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El Periódico de Aragón

EFECTOS DEL CAMBIO CLIMÁTICO

La naturaleza se recupera despacio tras el incendio en la sierra de Luna en 2015

El fuego quemó casi 14.000 hectáreas de bosque, monte bajo y tierras de cultivo

La vegetación ha resurgido entre los campos de cereal de Asín, en las Cinco Villas, tras el incendio de 2015. SERVICIO ESPECIAL

En julio de 2015, de forma fulminante, un voraz incendio forestal destruyó 13.899 hectáreas de bosque, monte bajo y tierras de cultivo en el entorno de la sierra de Luna, en las Cinco Villas. El fuego asoló aquel territorio, pero siete años más tarde la naturaleza ya da muestras de estar recuperándose de forma espontánea y gracias a la política de repoblación llevada a cabo por las administraciones.

«Se han plantado muchísimos pinos de repoblación y el monte bajo se ha ido cubriendo de romeros, tomillos y aliagas», explica Juan Miguel Alastuey, alcalde pedáneo de Farasdués, un barrio de Ejea de los Caballeros.

Los nuevos pinos ya empiezan a hacerse visibles. «Algunos miden ya un metro o un metro y medio de altura, pero todavía tardarán mucho tiempo en igualarse con los que había antes y con los que quedaron en pie tras el incendio», indica Alastuey. Y lo mismo ocurrirá, añade, con las carrascas.

Pinos de crecimiento espontáneo cerca del barrio de Farasdués, en Ejea. SERVICIO ESPECIAL

El incendio, originado en unas tareas agrícolas, destruyó pinares que tenían un siglo de existencia. El propio abuelo del alcalde pedáneo plantó ejemplares, aunque ya no queda de ellos más que el recuerdo. El regidor recuerda perfectamente que vio las primeras llamas sobre las cinco de la tarde de un caluroso sábado de julio. «El viento soplaba a 50 o 60 kilómetros por hora», indica. Y al día siguiente, sobre las 10.30 de la mañana, el paisaje presentaba ya un aspecto desolador.

"Salen pinos a montones"

«Se me ha quedado grabado que ese día el viento era tan fuerte que, cuando íbamos por la zona del incendio, teníamos que abrir las puertas del vehículo todoterreno empujando con los pies, pues con las manos no había manera de salir», relata.

No muy lejos del barrio ejeano, en el pueblo de Asín, también es visible que la naturaleza se está regenerando. «Está volviendo la vegetación de forma natural y espontánea», apunta Rogelio Garcés, alcalde del núcleo cincovillés, que reconoce que las brigadas de forestales llevan años limpiando el monte.

Las carrascas vuelven a reverdecer el paisaje en el término de Farasdués.

Al igual que Alastuey, piensa que pasará mucho tiempo hasta que desaparezcan las cicatrices del incendio de 2015. «Se perdió mucha masa forestal, de hecho ardió el 70% del término municipal». «Están saliendo pinos a montones de forma natural», observa Garcés, que aún tiene en la memoria «otro incendio» que asoló su término en los años 80 y del que ya se ha recuperado tras cuatro décadas.

Más al norte, en Luesia, el fuego arrasó unas 800 hectáreas de bosque mediterráneo autóctono, explica su alcalde, Jaime Lacosta. «Estos últimos años han ido apareciendo coscojas y encinas y también pinos de forma natural, con lo que el paisaje empieza a recuperar su aspecto anterior», indica.

Lacosta considera que esa parte de su municipio es propensa al fuego, si bien, al mismo tiempo, ofrece una gran resistencia ante las llamas, pues se regenera de una manera muy rápida y sin necesidad de la intervención de la mano del hombre. 

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