Misión militar

El regreso de 200 militares desde Letonia a Zaragoza: "Al final entiendes que es su trabajo"

Cerca de 200 militares de la base de San Gregorio aterrizan en casa tras más de seis meses de misión en Letonia, con otros países de la OTAN, y cuyo objetivo era disuadir a países como Rusia de cualquier agresión a los países bálticos

Decenas de familiares han esperado en el aeropuerto entre la emoción y las ganas de ver a sus seres queridos

A. Arilla

Una pantalla, dos palabras y una hora reinaban en el ambiente del aeropuerto de Zaragoza en la tarde de este viernes: Riga. Retrasado. 20.15. Este era el momento previsto para el regreso de 200 militares de la base zaragozana desde Letonia, donde han participado en una misión junto a otros países de la OTAN cuyo objeto principal era la disuasión de potenciales amenazas de países como Rusia hacia los países bálticos. Un pequeño retraso en el vuelo –el avión debía llegar a las 19.30 horas– provocó que las decenas de personas congregados en la terminal tuvieran que esperar tres cuartos de hora más para ver a sus familiares.

Pero poco importaba. En esos momentos de espera, tras seis meses a tantos kilómetros de sus seres queridos, unos minutos de más o de menos no eran demasiado importantes. Aunque se podían hacer eternos. Incluso para algunos perros, que ladraban ansiosos de la llegada de sus dueños. «Mis padres fueron a verlo en marzo, pero yo y su sobrina llevamos sin verlo desde diciembre», decía Jessica, una oscense que esperaba junto a su madre, Elisa, y a su hija, Cristina, la llegada de su hermano Ángel. «Lleva dos años de soldado y ha cumplido los 30 años ahí. Quería tener una experiencia así y ha sido muy gratificante para él, aunque este último mes se le ha hecho más pesado porque, al final, la cabeza está más aquí que allí», añadía.

Más acostumbrada se mostraba a la espera María Jesús, una zaragozana que esperaba, junto a sus hijos y a sus sobrinos, la vuelta de su marido, que a sus 43 años ya le ha tocado salir hasta en cuatro ocasiones al extranjero. «Te acostumbras, porque llega un momento en el que entiendes que es su trabajo. Ha hecho una carrera militar y esto forma parte de ella», explicaba, aunque, pese a estar relativamente acostumbrada, no sabía definir sus sentimientos. «Después de seis meses y medio, qué te voy a decir...», afirmaba, aunque reconocía que, en este caso, la misión había sido mucho más tranquila que otras salidas, una de ellas a Irak.

Una tranquilidad que transmitían todos los soldados a sus familias, aunque no siempre les terminaban de convencer. «La misión muy tranquila, sí, pero el sitio es delicado. Nunca nos contará toda la verdad, solo que todo va muy bien», decía con una mezcla de risa y emoción Mariló, quien se había desplazado hasta Zaragoza, desde Cartagena, con su marido José Andrés. Les acompañaba la bandera marítima de su ciudad, para que su hijo se sintiese como en casa nada más llegar. «Estamos deseando que tenga vacaciones y baje a ver a la familia, a disfrutar de la comida, de los amigos...», expresaba, mientras su marido le interrumpía con ironía: «Tres casas tiene preparadas para cuando venga».

En cualquier caso, las sensaciones de la misión han sido «muy gratificantes». Así la definía el comandante Juan Luis Costa, segundo de a bordo durante estos meses en Riga. Lo más positivo, sobre todo, ha sido, según Costa, «poder trabajar con otros países, en un sitio donde la misión es bastante llevadera». Aún así, sí ha habido un factor que los militares han notado especialmente durante su estancia: el frío del Báltico. «Es un poquito más potente que el de aquí, pero sin desmerecer, que en San Gregorio también hace frío», decía entre risas, mientras sus hijos pequeños esperaban para poder darle un abrazo.

En cualquier caso, Costa remarcaba que la misión no había supuesto «ningún riesgo»: «Nuestro único objetivo era que ningún país agrediese a países de la OTAN, en este caso, los países bálticos».