Juventud y precariedad. Precariedad y juventud. Hace años que ambas van de la mano, creando un pensamiento generacional basado en la incertidumbre, en la inseguridad. Diego Roldán, zaragozano de 22 años, encadena un trabajo tras otro a través de una empresa de trabajo temporal (ETT). «No puedo estar trabajando 40 horas semanales porque estoy en la universidad [ingeniería], pero algo de 14 sí. O fines de semana... Un contrato indefinido me daría estabilidad, comodidad, aire», explica Roldán.

Comercios, supermercados o logística son algunos de los trabajos más habituales en casos como el de Diego. Este año ha encadenado seis contratos distintos, como en la preparación de una apertura de una nueva tienda en Puerto Venecia, que le duró una semana. «Han sido menos que otros años. Si me pongo, puedo rellenar 16 o 17 días trabajados cada mes», apunta el joven, que añade que el dinero ganado «me salva el mes».

«Un contrato de 20 horas pero indefinido me daría estabilidad, comodidad, aire»

Vive emancipado y se costea los gastos de estudios, aunque cuenta con una manutención de sus padres. Pero tiene claro cuál es su estado. «Mi situación laboral es precaria. Es solo que ya me he hecho a ello... He tenido compañeros que solo trabajan en la ETT, gente que lo necesita y tiene que ir rulando de trabajo para vivir», incide Roldán, que advierte la fuerte presencia de latinoamericanos bajo el yugo de la precariedad. Además, cree que sale más rentable para una empresa contratar esa personal como él en situaciones extraordinarias, como hacer frente a un exceso de mercancía, que contratar gente para ello.

La temporalidad, pues, fomenta una baja duración de los empleos y una escasa profesionalización en estos sectores. «De cara al futuro no me planteo mantenerme trabajando así. Quiero dejarlo cuando acabe la carrera. Con todo el respeto del mundo, no me gustaría estar en curros como estos toda mi vida», asevera el joven.

Y sin embargo, Roldán considera que el cambio de trabajos le ha aportado beneficios. Piensa que se ha «curtido» y que «he visto mundo», que trabajar en tantos sitios le ayuda a «comprender». 

Joaquín Mur, junto a un remonte en una estación de esquí aragonesa. El Periódico

«Casi la mitad de la plantilla del sector de la nieve tiene contratos eventuales»

Uno de los sectores por excelencia de la temporalidad es el turismo. Y en Aragón, al hablar de turismo, se habla de nieve. Del esquí. Con más de 25 años trabajando en las pistas aragonesas, tanto en mantenimiento como en remontes o conduciendo vehículos, Joaquín Mur perteneció a los comités de empresa en Aramón que trataron de frenar la normativa impulsada por el PP en 2012 y sus afecciones sobre los empleados de la nieve.

«La reforma laboral favoreció de una manera un poco justificada este modo de entender el mercado laboral, pero por otro favoreció el abuso de la temporalidad», asevera Mur. Según explica, con este modelo se crea una «turnicidad» del personal de las estaciones, que al cumplir los dos años con contratos eventuales nunca pasaban a obtener contratos de fijo discontinuo, es decir, indefinidos. 

«Los trabajadores nos transmitían una total inseguridad y un tremendo disgusto porque desde la empresa se les transmitía que eran eventuales. Cuando llegaba la tercera temporada, en la que debía hacérseles contratos de fijo discontinuo, se iban a la calle. Y además se les comunicaba en fechas muy próximas al inicio de la temporada, lo que alteraba sus planes», denuncia Mur.

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En este sentido, este trabajador critica es la creación de «bolsas de empleo precarias» gracias a los contratos eventuales, lo que impide contar con una estructura laboral que «vertebre el territorio y ayude a fijar población». De hecho, la carestía de la vida en las zonas donde se desarrolla esta actividad también incide en la precariedad laboral. Según Mur, esta realidad de los empleados eventuales en las estaciones de esquí se extiende a «casi media plantilla de Aramón», un problema «que sigue existiendo a día de hoy».

Además, Mur critica que el personal eventual tiene poco peso para reivindicar sus derechos laborales. «Se les contrata en precario con los categorías salariales más bajas. Es algo coercitivo, porque no pueden hacer fuerza», concluye Mur.