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LOS EFECTOS DE LAS HELADAS

El campo aragonés se queda sin fruta de hueso

Aragón pierde entre un 65 y un 90% de la cosecha dependiendo de la variedad de fruta / La producción en España se va a reducir en más de la mitad en los próximos meses

El granizo de la semana pasada en Calanda acabó con una cosecha de melocotón que ya estaba muy mermada. ÁNGEL DE CASTRO

Ni albaricoques, ni nectarinas, ni melocotones… La lista es larga y se podría seguir con la ciruela y los paraguayos. El panorama es desolador para los agricultores aragoneses y es que, este año, no se ha salvado nada. Aragón se enfrenta a una de las peores temporadas, si no la peor, en cuanto a fruta de hueso se refiere. Agustín Sánchez, secretario general de Fedefruta Aragón, cuantifica la pérdida de la cosecha entre un 65 y un 90% en función de la variedad. Estos números asustan todavía más si se tiene en cuenta que el 85% de la fruta de hueso que se produce en España se reparte entre Aragón y Cataluña. Ambas comunidades sufrieron los efectos de «una helada sin precedentes» durante los primeros días de abril, «en pleno periodo de formación de la fruta».

Por producto, se ha perdido un 90% de albaricoque en sus principales fuentes de vívere: Calatayud, Fraga y el Valdejalón. La ciruela y la nectarina no se quedan muy atrás, con un 80 y 75% de pérdida, respectivamente. De cereza, ha habido «una media cosecha muy corta», y el melocotón, que es de lo que más se había salvado con aproximadamente un 60%, ha terminado por desaparecer en algunas zonas como Calanda. Sánchez señala que la situación es «altamente preocupante» porque la producción de fruta va a experimentar un descenso «en torno al 50 y 60%» durante los próximos meses. Por lo tanto, en España esa producción «va a ser menos de la mitad de la media de los últimos cinco años» y, con menos oferta e igual demanda, volverán a subir los precios.

El campo tampoco ha escapado de la inflación y lleva asistiendo a «un incremento muy importante de los costes» desde el pasado mes de septiembre: «El esperado, el de la mano de obra, casi ha sido el menos significante en comparación con el de la energía, gasóleo y fitosanitarios». La solución pasa por «un rescate a la agricultura», al igual que se hizo en su día con la banca. «Es inminente que la Administración apoye a la producción con ayudas directas, se está poniendo en jaque a muchas explotaciones», añade Sánchez, que hace un llamamiento a extremar la vigilancia hacia cuestiones preocupantes como la estabilidad del mercado con ofertas a la baja o, como diría Sánchez, «cuidado con las especulaciones». Propone una reforma profunda del seguro agrario para que las empresas recuperen también los costes de producción ante fenómenos atmosféricos extraordinarios como las heladas de este año. Según el secretario general de Fedefruta Aragón, si no se adoptan medidas contundentes, muchas explotaciones no podrán asumir los costes derivados de la situación y se verán obligadas a cerrar a final de temporada porque, en algunos casos, «ya se trata del tercer ejercicio económico con pérdidas».

Los agricultores coinciden en ese aumento de los costes que, grosso modo, ronda el 30%. Carmelo Casas, gerente de Frucasa (Fraga) concreta una subida de, por ejemplo, el 15% en las cajas y un 30% en el campo (fertilizantes), por no hablar de la gasolina, «¡que ha sido del 100%, eh!». Sin embargo, los precios de venta son «los mismos que el año pasado», entre los 60 y 80 céntimos por kilo de melocotón y nectarina. Casas señala resignado que «la oferta y la demanda no está relacionada con el precio» desde los últimos cinco años: «Somos agricultores, no somos nuevos, ya sabemos que contamos con hielos, granizos o conejos».

Este agricultor ha perdido en torno al 50 y 80% de su cosecha de nectarina, melocotón y paraguayos, incluso en algunas fincas alcanza el 100%. Así, de una cosecha normal de ocho millones de kilos como la del año pasado, tan solo va a recoger dos millones. Con estos niveles de producción, se ha visto obligado a reducir su plantilla de trabajadores a un 20%, de 150 a 30.

Antonio García, gerente de Magalia Maella, coincide con Carmelo en que los costes se han disparado, «tranquilamente», un 30%, tanto en el almacén como en el campo. Los precios de salida de sus productos son «muy similares» a los del año pasado, a pesar de que cuenta, por ejemplo, con un 70% de pérdida en la cosecha de albaricoque. De las 400-450 toneladas que recogió el año pasado, este año se tendrá que conformar con 150. «Ni mi padre recordaba algo así». Así de bien lo resume Manuel Latorre, gerente en Frutas Latorre de La Almunia de Doña Godina (Zaragoza). Las heladas del 3, 4 y 5 de abril, cuando se alcanzaron mínimas de hasta siete grados bajo cero, arrasaron con su cosecha de albaricoque y nectarina. Del millón y medio de kilos de fruta de hueso que Manuel recoge en una campaña normal, este año recogería entre 10.000 y 20.000 kilos. Recogería, en condicional, porque no lo va a hacer, no le sale rentable. No le ha quedado otra que reducir su plantilla de 50 trabajadores a tan solo 3 y no es el único en el pueblo, es algo generalizado: «Entre las seis y las siete de la mañana, apenas pasan temporeros para ir al campo. No sé ni qué adjetivo poner, quizá dantesco». Esto repercute negativamente en la economía local de la localidad porque «los supermercado están vacíos», al igual que los talleres de reparación de vehículos, que «deberían estar a rebosar de camiones y tractores». Latorre finaliza resignado, impotente y con temor a lo que pueda venir: «Bastantes problemas hay en el mundo como para preocuparnos de los pobres campesinos. Este año vamos a capotearlo como podamos, pero al año que viene ya veremos». 

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