La familia de Joan Manuel Serrat ha mostrado su deseo de someterse a la prueba del ADN con el fin de tratar de identificar los restos de los abuelos maternos del cantautor catalán, que fueron fusilados en Belchite al comienzo de la guerra civil por el bando sublevado y yacen en una fosa común que se está excavando para localizar los esqueletos. El antepasado del cantante era secretario del consistorio, gobernado por los socialistas.

«Será un miembro de su familia, no será Serrat en persona quien realice la prueba», manifestó José Navarro, mánager del cantante, que indicó que se han establecido contactos con la Consejería de Cultura del Gobierno de Aragón.

Joan Manuel Serrat es una de las 50 personas que, aproximadamente, se han mostrado dispuestas a aportar datos para el test genealógico, según informa la asociación Mariano Castillo Carrasco, que impulsa, con ayuda de la Dirección General de Patrimonio Cultural, la exhumación de las fosas de Belchite.

De hecho, el próximo lunes se desplazará a la localidad un laboratorio, de la empresa de análisis clínicos Citogén, para realizar la extracción de muestras de descendientes de las víctimas de la fosa de la guerra civil.

Desde Francia y Australia

Los interesados desean facilitar todos los elementos necesarios para poder identificar a los represaliados, en torno a 400 personas que fueron fusiladas, en su mayoría, al comienzo del conflicto.

A quienes no se puedan personar ante los técnicos se les enviará un equipo para que depositen saliva y la remitan al laboratorio que realizará la prueba del ADN, según informaron fuentes del Gobierno de Aragón.

Los datos que se obtengan habrá que cotejarlos con los que arrojen los restos óseos que van apareciendo en la excavación, que comenzó el pasado 30 de septiembre y va aumentando progresivamente su perímetros a medida que se desentierran nuevos esqueletos o fragmentos de la osamenta.

Restos óseos en la excavación desarrollada en Belchite. ANDREEA VORNICU

La excavación cuenta con apoyo oficial del Gobierno autonómico y sus promotores están recibiendo peticiones de familiares de las víctimas a través de varios cauces, desde el correo electrónico al teléfono, pasando por Facebook.

Fuentes de la entidad han señalado que las personas que se ofrecen para la realización de pruebas de identificación residen en su mayoría en Belchite y los pueblos de su entorno. Pero algunas de ellas se han puesto en contacto con la promotora de la exhumación desde Francia y, en un caso, desde la ciudad de Melbourne, en Australia, lo que da una idea del interés que ha despertado.

«Cada día que pasa se ponen en contacto con nosotros, por distintos medios, personas que desean participar en la identificación», señaló ayer José Vidal, concejal socialista de Belchite y responsable de la entidad Mariano Castillo Carrasco.

 “Una liberación”

 «Se trata por lo general de nietos de los represaliados que, aunque no conocieron a sus antepasados, se emocionan cuando cuentan la historia», continuó Vidal. «Para ellos es como una liberación», agregó.

En Belchite se ha mantenido vivo, a lo largo del tiempo, un relato oral de las atrocidades que sufrieron sus habitantes en la guerra civil, pero los esfuerzos para encontrar los restos de los fusilados no han empezado hasta 2021.

El miedo a despertar viejos rencores, nunca extinguidos del todo en una pequeña localidad rural, explica este retraso, según han manifestado vecinos comprometidos en la búsqueda de las fosas.

Al contrario de lo sucedido con la conocida como Batalla de Belchite en 1937, un episodio de la guerra civil ampliamente difundido por el bando sublevado, los fusilamientos masivos previos a ese hecho no se dieron a conocer hasta mucho tiempo después