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ATENCIÓN SANITARIA

Saturación en las Urgencias del hospital Miguel Servet de Zaragoza: "Esto es un no parar"

Personal del servicio y familiares de pacientes denuncian la carga de trabajo y las largas esperas / "Estamos extenuados", dice una profesional / "Mi madre tiene 89 años. Llegamos el lunes y nos han dicho que igual estamos aquí unos tres días", cuenta la hija de una enferma

Pacientes y familiares esperan a ser atendidos, este martes, en el hospital Miguel Servet de Zaragoza. EL PERIÓDICO

Son las 10.00 horas y una Técnico de Cuidados Auxiliares de Enfermería del servicio de Urgencias del hospital Miguel Servet toma un café rápido a las puertas del centro. Es su pequeño respiro tras una madrugada «intensa» en el interior, donde «prácticamente no levantamos cabeza», cuenta a este diario. Dentro «todo está lleno», asegura. «Las tres salas de observación están completas y se ha tenido que ocupar parte de la de vitales con pacientes en saturación porque no hay más espacio físico ni camas», explica.

Lo hace mientras en el entorno de la calle Gonzalo Calamita empieza a despertar el trajín de ambulancias y de familiares que llegan con pacientes. Metros más allá, en los pasillos de Urgencias, es como si la jornada del lunes todavía no hubiera terminado cuando la del martes ya encara el nuevo día. «He venido a las 8.00 horas y esto ya estaba a tope. Ahora hay 14 camas en situación de saturación, es decir, pendiente de ingreso. Hay muchos enfermos. Esto es un no parar. Ayer (por el lunes) teníamos a más de 60 pacientes en boxes», cuenta la técnico.

En los pasillos de Urgencias es como si la jornada del lunes todavía no hubiera terminado cuando la del martes ya encara el nuevo día.

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A la pregunta de cómo está el personal, la profesional respira y se toma unos segundos para hablar. «Llevamos más de 15 días con mucha afluencia. Estamos extenuados, pero vamos rotando y con el personal de plantilla del turno llegamos a cubrir, pero a costa de trabajar bajo mucha presión. Vamos muy justos. No hay un momento para el relax. De todos modos, está claro que con más gente todo iría mejor», señala.

Las urgencias, dice, «siempre son así», pero lo que está pasando este noviembre recuerda «a los peores tiempos» de antes de la pandemia. «Es como volver atrás. No solo hay gripe y virus respiratorios, llega de todo. También pacientes oncológicos, por ejemplo, cuya situación es más grave. Hacemos todo lo posible por llegar rápido y acelerar la atención, pero es que hay mucha gente», indica mientras apura su café. El tiempo apremia. Los compañeros y los pacientes la esperan.

Acceso restringido

Dentro, más de 30 personas están en la sala de espera. Son las 10.15 horas. Algunas son familiares y otras pacientes que aguardan ser llamados para ser atendidos, algunos en silla de ruedas. Una voz llama a uno de ellos, a través un interfono, para citarlo en una consulta.

En el lado opuesto a esta zona de espera se encuentran los boxes y, muy cerca, las salas de observación. El acceso aquí es limitado y restringido únicamente a los acompañantes de los enfermos, por lo que para acceder hay que mostrar la tarjeta de visita. Sin ella, no hay acceso. En este sentido, la seguridad tras el covid sigue.

Ya de nuevo fuera, Mónica (nombre ficticio) busca el poco sol que se deja ver en Zaragoza a estas horas y se enciende un cigarrillo. Tres días. Esa es la previsión de espera que le han dado para que su madre, de 89 años, consiga una cama de ingreso en el Miguel Servet. Lleva en urgencias desde las 17.30 horas del lunes. La primera noche la pasó en un box, pero este martes por la mañana «la trasladaron al pasillo», según cuenta.

La madre de Mónica, tapada con abrigos, ayer en Urgencias. | EL PERIÓDICO

La hija de una paciente: "Ya he pensado en poner una reclamación"

Su cara denota cansancio y preocupación. Ha dormido poco. «Había dos banquetas duras para los familiares de boxes. Sin respaldo. Ahí es inhumano pasar la noche. Me fui a casa a las 00.45 horas y he vuelto a las 7.30 horas», comenta.

"Creo en la sanidad pública y me da pena la situación. Sobre todo quiero ensalzar su labor, pero ver a mi madre ahí, pasándolo mal, también me duele", cuenta la hija de una paciente.

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«Solo me dicen que no hay camas. No sé si antes de tres días habrá una solución, si nos van a derivar a otro hospital o nos subirán a planta», asegura. Hora y pico después de que hable con este diario, la dirección del Servet comunica que ha abierto la planta sexta para acoger ingresos de pacientes de Urgencias. Su madre, que llegó aquejada de un «pequeño ictus» y de un problema renal, podría ser una de las beneficiadas.

Mónica no tiene queja alguna con el personal, «que se está portando de maravilla», dice. «Son cariñosos y cercanos, pero una vez ahí dentro te das cuenta de cómo están. Falta gente y eso les hace ir a tope. Acelerados», cuenta. De hecho, ella tuvo que pedir «varias veces» una manta para su madre porque estaba «helada de frío».

El material tardó en llegar y, mientras tanto, la cubrió con dos abrigos. «Creo en la sanidad pública y me da pena la situación. Sobre todo quiero ensalzar su labor, pero ver a mi madre ahí, pasándolo mal, también me duele. Sé que tienen problemas y que no es culpa de los profesionales, pero igual también hay falta de material», dice.

El pasar de las horas es lo que peor lleva esta zaragozana. «Es un poco desesperante porque ves que no llegan las noticias», señala. Solo le queda esperar. «No me queda otra, pero ya he pensado en poner una reclamación”, puntualiza.

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