lA PLANIFICACIÓN ESTIVAL

A las vacaciones en familia, ¿cuándo dejan de ir los hijos?

«Las pantallas o las extraescolares influyen en el distanciamiento», dice una experta

La etapa del desapego y de querer irse con los amigos aparece a los 16 años

Un padre, junto a su hija, en una playa, en una imagen de archivo.

Un padre, junto a su hija, en una playa, en una imagen de archivo. / EL PERIÓDICO

Judit Macarro

Judit Macarro

Llega cierta edad en la que viajar en familia pasa de ser lo más esperado del año a convertirse en una auténtica pesadilla. Los hijos adolescentes pierden el interés por pasar una semana en la playa con sus padres, al igual que los adultos se hartan de tener que aguantar las caras largas y morritos de los jóvenes durante las vacaciones.

La búsqueda de autonomía es una fase por la que pasan todos los niños y niñas cuando llegan a la adolescencia. Aunque esto es algo que «ha sucedido toda la vida», asegura a este diario la psicóloga infantil, Alejandra Reguro. Conforme van creciendo, los hijos anhelan la independecia porque, según Reguro, ello supone conseguir una serie de poderes que los padres no les dejan tener: «Lo que buscan es disfrutar de su tiempo como ellos quieren, porque es suyo», dice.

La etapa de desapego suele aparecer en torno a los 16 años, «cuando la principal fuerza de los niños son los amigos». Pasar tiempo con adultos se hace tedioso y aburrido para los jóvenes que «están en fase de desarrollo de su identidad». El hecho de que los hijos se planteen ir de viaje o, incluso, pasar una tarde con los amigos en el cine, es una responsabilidad para la que, según Reguro, hay que estar preparado.

¿Es responsable mi hijo para irse sin supervisión un fin de semana? Ahí está la cuestión. La responsabilidad, asegura Reguro, es una capacidad que «se va ganando poco a poco» y son los padres los que «tienen que ir preparándolos». Lo primero es saber observar las señales que muestran los niños, como, por ejemplo, si piden ir a dar una vuelta con los amigos «hay que vigilar si nos dicen con quién van y si son sinceros o cumplen con los horarios que se les imponen... sin poner excusas», dice la experta.

Reguro considera que el proceso de indepenencia con los padres debería ser algo «progresivo». Por ejemplo, pasar de ser responsable con algún deporte o actividad que practiquen, como prepararse la mochila de fútbol solos, a dejarles ir al parque con sus amigos. Sólo después de que los niños demuestren ser capaces de hacer todo esto solos, se puede pasar a dejarles viajar sin los padres. Pero el problema de todo este transcurso en el desarrollo infantil es que ese ansia por conseguir la libertad paterna, cada vez se adelanta más. «Ahora, hay niños de 12 y 13 años que piden a sus padres irse con sus amigos de vacaciones», explica Reguro. Una anticipación de la adolescencia para ninguna de las partes está preparada.

Vínculo familiar

El porqué de este desapego familiar prematuro tiene muchos factores y, en su gran mayoría, se dan en el entorno familiar. Para la psicóloga infantil, la desvinculación afectiva tiene que ver la influecia de la conectividad y las nuevas tecnologías en el hogar.

Hace mucho que en las casas quedarón atrás las guerras por conseguir el monopolio del mando de la tele. Ahora, «en los hogares hay más de una pantalla y los mayores ya no se quedan a ver los dibujos con los pequeños», asegura Regulo.

Una ruptura del vínculo familiar que aumenta también con las famosas «extraescolares». Que el niño aprenda inglés, piano, tenis y toda serie de capacidades para ser más hábil en el futuro, al final, está entre los motivos del distanciamiento con los padres. «Cada vez se pasa menos tiempo con los hijos» y, precisamente por ello, cuando toca convivir durante una semana las 24 horas del día, es cuando comienzan los conflictos. El discutir durante los días de fiesta es algo que nadie quiere hacer y, por ello, «se acaba aborrecidos y muchas veces los padres ceden a que los hijos no vayan con ellos», señala la psicóloga.

En el transcurso de las vacaciones también hay mucho tiempo libre. Aparece entonces el temido aburrimiento infantil. Lejos queda la imagen familiar jugando a las palas juntos en la playa, porque ahora la forma de entretenerse de los niños es «mediante los videojuegos y consolas», lo que es una señal de que «ya no saben divertirse con los padres», explica Reguro.

"Una odisea"

Para poder tener la fiesta en paz, un detalle muy importante, según la psicóloga, es «organizar las vacaciones entre todos». Los niños van creciendo y, lo que a los 7 años puede parecer «súper divertido», con los 16 pasa tener «poco o ningún interés». Porque, el pasar horas y horas en la playa «a los niños les acaba aburriendo», pero si un día se les propone ir al parque acuático entonces «la cosa cambia y pueden disfrutar todos».

Elegir entre todos dónde y cómo viajar es algo que a Lucía, una joven oscense de 23 años, le hubiera gustado hacer con su madre cuando tenía 16 años. «Siempre íbamos a Tarragona durante el verano y llegó un punto en el que prefería quedarme con mis amigos en Huesca», menciona Lucía.

A Rosa, con sus dos hijos de 15 y 17 años, le pasa lo que a la gran mayoría. «El irnos una semana todos juntos a algún lado es una odisea». Por ello, muchas veces se opta por la vía fácil. «Hace tiempo que los niños se quedan solos en casa y mi marido y yo nos vamos a Menorca unos días», señala.

Otros padres, que no están preparados para decir adiós a sus pequeños, deciden llegar a un punto medio. Así lo hacía María Victoria, la madre de Lucía: «Me acuerdo un año, cuando mi hija tenía 15 años que yo quería marchar en San Lorezo (las fiestas de Huesca) a la playa. Estuvimos dos semanas debatiendo hasta que llegamos a un acuerdo».

Disfrutar juntos

Obligar a los hijos no suele ser siempre el mejor camino a recorrer. Reguro explica que «es mejor ceder a ciertas cosas que no nos hacen gracia si a ellos les hacen ilusión, porque las acabarán haciendo igualmente, pero a escondidas», explica. Pone de ejemplo una situación que le pasó con uno de sus hijos, el mayor: «Durante una de nuestras vacaciones, había una tirolina que a mi me daba horror como madre. Pero pensé que puestos a hacerlo con sus amigos, prefería que lo hiciera conmigo, disfrutando juntos y bajo mi supervisión por si le pasaba algo».

La batalla de los viajes en familia es una contienda que a ningún padre le pilla de nuevas. Si no es por el no saber convivir, es porque «no me gusta a donde vamos» o porque «quiero estar con mis amigos». Sea como fuere, Reguro incide en que lo más importante es «saber disfrutar todas las etapas» de los niños y que, cuando llegue el momento, saber decirles adiós a los veranos juntos.