En 'Recuerdos Compartidos, Memorias de un niño nacido en los cincuenta', Rafael Castillejo, en su último capítulo desgrana el espíritu de aquella Navidad de la Zaragoza de los 50 y 60 en la que, nada más terminar la fiesta del 8 de diciembre, la Inmaculada Concepción de María y Día de la Madre entonces, comenzaban en los colegios los ensayos de los villancicos para celebrar la próxima Navidad con ayuda de un tocadiscos.

Una Navidad, relata el libro editado por EL PERIÓDICO DE ARAGÓN, que recuerda cómo los diferentes gremios de la ciudad pedían, incluso puerta por puerta, el aguinaldo. Rafael Castillejo asegura que pedía aguinaldo hasta el gato: carteros, vigilantes, basureros... Hasta a los guardias urbanos se les dejaba a sus pies botellas de sidra e incluso animales vivos como pollos, cabritillos o cochinillos.

Escaparate de los Almacenes SEPU iluminados en Navidad

Una de las figuras habituales durante esas Navidades era el pavero. Se instalaban cerca del Mercado Central provenientes de las zonas rurales más cercanas. Porque el pavo, junto con el turrón, no podía faltar en ninguna cena de Nochebuena, aunque también solía sustituirse por el pollo o la gallina.

Curiosos eran también los anuncios de entonces de los turrones, chocolates bebidas y juguetes. Como recoge el libro 'Días de frío y guirlache. Anteayer navideño zaragozano', también editado por EL PERIÓDICO DE ARAGÓN, y que junto al anterior pueden adquirirse en la tienda de este diario.

Quién no escuchaba el programa de Radio Zaragoza 'Pinzón', patrocinado por la juguetería Bazar X, y su pajarito que se chivaba a los Reyes los anhelos y deseos de los más pequeños.

El Belén municipal

O quién no visitaba el Belén municipal, aunque curioso es resaltar que hasta mediados de los 50 no se iluminó por primera vez la Calle Alfonso y que hasta 1960, con el alcalde Gómez Laguna, no se instaló el primer Belén, y se ubicó en el actual paseo Independencia. Y que en 1967, pasaría de plaza de España a la plaza del Pilar, con Cesáreo Alierta de alcalde.

En 1973, con el alcalde Mariano Horno, se adquieren siete siete estatuas casi tamaño natural y que serán el germen del Belén actual.