Entrevista | CONCHA GIL BLASCO Gerente del Servicio Aragonés de Mediación y Arbitraje (SAMA)
Concha Gil (directora del SAMA): "La huelga del bus no ha sido el conflicto más complicado"
La directora gerente del Servicio Aragonés de Mediación y Arbitraje explica en esta entrevista cómo se prepara el órgano conciliador para el "combativo" 2023, que llega tras un año marcado por la inflación, huelgas como la del autobús de Zaragoza y multitud de conatos

El despacho de Concha Gil, repleto de documentos, cifras y libros. / Jaime Galindo.
La paz social aragonesa se fragua en variados frentes, pero el retén que evita buena parte de los incendios laborales se ubica en cada una de las mesas del Servicio Aragonés de Mediación y Arbitraje, el SAMA. Su gerente es Concha Gil Blanco, que dirige desde la delegación de Zaragoza un equipo de 13 profesionales que interceden por el entendimiento entre sindicatos, empresas y trabajadores.
Decía un expresidente de la CEOE, José María Cuevas, aquello de «negociar, negociar y negociar, y si las cosas van mal, pues seguir negociando».
Las que negocian son las partes, al menos en el SAMA. Nosotros les ayudamos, intentamos alcanzar soluciones que unas veces se les ocurren a ellos... y otras a nosotros. Pero hay que tenerlo claro: el poder de decisión lo tienen los implicados.
Vaya año tienen por delante. Decenas de convenios por firmar y la revisión salarial en el punto de mira. ¿Se lo van a poner difícil?
Creo que va a ser un año duro. No sabemos cómo se va a comportar la inflación y esa es la incógnita que nos lleva a la revisión de salarios. Es normal: los trabajadores quieren protegerse del IPC [Índice de Precios al Consumo, marca la inflación] disparado pero eso supone un coste para las empresas. Digamos... Digamos que va a ser un año combativo. A fecha del 10 de febrero habíamos recibido 270 expedientes más de conflictos individuales que en 2022, por dar un dato.
"Creemos que 2023, tal y como ha empezado, va a ser un año combativo, guerrero"
Se percibe la sensación de que hay una mayor conflictividad laboral pero los datos no reflejan esa realidad. En 2022 apenas hubo 300 expedientes más que en 2021.
En realidad hay que analizar en profundidad esos datos. En 2022 se ha batido el récord de despidos firmados en acuerdos que han pasado por el SAMA, superando al año 2013 [la reforma laboral del PP estaba recién firmada]. Han crecido las extinciones por impago y los despidos objetivos. La realidad es que habrá que estudiar bien qué pasa en 2023, porque deben conocerse las tendencias y comprobar que no es fruto de, por ejemplo, la rotación laboral. Pero no hay duda: el año ha empezado guerrero.
El SAMA ha alcanzado acuerdos en el 76% de los conflictos que han pasado por sus manos.
Lo cierto es que habituamos a tener datos mejores. Hemos estado por encima del 80%. No pasa nada por decirlo: no ha sido nuestro mejor año, pues el IPC nos ha tratado muy mal. Veníamos de firmar convenios con un 2% de subida que eran buenos acuerdos, pero ahora el IPC ha subido un 5% y eso nos vuelve más conflictivos a todos.
¿Qué tuvo el conflicto de Avanza y el bus para que fuera tan compleja su resolución?
Lo primero: da la apariencia de que el único conflicto que ha gestionado el SAMA este año ha sido la huelga del bus. Pues no. Y me sabe mal que se piense que nuestra eficacia deba medirse por él. Mientras estaba activo hemos mediado en muchos otros conflictos que nos han llevado el mismo o más esfuerzo e implicación. Eso sí: se han llevado el podio de las reuniones, hemos hecho más de 40, que nos han supuesto 200 horas más de mediación. El coste de esas horas es de 18.000 euros, que nos han hundido el presupuesto.
¿Cómo se trabaja con dos partes tan enquistadas? ¿Los mandaban a reflexionar?
