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El Periódico de Aragón

Las turbulencias económicas

La hucha de los aragoneses crece en 4.100 millones durante la pandemia

Las cuentas bancarias rozan los 40.000 millones, una cifra récord un 11% mayor que hace dos años | El exceso de ahorro generado a la fuerza supone un colchón para paliar el fuerte impacto de la inflación

Dos personas sacando dinero esta semana en cajeros automáticos de Ibercaja situados en el centro de la ciudad de Zaragoza. MIGUEL ANGEL GRACIA

Los aragoneses tienen más de 4.100 millones de euros más en sus cuentas bancarias que antes de la pandemia. Es una de las principales bazas con que cuentan los consumidores para afrontar el periodo de vacas flacas al que camina la economía como consecuencia de la guerra que estalló hace dos meses a las puertas de la Unión Europea, con la invasión de Ucrania por parte de Rusia. El conflicto bélico ha agravado la crisis energética, la carestía de materias primas y las tensiones de las cadenas logísticas, problemas que ya se venían gestando en el últimos año y que ha dejado la inflación por las nubes.

Las familias se están viendo directamente perjudicadas en sus bolsillos por este contexto de turbulencias en el que no se vislumbra un claro desenlace. Uno de los pocos consuelos que les quedan son que sus huchas, al menos, se encuentran más rebosantes que antes de que el coronavirus lo pusieron todo patas arriba, aunque esto haya sido a la fuerza.

¿Y ahora qué? Este diario ha consultado a varios economistas y expertos en finanzas personales para conocer su visión sobre cuáles pueden ser los escenarios que pueden darse en los próximos meses en la evolución de la inflación, el consumo y el ahorro, así como recabar sus recomendaciones sobre qué hacer con el dinero en este contexto. El Índice de Precios al Consumo (IPC) ha subido un 8,4% en los últimos doce meses. Esto hace que los hogares tengan menos poder adquisitivo y paguen más por hacer la compra.

Los depósitos bancarios de las familias, empresas e administraciones de la comunidad autónoma contaban al cierre de 2021 con 39.896 millones de euros, la cifra más alta de la serie histórica que recoge la estadística del Banco de España. Supone un incremento del 11% respecto al dinero que había al finalizar el año 2019 (35.712 millones). En concreto, 4.184 millones más en dos años. Este extraordinario salto del ahorro se explica por la situación de excepcionalidad vivida como consecuencia de la pandemia y las restricciones sanitarias aplicadas en este tiempo para el mitigar la transmisión del virus. El confinamientos, las limitaciones de movilidad y la suspensión de actividades forzó un desplome sin precedentes del consumo, sobre todo en hostelería, ocio, cultura o turismo.

Solo en el segundo trimestre de 2020, cuando se produjo el gran encierro domicilio al estallar la pandemia, el saldo de las cuentas bancarias se disparó en 2.749 millones de euros, el 65% de exceso de ahorro que se ha generado en estos dos años.

Compra de vivienda

La fuerte generación de ahorro por parte de los hogares se debió a que los «ingresos cayeron pero lo hicieron mucho menos que el consumo», según Santiago Martínez Morando, jefe de Análisis Económico y Financiero de Ibercaja. «Lo que hemos visto hasta la fecha es que parte de ese ahorro se ha canalizado hacia la inversión en vivienda en un contexto en el que, a diferencia de lo ocurrido tras la burbuja inmobiliaria, la demanda de viviendas se ha recuperado muy rápido y los precios han vuelto a subir».

A su juicio, esta tendencia podría continuar, aunque «quizá haya cierto agotamiento de la demanda tras la espectacular expansión del año pasado».

Por desgracia, Martínez Morando cree que otra parte de esas reservas que tanto costó generar está teniendo que ser dedicada a afrontar la subida de los costes de la electricidad, el gas, los carburantes y los alimentos, «bienes de primera necesidad y difícil sustitución».

