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El Periódico de Aragón

ECONOMÍA ARAGONESA

Los efectos de la reforma laboral: el reto de reinventarse

Algunos trabajadores buscan otras salidas dentro del mercado laboral, pero otros no tienen tanta suerte / El paro prolongado puede terminar en marginción

Ángel Isidro Nerín está en la calle, sin trabajo pese a sus esfuerzos por encontrarlo. JAIME GALINDO

El paro no es una condena a perpetuidad, se tenga la edad que se tenga. Existen formas de salir del pozo en el que se cae cuando uno pierde el trabajo. Siempre hay entidades que echan una mano en situaciones de apuro. Como UGT Aragón, que ha rescatado del desempleo a Julio Longares, un fotógrafo zaragozano de 47 años que, hasta la crisis del coronavirus, se dedicaba a hacer reportajes fotográficos de bodas, bautizos y cualquier tipo de acontecimiento social que se presentara.

«Tenía un negocio de fotografía a medias con otra persona y todo empezó a ir mal con las restricciones de la pandemia», explica Julio. «Me di cuenta de que mi socio me había engañado y me vi en la calle sin formación y sin un título que me ayudara a buscar otras salidas», reconoce el fotógrafo.

Estuvo un tiempo en una fábrica de test de antígenos, «pero la producción cayó en picado al retroceder la covid-19 y me vi sin trabajo de nuevo». Fue entonces cuando se enteró de que UGT Aragón ofrecía un servicio de orientación y acudió de inmediato. «Pensaba que no valía para nada a esta edad, pero ahora, gracias a los cursos del sindicato, me estoy reciclando», continúa Julio, que en su nueva etapa encamina sus pasos hacia el márquetin y la enseñanza de las técnicas de la fotografía.

Julio es fotógrafo y ha buscado asesoramiento para reorientar su vida profesional. SERVICIO ESPECIAL

«De creer que el mundo se me iba a comer he pasado a pensar que me puedo comer el mundo, que se pueden compaginar dos cosas y diversificarse para tener más oportunidades», asegura el fotógrafo.

El desempleo, un círculo vicioso

A veces, sin embargo, el paro prolongado puede desembocar en una pobreza extrema, sobre todo cuando fallan las redes de seguridad tanto de la familia como de la sociedad y las instituciones. Este es el caso de Francisco García, que todos los días, a la una del mediodía, hace cola ante el comedor social de la parroquia del Carmen, en Zaragoza.

«Yo he sido pescador y pintor, pero, ahora, con 65 años, a punto de jubilarme, llevo años sin trabajar», lamenta García, que se queja de que los Servicios Sociales no le han hecho caso y se ve sin recursos pese a que padece una discapacidad por problemas de movilidad.

No ha accedido de momento a una pensión por jubilación, pero sí cobra más de 400 euros mensuales del Inaem, explica. «Lo malo es que en julio se me acaba esa paga», afirma. Y, a partir de entonces, no sabe qué será de él. «De joven faené en la flota pesquera de varias comunidades, en Cataluña, en el País Vasco, en Andalucía…»

Pero aquel duro trabajo se acabó y terminó dedicándose a pintor. Mal que bien fue tirando con ese oficio, pero llegó un momento en el que, por sus problemas de movilidad, tuvo que dejarlo. Comenzó entonces para él una odisea que lo llevó a la cárcel. Ha estado en la de Zuera, en la de La Roca, en Can Brians, en la antiguo Modelo de Barcelona…

Francisco García está a punto de jubilarse y lleva ya años en el paro. JAIME GALINDO

"Si tuviera un coche, estaría trabajando"

«He pasado mucho tiempo en las cárceles por pequeños hurtos que cometía en los supermercados para poder comer», confiesa. El hurto es «un delito leve», pero él iba encadenando detenciones y estancias entre rejas.

Ángel Isidro Nerín Laborda, de 59 años, también va a diario a la cola de la parroquia del Carmen. «Yo estoy en la calle, sin nada», reconoce. Nacido en Ponzano, en el Somontano oscense, vivió muchos años en Monegros y ha trabajado de jornalero y albañil tras vender una finca y una casa de su propiedad.

Al quedarse sin trabajo, buscó colocación en las zonas fruteras de Aragón. Pero, pasado el tiempo y metido en la cincuentena, se dio cuenta de que no era el trabajador que requerían los empresarios. «Ya no busco nada porque no hay nada», dice dolido. «Llevo así, sin trabajar, unos seis o siete años», afirma. Para él el problema no es la edad, sino la falta de medios económicos, lo que le mantiene apartado del mercado laboral.

«Si tuviera coche, estaría trabajando, seguro, pero eso es algo imposible para mí», declara Nerín, cuyos ingresos sociales dan lo suficiente para subsistir pero no para intentar salir del círculo de pobreza en el que ha caído pese a sus esfuerzos. 

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