El conflicto en las carreteras no acaba de despejarse. A pesar del acuerdo alcanzado por el Gobierno de España con la mayor parte de las organizaciones del transporte para rebajar el precio del combustible y articular medidas que atajen la precarización que arrastra este mercado, los convocantes del paro se mantienen en sus trece, lo que amenaza con provocar un colapso del país y elevar las pérdidas millonarias que ya se han provocado en otras actividades.

Tradime, la asociación mayoritaria entre las pymes y los autónomos que se dedican al camión en Aragón, ha decidido mantener también la movilización iniciada el 14 de marzo. De esta manera, sigue los pasos de la Plataforma en Defensa del Sector del Transporte, promotora de la protesta a nivel nacional, cuyos líderes ya acordaron el pasado viernes continuar dando la batalla al no dar por complacidas sus reivindicaciones. No obstante, está por ver si perderá apoyos tras los compromisos adquiridos por el Estado para bonificar el gasoil y ante el desgaste de una protesta que cumple dos semanas en activo.

La Asociación Empresarial de Transportes Discrecionales de Mercancías de Aragón (Tradime), que cuenta con 700 socios que suman 2.000 camiones, ha tomado la decisión en una ajustada votación que se ha llevado a cabo en una asamblea extraordinaria de socios celebrada este sábado. En la reunión han participado casi 200 personas y por apenas «seis o siete votos» ha ganado la opción de proseguir con el paro, que esta organización lleva a cabo desde hace 14 días pero de manera independiente al convocado por la Plataforma.

 «Más concreción»

José Antonio Moliner, presidente de la asociación, ha asegurado que una parte de los socios «no ve concreción en las medidas» y, en especial, en que el descuento de 20 céntimos de euro por litro de carburante anunciado por el Gobierno «vaya a ser real». «No es una tarificación fija en porcentaje a como sube el combustible y no lo ven claro, por lo que prefieren esperar un poco a ver si hay más negociación», apunta.

La intención de Tradime es volver a convocar una nueva asamblea la próxima semana, aunque todavía no tiene fecha a la espera de que haya noticias o «más concreción» en las medidas comprometidas por el Ministerio de Transportes. «Hasta ahora son líneas», señala Moliner, pero no se especifica «ni cómo ni de qué manera» se van a materializar. «La gente está muy escamada y ya que han parado dos semanas prefieren aguantar un poco más a ver si se concreta y tenemos por lo menos el borrador de lo que se vaya a aprobar», concluye.

 Bajo apoyo, fuerte impacto

A pesar de continuar la convocatoria de paro, el seguimiento de la misma está siendo muy desigual entre los socios de Tradime y, en general, los transportistas autónomos de Aragón. Aunque la protesta se ha hecho muy visible en Zaragoza con las marchas lentas de camiones que han recorrido la ciudad y sus alrededores, lo cierto es que esta es una de las comunidades donde la movilización ha tenido menos incidencia y también en la que ha sido más pacífica.

De hecho, no han llegado a producirse bloqueos en los accesos a plataformas logísticas, como sí ha ocurrido en Andalucía, Asturias o Galicia o los puertos marítimos de Barcelona o Valencia. Aquí tan solo se ha registrado casos aislados de roturas de ruedas y algún lanzamiento de piedras contra vehículos.

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Este menor seguimiento se debe en parte al menor peso que tienen los autónomos en el conjunto del sector en comparación con otros territorios. Sin embargo, los efectos del conflicto si son muy perceptibles y están poniendo en apuros al sector primario, la industria agroalimentaria o la distribución alimentaria de la comunidad debido a los problemas para traer materias primas y mercancías provenientes de otros puntos de España o de los puertos, así como por los dificultades para distribuir los productos por el territorio nacional.

La continuidad del paro del transporte incrementa por tanto el riesgo de que se produzca un desabastecimiento generalizado. La protesta supone así un motivo más de incertidumbre para el tejido productivo y empresarial de Aragón, que afronta una tormenta perfecta por la concatenación de una serie de amenazas y problemas que se retroalimentan, como la guerra de Ucrania, la crisis energética y material y la espiral inflacionista.