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Política autonómica

Las relaciones entre Aragón y Cataluña: Un pacto, dos autonomías y demasiados deberes

La victoria del PSC y el presumible Govern liderado por Salvador Illa allanará las relaciones con el Gobierno de Aragón, que deberá hablar con su comunidad vecina de grandes temas como la financiación autonómica. La tensión entre PP y PSOE condicionará el devenir de la legislatura.

Javier Lambán y Carles Puigdemont, en 2016, en el último encuentro entre presidentes.

Javier Lambán y Carles Puigdemont, en 2016, en el último encuentro entre presidentes. / QUIQUE GARCÍA / EFE

Sergio H. Valgañón

Sergio H. Valgañón

Zaragoza

El triunfo de Salvador Illa en las elecciones catalanas confirma el éxito del PSOE para apaciguar las aguas catalanas y el fin de los grandes momentos de efervescencia independentista. Tener, como parece ser que será, un presidente moderado y constitucionalista tenderá más puentes entre Cataluña y el resto de comunidades. Interesada, casi como ninguna, está Aragón.

No fueron del todo fluidas, por no decir inexistentes, las relaciones entre el expresidente Javier Lambán y el ya expresidente Pere Aragonès. No se vieron en encuentro oficial y sí vivieron un desencuentro continuo. El rechazo frontal de Lambán al independentismo de Aragonès marcaba posiciones alejadas y difíciles de reconducir. Como todo pastel tiene guinda, los fallidos Juegos Olímpicos de Invierno que ambas comunidades querían organizar terminó de apuntillar las comunicaciones entre Aragón y Cataluña. El socialista se vio traicionado por Moncloa y el COE y el independentista quería unos juegos con claro sabor catalán. Al final, ni para uno ni para el otro.

Hay que remontarse a 2016 para encontrar el último apretón de manos entre un presidente de Aragón y su homónimo catalán. Fueron Lambán y Puigdemont, al poco de entrar este último en la Generalitat, los que se reunieron para ver cómo iban las relaciones. Entonces fueron los bienes de Sijena los que coparon el encuentro, un conflicto solucionado que siempre tiene latencia.

Visto el pasado reciente, viene el futuro próximo. Es Jorge Azcón el que lidera el Gobierno de Aragón desde hace diez meses y tiene entre ceja y ceja la reforma de la financiación autonómica. No es la misma la que quieren en otras comunidades vecinas, gobernadas por el Partido Popular, ni gustará el modelo en Cataluña, que hace bien poco reclamaba una Hacienda propia. Encontrarán allí, Azcón y el futuro president, la primera piedra de toque de sus encuentros, si es que se vuelven a producir.

Un posible Govern de Illa llamará a la calma a empresarios de ambas comunidades, más cómodos con la estabilidad que con la amenaza del proceso independentista. La fluida relación entre ambas regiones, con miles de millones de intercambio anual, está aún más asegurada con Gobiernos más centralistas. Otras cuestiones, como el pasado de la Corona de Aragón o el trasvase del Ebro solicitado en plena precampaña por todos los partidos catalanes, se alejarán de la superficie de debate si es el PSC el que lidera el próximo Ejecutivo catalán.

Sin embargo, no todo será coser y cantar entre los dos Gobiernos, uno de color azul popular y el otro rojo socialista. No hay que engañarse: la tensión y la polarización del debate nacional y la irreconducible relación entre PP y PSOE en casi todos los tableros políticos no facilitará que todas las cuestiones enumeradas se resuelvan rápido y en un hipotético encuentro.

Azcón ya dijo ayer que no le gusta que el PSOE dependa del independentismo en Moncloa y en Cataluña. Y los socialistas ya le definieron el pasado pleno como «el más reaccionario» de los populares. Acercamiento, sí, pero con cautela. Poco a poco. 

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