Mamadou llegó como un adolescente a España el 15 de junio de 2018, fecha que tiene marcada en la memoria. Fue tras un revirado viaje en patera cuando desembarcó en La Línea de la Concepción. Partió desde Gambia, país en el que vivía con su tía tras haber fallecido su madre en Guinea Bissau cuando tenía 7 años. Tenía claro el motivo de su viaje: «Mi objetivo era ir al instituto y estudiar. Algo en mi conciencia me decía que viniera a Zaragoza, y aquí lo he conseguido».

Con la ayuda de la Fundación Federico Ozanam se matriculó en cuarto de la ESO en el IES Pilar Lorengar. «Lo saqué todo de una. Daba clases particulares por las tardes para mejorar con el idioma», recuerda el joven. Con 19 años, un español fluido [Gambia es un país anglófono], la ESO terminada con una beca por rendimiento académico y un grado medio en comercio y márketing, Mamadou aún tuvo que sufrir el último escollo de la ley de extranjería, cuya reforma para facilitar el acceso al mercado laboral de estos jóvenes fue aprobada el pasado martes por el Consejo de Gobierno.

El chico había realizado prácticas en tres empresas, Ikea, Inditex y Grupo Carreras, y en las tres habían quedado encantados con su desempeño laboral. Tanto era así que todas le pusieron un contrato encima de la mesa, pero a ninguno de ellos pudo acceder por cuestiones administrativas. Todo iba sobre ruedas hasta el momento de estampar la firma, cuando presentaba la documentación. Al haber llegado como un menor extranjero no acompañado (mena), la única posibilidad de firmar un contrato residía en que este tuviera 40 horas semanales y una duración de un año . «Las empresas no podían ofrecerme esas condiciones siendo mi primer empleo», cuenta Mamadou, con la evidencia del panorama nacional para la juventud presente en la cabeza. «Con el nivel de integración que hemos conseguido, con tanto esfuerzo por estudiar... saber que no puedes trabajar duele mucho», lamenta el joven.

Con una claridad expositiva impropia de un casi veinteañero, Mamadou explica que le hiere la mala prensa que lleva el término mena. «Hay gente que no entiende que somos muy jóvenes que venimos a formarnos, trabajar y sacar nuestra vida adelante. Queremos aportar y contribuir en la comunidad, porque esta es nuestra comunidad», asegura. «Hay veces que no me gusta que me vean como a un mena. En muchos casos la gente te trata con pena, te pregunta por qué has venido y no lo entienden. Cada uno de nosotros tiene su propia historia. Si un chico menor de edad deja a su familia y arriesga su vida para venir a España es por un motivo. No se puede juzgar a una persona por su pasado. Siempre lo digo: lo que importa es lo que hagas ahora, no el pasado», sentencia el joven.

La vida de Mohamed, aspirante a mecánico aeronáutico

No es un pensamiento que resida solo en su cabeza. Mohamed, por su parte, tiene 20 años y vive con Mamadou en lo que se vendría llamando de toda la vida un piso de estudiantes. Nació en Marruecos y también recuerda la fecha exacta de su llegada a Tarifa, el 27 de julio de 2019, «el peor y más feliz día de mi vida».

A él se le nota el brillo en los ojos cuando habla de sus pasiones. La primera, lo que estudia: un grado medio en electromecánica. Cuando lo acabe este año, escalará otro peldaño de su escalera particular: quiere formarse en aeronáutica. «Siempre quise ser mecánico y mis notas son muy buenas», dice orgulloso, sacando su móvil de inmediato por si alguien no se fiara. «Mira, mira, todo notables».

Por lo demás, él es muy claro. «Yo vengo aquí a trabajar. Quiero ser una persona como los demás. Nos hemos metido en el mar, hemos dejado a nuestros padres, lo hemos dejado todo solo para venir aquí y trabajar», asevera. En el momento de la entrevista, Mohamed se había enterado hacía muy pocas horas de la noticia de la reforma de la ley de extranjería. «Hace unos meses yo quería trabajar por la tarde, porque por la mañana estudiaba. Me ofrecieron empleo en un taller, pero no podía porque era un contrato de media jornada y por la documentación no me dejaban», critica el joven, que se quedó con las ganas.

Al término del encuentro, ambos compañeros de piso y experiencias se van juntos a un lugar común para quienes acaban de obtener la mayoría de edad: la autoescuela. Con el carné de conducir y el acceso al mercado laboral subirán un peldaño más hacia la integración que tanto ansían.