BALANCE DEL AÑO APÍCOLA

La sequía se lleva por delante "casi" toda la cosecha de miel en Aragón

Desde UAGA cifran las pérdidas en un 90% por la falta de lluvias en la primera mitad de año

Muchos apicultores se plantean abandonar la actividad porque "no está siendo rentable"

Los apicultores aragoneses se concentraron en febrero a las puertas de La Aljafería reclamando soluciones para el sector.

Los apicultores aragoneses se concentraron en febrero a las puertas de La Aljafería reclamando soluciones para el sector. / EL PERIÓDICO

Los apicultores aragoneses han sufrido un año «desastroso» que les ha dejado prácticamente sin miel y con un profundo interrogante sobre su continuidad en la profesión. Desde UAGA calculan que se ha perdido «casi» toda la cosecha de miel con un descenso de la producción incluso por encima del 90% debido a una acuciante falta de precipitaciones durante los primeros seis meses del año. Esta sequía «tremenda» no se verá paliada con las últimas lluvias de verano –«llegaron tarde»– y ha llevado ya a muchos apicultores a poner fecha de caducidad a sus explotaciones porque la actividad «no está siendo renable».

Así lo explica Alberto Allué, apicultor de Monzón y responsable del sector apícola en UAGA, quien muestra su preocupación por el devenir de sus compañeros a nivel de todo Aragón y, «por extensión», de toda España. En este sentido, explica Allué, la cosecha de romero y tomillo se perdió «prácticamente» en primavera y, aunque todavía falta la campaña de verano –en la montaña y en las huertas con alfalfa y girasoles– y la miel de la encina, «no va a servir para paliar la situación». «En todo caso sería un complemento de lo que debería haber sido», justifica.

Ante los resultados de esta campaña, el sindicato agrario ya ha mantenido reuniones con las instituciones logrando «equiparar» la actividad apícola a la ganadería extensiva, lo que redunda en un aumento de las ayudas, ahora «pendientes» de que se hagan públicas. «De todos modos, es una ayuda muy complementaria que no soluciona el problema del sector», precisa.

A largo plazo, según el responsable del sector apícola, la solución pasa, primero, por controlar la «competencia desleal de miel» por parte de China y otros países y, segundo, por el impulso de medidas de seguro antisequía, ya que los apicultores no están satisfechos con las actuales. «Los que trabajamos en el campo sabemos que tenemos años buenos y otros malos, pero esa competencia nos evita que, cuando nos viene una buena cosecha, podamos sacarle partido. Si queremos que se mantenga la actividad, tenemos que proteger al apicultor local», clama Allué. «La preocupación es alta. Se escuchan rumores de compañeros que van a deja la profesión o, en otros casos, buscar trabajos complementarios», añade.

Esta preocupación reina entre el resto de apicultores desplegados a lo largo y ancho de la comunidad aragonesa, entre ellos, Julio Yagüe y su explotación ecológica de Ariza. «El año ha ido mal porque no ha llovido y, en mi caso, la producción ha sido cinco veces menor que lo normal. El terreno estaba seco hasta últimos de mayo y las lluvias de junio ‘solo’ sirvieron para que las abejas no se murieran de hambre. Tienen que generar un excedente y en la primavera no ha habido excedente. Y, luego, la primera parte del año ha sido deficitiaria porque se han alimentado de reservas», argumenta Yagüe.

A esta falta de precipitaciones se suma el enemigo del abejaruco, un pájaro que causa estragos en las colmenas en busca de alimento en forma de abejas y que ya no encuentran en los insectos silvestres porque «no hay». «No solo es la abeja que se come, sino también el daño indirecto que provoca al alterar el sistema durante dos meses porque las reinas no fecundan. A 1.000 metros de altitud me toca algo menos, pero por las zonas más bajas...», finaliza.