Felipe Pétriz y la Universidad de Zaragoza han sido (y son) algo así como un matrimonio bien avenido. De esos de lealtal absoluta y dedicación exclusiva durante 45 años y nueve meses. Ahora, a sus 70 años, el que fuera rector del campus público entre 2000 y 2008 acaba de dejar la institución «por obligación legal», porque si por él hubiera sido habría mantenido su actividad. «Aunque entiendo que con esta edad ha llegado el momento», confiesa a este diario.

Antes de ser rector, Pétriz fue vicerrector de Profesorado en el equipo de Juan José Badiola. Entonces conoció de primera mano la situación de las plantillas, un panorama «que ha cambiado mucho» en los últimos años. «Ojalá se produzca ese hueco para que el profesorado joven, con talento, pueda ocupar estos puestos. Hay una generación muy bien preparada y me gustaría que tuviéramos la intención de incorporarles de manera inmediata a las aulas. Mucha gente se merece estar en clase y en los laboratorios», dice.

Pétriz ha optado por una jubilación forzosa «porque disfrutaba mucho trabajando» y en ningún momento valoró una salida voluntaria. «Respeto a quien lo haga, porque la legislación lo permite y es una decisión personal. En mi caso, amo mi profesión, siento vocación y devoción por ella y por eso decidí seguir. Me pagaban por disfrutar y estoy muy satisfecho de toda mi trayectoria profesional», señala.

Atraer el talento

El catedrático de Matemática Aplicada, quien también ocupó el cargo de secretario de Estado de Investigación del Ministerio de Ciencia e Innovación desde 2009 hasta 2011, aboga por «hacer un esfuerzo» para propiciar el relevo generacional en la plantilla docente. «Si dejamos pasar el tiempo y no permitimos que esos jóvenes se incorporen, creo que nos estaremos equivocando. Deberíamos atraer a esas personas que han iniciado su andadura en el extranjero, pero en las que la sociedad española ha invertido», reflexiona. «La movilidad por definición no es mala, pero ojalá todo ese talento que sale pudiera volver porque, por lo general, uno disfruta mucho trabajando donde está su familia y sus orígenes. Y en Aragón hemos formado mucho personal que ahora está fuera», lamenta.

Pétriz ha sido 45 años docente en la Universidad de Zaragoza, a los que suma sus años como estudiante. Su vinculación con el campus público ha sido total y confiesa que cuando más ha disfrutado ha sido «en los momentos difíciles» que ha tenido que afrontar. «Siempre he intentado ver oportunidades en esas situaciones. Por ejemplo, creo que la pandemia ha sido una de ellas para analizar nuevas formas de enfocar el trabajo, de innovar. De haber seguido, habría seguido aplicando situaciones que a lo mejor si no hubiera habido pandemia no me las habría planteado», explica. «Un profesor con vocación quiere una clase viva, con dificultades. Ese es mi espíritu y todo ha supuesto un estímulo para mejorar», añade Pétriz.

"Estoy en deuda con la institución"

Ahora le va a resultar «extraño» cambiar de rutina y vivir una vida más tranquila, sin obligaciones. «Estoy seguro de que quieto no voy a estar, va con mi forma de ser», cuenta. «Tengo que reconocer que pasaré más tiempo en Aragüés del Puerto, que es mi pueblo, y en Sangüesa, que es el de mi mujer. Esa vida tranquila me hace muy feliz y también la disfruto mucho», reconoce.

Eso sí, una vida laboral tan intensa no se olvida de un plumazo. «Reforzaré mis colaboraciones e iniciaré otras de compromiso social», cuenta. Y, por encima de todo, siempre estará la Universidad de Zaragoza. «Estoy muy en deuda con la institución. En ella me formé, enseñé y conseguí todo como profesor. Es mi vida. Estoy tan agradecido y orgulloso de haber pertenecido a ella que para todo lo que me necesiten aquí estoy. A cualquier llamada o colaboración acudiré con rapidez», afirma. «Incluso si estoy en Aragüés del Puerto bajaré a Zaragoza, pero luego me volveré a subir ¿eh?», confiesa entre risas.