Hubo días que sí, porque era lo mejor, y hubo días que aguantábamos todo lo que podíamos porque creíamos que nos venía mejor a nosotros. Lo habitual, cuando no hay una concatenación de reuniones como en el caso de Avanza, es hacer una reunión inicial para que se expongan las carencias de la otra parte. Las que ellos creen, claro. Así conseguimos bajar la emotividad y pueden empezar a decir lo que quieren. Y ahí nosotros debemos dilucidar qué es lo que dicen querer y qué es lo que pretenden en el fondo.
¿Ha sido el conflicto más complejo del año?
No, no. Bien, qué va. Ha sido el más largo, eso sí. Lo complicado del bus fue el foco mediático que tuvo durante meses, el debate político que se generó a su alrededor, aunque eso a nosotros no nos importó, y el hecho de que la organización del comité de empresa cambió con unas elecciones sindicales de por medio. Empezamos la negociación con un 0,5% del IPC y acabamos con el 5,8% de subida. Todo eso ha llevado a que la negociación se reestructurara veinte veces.
¿Cuáles han sido entonces los más difíciles de negociar?
Los convenios sectoriales, sin lugar a dudas. Este año hemos se han firmado en el SAMA los acuerdos del transporte de mercancías, que resolvimos la huelga antes de que comenzara. La limpieza de edificios y locales públicos, que fue en domingo y se solucionó in extremis. Y por citar alguno más: la limpieza de las clínicas privadas, del comercio textil, de las conservas del pescado y el marisco. Estos son los que representan a más trabajadores, y por tanto, los más difíciles. Que se me entienda: la huelga del bus afectaba a 1.200 trabajadores y nosotros hemos firmado acuerdos para 91.000.
"Los conflictos que se cierran en falso siempre acaban por volver. Procuramos que eso no pase"
El Ayuntamiento de Zaragoza llegó a decir que la vía del SAMA estaba agotada. ¿Se sintieron desprestigiados?
No. Pero sí me sabe mal que se haya valorado la eficacia del servicio por un solo conflicto. Cierto es que yo, en mi caso, procuro no leer la prensa cuando está la negociación en curso para que no me influya. No me he sentido minusvalorada porque eramos conscientes de lo que estábamos haciendo: sacar el resto del trabajo.
Toda la conflictividad laboral del SAMA en Aragón ha afectado a 91.000 trabajadores. ¿Son conscientes de la responsabilidad?
Sí, lo somos. Pero tan importante es el convenio colectivo que afecte a miles de trabajadores que un conflicto de una persona. Nosotros dedicamos el mismo esfuerzo. Y de verdad lo digo.
¿Suelen presionar más los sindicatos o los empresarios?
Depende de quién tiene la fuerza. Si un comité en representación de los trabajadores tiene el poder de paralizar un sector, sabe que juega con las cartas ganadoras. Lo mismo que una empresa que anuncia su cierre y los sindicatos le plantean una huelga. En ese caso los trabajadores no ganan nada y la dirección se ahorra aún más costes. En cualquier caso, hay muchas reuniones hay partes que tienen más apariencia de negociar que voluntad.
¿Negocian distinto? ¿A quién le cuesta más dar su brazo a torcer?
No hay dos conflictos iguales. E incluso un conflicto en la misma empresa cuando ha pasado un año. Los conflictos que se cierran mal siempre vuelven. Nosotros procuramos que no sea así. Si se cierran acuerdos en falso, se sigue batallando en la empresa. No es bueno para las partes ni para nosotros, porque vuelve mucho peor: más enquistado y envenenado. A veces somos excesivamente minuciosos.
En Castilla y León el gobierno autonómico dejará sin financiación el Serla, equivalente del Sama allí, por mandato de Vox. ¿Qué le parece?
Es muy triste que un órgano de diálogo social en el que están representadas las organizaciones sociales y empresariales y el Gobierno de Castilla y León no hayan encontrado una vía para que siga vivo. Me da pena por la sociedad laboral de la comunidad. Habrá que ver adónde van todos esos conflictos laborales.
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