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PEDERASTIA EN LA IGLESIA

Las asociaciones de víctimas de abusos no se fían de la investigación eclesial

"Es como meter la zorra en un gallinero", afirma la responsable de la organización Infancia Robada. "Buscamos reconocimiento y reparación del daño causado", subraya

Ana Cuevas es miembro de la asociación Infancia Robada.

Ana Cuevas es miembro de la asociación Infancia Robada. / SERVICIO ESPECIAL

Zaragoza

Las asociaciones de víctimas de abusos sexuales cometidos por miembros del clero desconfían de la investigación que la propia Iglesia católica ha encargado al bufete de abogados Cremades & Calvo Sotelo. «En principio está bien que se hagan pesquisas, pero creemos que esta idea de la Conferencia Episcopal es como meter la zorra en el gallinero», critica Ana Cuevas, que es miembro de la entidad Infancia Robada, constituida para defender los derechos de las personas que sufrieron abusos.

«La Iglesia no puede ser juez y parte», subraya Cuevas, que denuncia que el despacho legal contratado «está muy vinculado al Opus Dei». "Mi hijo sufrió abusos en un colegio dependiente de la Obra entre los años 2008 y 2010", denuncia. El autor de los hechos, continúa, "fue condenado en sentencia firme como autor de un delito de abusos sexuales continuados".

"El despacho elegido no solo está vinculado al Opus Dei, lo que le inhabilita para la tarea que le han encomendado, sino que además carece de experiencia en el campo de los delitos sexuales contra menores", subraya.

Un despacho sin experiencia

"Si realmente la Conferencia Episcopal española hubiera querido investigar con transparencia estos hechos que tanto daño han hecho en miles de niños católicos, habría acudido a despachos de abogados, psicólogos, psiquiatras con una experiencia notable", considera. "Además, incluso en sus propias filas podrían haber acudido a sacerdotes que llevan ya muchos años inmersos en atender a las víctimas, con tesis doctorales y que conocen bien estos casos".

La responsable de Infancia Robada piensa no obstante que nunca está de más que la propia Iglesia investigue los hechos denunciados. «Pero creo que el enfoque de las autoridades eclesiásticas no es el correcto, pues lo que nosotros buscamos es verdad, justicia y reparación, por ese orden", afirma. "Queremos que se averigüe la verdad de los abusos sexuales, se asuma el daño causado, se pida perdón y se ofrezca reparación a las víctimas», afirma Cuevas.

"No es justo que las víctimas de otros hechos delictivos y accidentes reciban una reparación y no se aplique el mismo criterio con las personas que vivieron el horror de los abusos sexuales en su infancia y adolescencia", explica Cuevas.

Desde su punto de vista, un bufete de abogados, por prestigioso que sea, no es el organismo adecuado para profundizar en el drama vivido por los que sufrieron agresiones a su intimidad sexual. Ella tendría más confianza en "grupos de expertos formados por especialistas en varias disciplinas".

«¿Quién se cree que los encubridores vayan a denunciar sus propios abusos?», se pregunta Mikel. «Es una mera maniobra de despiste y una pantalla de humo», afirma

«Hay personas con experiencia y muy cualificadas, mucho más capacitadas para llevar a cabo esta búsqueda de información, desde abogados, desde luego, a religiosos, psiquiatras y todo tipo de educadores», explica. «Ese es el perfil», recalca. «Lo demás es como si dieran un bofetada más a nuestra lucha por la verdad», añade.

Abusos en la enfermería

«Tengo cero confianza en esta medida de contratar los servicios de un bufete de abogados que ha tomado la Iglesia», opina Mikel, que está al frente de la Asociación de Víctimas de Abusos de Navarra.

«¿Quién se cree que los encubridores vayan a denunciar sus propios abusos?», se pregunta. «Es una mera maniobra de despiste y una pantalla de humo», afirma Mikel.

Su caso personal se remonta a comienzos de los años 80, cuando estudiaba en un colegio religioso y asegura que sufrió abusos de un padre que se ocupaba de la enfermería. «Nos medicaba y nos daba cualquier cosa» para actuar impunemente, manifiesta.

Valiéndose de su condición de enfermero, mantiene Mikel, el presunto autor de las agresiones sexuales abusó de él y de varios compañeros, «aunque algunos todavía no han dado el paso de denunciar».

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