plan «transparente» y «explicable», que atienda a la necesidad de «un estadio moderno». A Lambán le gusta por aquí la discreción. «Los acuerdos suelen ser incompatibles con la publicación de las conversaciones», suele decir el presidente, que será clave para que Zaragoza tenga por fin un estadio de Primera aunque su Zaragoza siga en Segunda.