El nuevo mapa ferroviario que se traza ahora sobre la piel de toro gira en torno a dos ciudades: Zaragoza y Madrid. Ambas persiguen convertirse, si es que no lo son ya, en el nodo logístico de España, la Roma de las vías ferroviarias con una clara apuesta por la conexión entre el Cantábrico y el Mediterráneo a través de ese corredor tan solicitado por el las autonomías orientales. Sin embargo, poco a poco el Noroeste se queda aíslado. Es el sentir de regiones como Galicia, Asturias o León, que ven cómo las inversiones en el ferroviario no terminan de llegar a su territorio.

"Es evidente que la imagen actual es muy explosiva porque no articula todos los territorios. El tren es fundamental para vertebrar el territorio y no puede ser excluyente"

La capital aragonesa recaba apoyos para convertirse en uno de los principales nodos logísticos ferroviarios de la península impulsando la reapertura de la línea Zaragoza-Pau por Canfranc, mientras que Madrid apuesta por un nuevo eje París-Madrid-Lisboa y por una línea de alta velocidad que conecte Valencia con la capital lusa. Todos las vías llevan a estas ciudades al tiempo que el Noroeste, mientras tanto, parece perdido en batallas políticas y empresariales.

Sin embargo, desde las plataformas en defensa del ferrocarril del Noroeste nadie se echa las manos a la cabeza porque Aragón haya conseguido ese relanzamiento del corredor. «Es evidente que la imagen actual es muy explosiva porque no articula todos los territorios. El tren es fundamental para vertebrar el territorio y no puede ser excluyente. Debe haber una apuesta primordial por este medio de transporte que permite reducir emisiones, y lo que no podemos hacer es entrar en la pugna con otros territorios cuando el objetivo es común. Debemos ser ambiciosos y crear una red mallada por todo el estado», asevera Sixto Armán, Asturies pol Clima, una asociación integrada en la Coordinadora Estatal del Ferrocarril.

Un tren que transporta mercancías por la línea de Teruel. Antonio Garcia

«Las dos conexiones pueden convivir, pero estamos en una situación de desequilibrio. En Galicia estamos atados al coche porque no tenemos un servicio de Cercanías como Barcelona. La línea A Coruña-Lugo no está electrificada y las inversiones son infimas, con vagones anticuados que no tienen ni enchufes», lamenta María Bañón, miembro de La plataforma en defensa de la línea A Coruña-Mariñas.

«Necesitamos un corredor por el Norte de España. El proyecto hacia el País Vasco es la salida natural de todo el norte. Las mercancías y los viajeros no pueden seguir saliendo hacia Madrid. No hablo de alta velocidad, porque es lo antinatural de cualquier inversión en el ferrocarril, sino de esa velocidad alta donde confluyen viajeron y mercancías», explica Sergio Tamayo, miembro de la plataforma en Defensa de los Servicios Públicos de Cantabria.

El 'agujero' de la alta velocidad

Esa apuesta por la alta velocidad es ciertamente criticada por las plataformas en defensa del ferrocarril, dado que «se comen más del 70% de los recursos ferroviarios y esto compromete las Cercanías, la Media Distancia y las Mercancías, ya que queda muy pocos recursos con el AVE para todo lo demás», según denuncia Tamayo.

La cuestión es que el Noroeste ha ido poco a poco disgregando su proyecto ferroviario común. Si en un primer momento fue Cantabria la que abandonó la Plataforma Atlántico Noroeste y se echó en brazos del País Vasco para defender su inclusión en el Eje Cantábrico-Mediterráneo, entre Bilbao y Valencia, ahora son Zaragoza y Madrid los que miran a Francia y al Mediterráneo, buscando alianzas que podrían aislar aún más, si cabe, a Galicia, Asturias y León. 

Zaragoza ha creado la denominada Alianza Europea para el Desarrollo de Corredores Ferroviarios (corredores.eu). Busca "socios-promotores" por toda España (2.000 euros de cuota), "para el desarrollo de corredores ferroviarios y Redes Transeuropeas de Transporte (RTE-T) para la vertebración de la península Ibérica y sus conexiones con el resto de Europa". Es una de tantas iniciativas que sirven de acicate para mejorar la conexión de Zaragoza con el Levante y el Cantábrico. Iniciativas que no tienen el mismo impulso en el Noroeste.