DATOS DEL MINISTERIO DE SANIDAD
Los mayores de Aragón, entre los que menos tranquilizantes toman
Un 8,2% de la población del territorio con más de 65 años consume estos fármacos de manera habitual
La ansiedad, la depresión, el insomnio o la soledad están detrás de la ingesta de estos medicamentos

Una mujer mayor en la cocina de su casa, en una imagen de archivo. / EUROPA PRESS

El consumo de tranquilizantes entre los mayores de 65 años en Aragón está entre los más bajos del país. El dato de la comunidad, donde un 8,2% de la población hace uso del trankimazin, el diazepam, el clonazepam o el lorazepam, entre otros, dista mucho de territorios como Andalucía (17,9%), Asturias (14,9%) o Murcia (14,8%), según datos recientes publicados por el Ministerio de Sanidad.
La ingesta de benzodiacepinas va al alza conforme se llega a edades avanzadas y se trata de medicamentos psicotrópicos que actúan sobre el sistema nervioso central, generalmente para calmar a quien los toma.
Desde los centros de salud de Aragón se parte de una labor de terapia no farmacológica para hacer frente a estas situaciones, aunque «en su gran mayoría» acaban precisando tratamiento farmacológico, explica a este diario María Pilar Mesa, jefa de servicio de Geriatría en el hospital Provincial de Zaragoza. «El riesgo de no hacerlo puede ser peor y terminar en algo no deseado», añade esta doctora con más de 40 años de experiencia en la geriatría de Aragón.
Mesa asegura que cuando estos pacientes ingresan en el hospital «ya en su mayoría» están tomando este tipo de fármacos. De hecho, señala que dos de cada tres hospitalizados mayores de 80 años ya toman estos medicamentos. Algunos, incluso, lo hacen con varias combinaciones, donde consumen a la vez ansiolíticos o antidepresivos», explica.
Patología mental
Por lo general, estos enfermos ingresados sufren comorbilidad (diversas patologías), donde las afecciones cognitivas se entremezclan, muchas veces, con situaciones de patología mental como la depresión o la ansiedad. La soledad está detrás de numerosas situaciones donde la toma de tranquilizantes se convierte en algo habitual. Mesa apunta que esta condición «afecta mucho» a las personas de avanzada edad, sobre todo tras una pandemia «que ha dejado mucha huella», matiza.
«Hay casos donde viven solos y no sienten esa soledad, mientras que hay otros donde estando acompañados si la padecen. Muchos padecen insomnio y la toma de una pastilla hace que duerman más, algo que les hace pasar el día más rápido. Suena raro, pero es así, sobre todo en personas que están en casa y mantienen poco contacto social», apunta.
Estos medicamentos son armas de doble filo porque el problema en muchos pacientes llega a la hora de desprenderse de ellos, porque pasado un tiempo pueden generar dependencia. «Los profesionales debemos intentar siempre dejar de prescribir este tipo de fármacos, pero no siempre es posible. La dependencia es alta y vuelven constantemente a demandar la receta de los mismos», añade. También se dan casos donde es la propia familia la que solicita la medicación para esa persona mayor. «Son ancianos con problemas de insomnio que conviven con hijos o nietos en edad laboral que necesitan descansar», apunta.
Envejecimiento y soledad
Volviendo al tema de la soledad, Mesa explica que no todos las personas afrontan igual el envejecimiento, una etapa vital en la que los problemas de salud pueden aumentar, unido a la soledad. «Hay casos donde socializan mucho, acuden a centros de día o a espacios de mayores donde se relacionan y sobrellevan su día a día con absoluta normalidad. Sin embargo, hay otros incapaces de hacer esto y es cuando empiezan ciertas patologías que, con el tiempo, pueden requerir de algún medicamento. La soledad es muy mala a estas edades», reitera.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2022, en unos 157.000 hogares de Aragón, casi un tercio del total, vive un sola persona (la mayoría mujeres) y las previsiones sitúan que esta cifra subirá al 32% del total, 195.000 hogares, en el 2037. Más allá de la soledad, la falta de recursos para abordar patologías de salud mental también derivan en un uso más habitual de fármacos. Hace unas semanas, en el Congreso de Medicina General y de Familia de España que se celebró en Granada se advirtió de que la ingesta de benzodiacepinas de uso común forman parte de la «medicalización de la vida». Ante la falta de soluciones en salud mental (donde se echa en falta vías de atención también para los mayores), la opción fácil de los médicos de familia son en muchos casos la receta de estos medicamentos.
España se ha convertido en el país de Europa donde más se consume este tipo de sustancias. De acuerdo con los datos del Ministerio de Sanidad, los mayores de 65 años de Andalucía son los que más tranquilizantes toman, con un 7,9%, seguido de Asturias (14,9%), Murcia (14,8%), Madrid (12,7%) o Cantabria (12,7%). De este ranking de 17 comunidades, Aragón ocupa los puesto de cola, con un 8,2%. Solo por debajo están Cataluña (8%), Navarra (7,9%) y País Vasco (6%).
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