Oportunidades

En cuanto a la inversión financiera, el economista de Ibercaja recuerda que se viene de un ciclo en el que la rentabilidad de los activos considerados de menor riesgo (deuda pública sobre todo de países como Alemania o Estados Unidos) era negativa, «sobre todo en términos reales». «Esto llevaba a pérdidas de poder adquisitivo de los ahorros, y también elevaba la propensión hacia las inversiones más arriesgadas», añade, algo que preocupaba a los bancos centrales por su «efecto distorsionador».

En lo que va de 2022 se observa un aumento de los tipos de interés a corto y a largo plazo. «Podría tratarse del inicio de un nuevo ciclo, pero en el actual contexto de elevada incertidumbre aún no sabemos cuál será el equilibrio», asevera, al tiempo que se pregunta si los tipos de interés serán superiores a la inflación esperada a largo plazo.

Por otra parte, Martínez Morando subraya que en épocas convulsas como la actual «pueden surgir oportunidades de inversión atractivas», pero, advierte, «la volatilidad es elevada y esto puede implicar asumir pérdidas importantes». Ante este disyuntiva, considera que lo más recomendable siempre es «recurrir al asesoramiento financiero personalizado, que atiende, además de a la coyuntura de los mercados, al perfil de riesgo de cada inversor».

Para José Manuel Puigcerver, profesor de Economía Internacional en EAE Business School, el ahorro extra generado en 2020 y 2021 es «positivo» porque a medio o largo plazo se debería convertir en inversión. Pero este viendo de cola choca con una inflación «infinitamente más alta de lo normal», rozando el 10%, la más alta en 40 años. «Es un fenómeno que creíamos que era cosa del pasado», apunta.

En este sentido, remarca que España tiene una serie de factores estructurales que hace que la evolución de los al alza de los precios sea más intensa que en otros países, sobre todo por la baja productividad: «necesitamos más recursos para producir lo mismo que otros». El nudo gordiano del problema lo sitúa en la energía y la dependencia exterior, una debilidad agravadas por otras circunstancias coyunturales como los cuellos de botella de la logística, que ahora se enfrena a nueva vuelta de tuerza con el atasco del puerto de Shanghai.

El economistas de la citada escuela de negocios también sostiene que la «demanda embalsada» que ha propiciado la pandemia hace que ahora exista una mayor capacidad de consumo, que es «otro de los factores que fomenta la inflación». Esto, unido al incremento de la inversión pública, «hace que recalienten los precios».

Así las cosas, Puigcerver ve difícil prever que va a ocurrir porque detecta «fuerzas en direcciones opuestas». Por un lado, cree que el ahorro podría seguir creciendo por la incertidumbre y el miedo a la guerra y, pero, por otro, la inflación puede animar a consumir si «el dinero va a tener menos valor mañana».

Los fondos de inversión crecen y se ofrecen para mitigar la inflación

Los depósitos bancarios siguen siendo el producto estrella para el ahorro de los hogares aragoneses y de toda España. Eso, a pesar de la ínfima o nula rentabilidad que ofrecen en la práctica mayoría de los casos. Los expertos financieros recomiendan los fondos de inversión para sacar más provecho al ahorro y evitar que se devalúe por el efecto de la alta inflación. Aragón tradicionalmente es una de las autonomías donde más peso tienen estos productos. Mientras en el conjunto de España, la inversión en fondos equivale al 21,7% del dinero depositado en la banca, este porcentaje se incrementa hasta el 40% en nuestra comunidad. «Es un dato significativo que da una idea de cómo el ahorrador aragonés canaliza sus excedentes y lo diferencia de forma positiva respecto a media nacional», asegura José Luis Manrique, director de estudios del Inverco, la asociación de las gestoras de fondos.

Al cierre de 2020, los aragoneses tenían 14.850 millones en fondos de inversión, un volumen que todo apunta a que ha superado los 16.000 en 2021, según estimaciones de Inverco que aún no cuenta con datos oficiales del año pasado. Este fue uno de los ejervicios «más brillantes» tanto por el incremento de la inversión com por la rentabilidad media conseguida, que fue del 6,3%, frente al 1% del primer año de pandemia.

Manrique recomienda buscar productos que se ajusten al perfil de riesgo de cada uno, invertir a un plazo medio o largo y contar con la ayuda de un asesor.

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