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LA PLATAFORMA AGROALIMENTARIA

La nave logística de BonÀrea operará desde la próxima semana en Aragón

Comienzan a trabajar los primeros 60 empleados de los 4.000 que la firma aspira a contratar en Épila | La gasolinera podría estar lista para finales de año mientras Guissona cumple con su planificación

El exterior de la nave logística de la Plataforma Agroalimentaria de Épila, que tiene muy avanzados los primeros 30.000 metros cuadrados. ÁNGEL DE CASTRO

Pistoletazo de salida al macrocomplejo de BonÀrea en Épila, llamado a convertirse en la segunda mayor industria de Aragón cuando la instalación se complete en 2029. Desde la semana pasada ya se trabaja en un espacio de 15.000 metros cuadrados de la nave logística con el almacenamiento de productos frescos y en pocos días comenzarán las primeras operaciones de transporte. Algo que supondrá la creación de los primeros 60 empleos directos en un proyecto que aspira a crear 4.000 puestos de trabajo tras una inversión de 400 millones de euros.

Además, según fuentes de la compañía agroalimentaria catalana, la gasolinera podría estar finalizada y con capacidad para operar antes de final de año para dar trabajo a cinco personas. También está más que avanzada la potabilizadora y la nave de frutos secos, que también podría comenzar a operar en los próximos meses cuando se realicen trabajos de albañilería y adecuación del interior.

El Grupo Guissona cumple de momento su planificación, sin dejar que la crisis de materias primas y los sobrecostes afecten al ritmo de ejecución de las obras. Según se recoge en sus planes de obra, antes del próximo 31 de diciembre debería estar finiquitado el centro promocional (que incluirá un supermercado, un restaurante y la citada gasolinera), talleres de mantenimiento y una planta de alimentos para mascotas.

Las labores de logística comenzarán así en breve en fase de cross docking, un anglicismo que designa una forma de reparto en la que los camiones cargan directamente los alimentos desde un tráiler, sin necesidad de almacenamiento de la mercancía. De hecho, desde esta nave de 108.000 metros cuadrados (de momento solo se han construido 30.000) pretende BonÀrea iniciar una expansión comercial hacia el resto del país desde el este. El exterior del edificio está prácticamente terminado y tan solo una decena de operarios seguían trabajando en las cubiertas laterales y cenital.

Los trabajos para levantar el supermercado avanzan con firmeza. ÁNGEL DE CASTRO

Desde el grupo Guissona aseguran que en los plazos de las instalaciones «más o menos se mantienen los tiempos», algo que no consideran «un tema menor» debido a la magnitud del proyecto. Apuntan además que trabajarán con la modalidad de cross docking durante lo que queda de 2022, lo que dará trabajo a unas 35 personas (entre personal técnico, administrativo, de logística y limpieza), a la vez que requerirá una flota de transporte capilar de unos 25 transportistas.

Pero no será hasta 2023 el momento en el que la Plataforma Agroalimentaria de Épila comience a parecerse al gigante que será dentro de siete años. «Cuando estemos más afianzados implementaremos más procesos logísticos y se prevé crear otros 15 nuevos puestos de trabajo en esta actividad», explican las citadas fuentes de la compañía catalana.

BonÀrea pretende llevar a cabo esta conquista comercial desde un eje estratégico. El complejo se sitúa a orillas de la A-2 que une Madrid, Zaragoza y Barcelona y se sitúa a tan solo 40 kilómetros de la capital aragonesa, con el centro comercial en primera línea. Se ubica en el polígono industrial El Sabinar en una parcela de cerca de 180 hectáreas. De forma paralela a la nave logística, como si de un anaquel se tratara, se ubicarán plantas de productos no cárnicos –la planta de postres, líquidos, quesos, pan, frutos secos, frutas y verduras– tras ellas estarán las zonas de logística, una planta de elaborados, varios secaderos y la planta de cocinados. A continuación de estas instalaciones se ubicarán los mataderos de aves, ganado y rumiantes, así como, en el otro extremo del centro alimentario, una fábrica de piensos y una gran zona de servicios. También esta terminada ya la nave de talleres.

Avanza pues a buen ritmo, «sobre la planificación marcada», tal y como comenta Jesús Bazán, el alcalde de Épila, quien afirma que están a la espera de que lleguen más inversiones al polígono industrial de la villa de Valdejalón dada la atracción que una inversión como esta ejerce sobre otras grandes empresas interesadas en el eje logístico del valle del Ebro.

Cuando el macrocomplejo esté definitivamente terminado en 2029, albergará la segunda mayor plantilla de trabajadores de todo Aragón, con cerca de 4.000 empleos directos. Si se le agregan los puestos de trabajo indirecto la cifra se dispara hasta los 10.000. Tan solo Stellantis (la antigua General Motors) cuenta con más: 5.000. Hasta entonces, la plantilla crecerá de forma progresiva conforme vayan entrando en la rueda las distintas plantas.

En cualquier caso, más allá de atraer pobladores, una de las razones de ser de este proyecto pretendía formar a los habitantes de la comarca de Valdejalón para dotarles de los conocimientos aplicados para trabajar en el complejo. Esto fue y es reivindicado por los vecinos: que el impacto de la mastodóntica inversión tenga repercusiones positivas en el terreno local.

El proyecto de BonÀrea fue calificado por el Gobierno de Aragón como un Plan de Interés General de Aragón (PIGA) con el objetivo principal de ejecutar una reordenación urbanística pormenorizada del ámbito territorial al que afecta el complejo agroalimentario, cerca de 242 hectáreas. De hecho, medio año antes, la DGA_había destinado casi dos millones de euros a expropiaciones de suelo para facilitar la instalación del gigante agroalimentario.

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