El primer año de las alcaldesas

El derrumbe de San Francisco agita el tercer mandato de Buj en Teruel

La popular gobierna por primera vez la ciudad con mayoría absoluta, con una gestión más «ágil»

La vivienda y la movilidad, entre los retos a abordar

Toma de posesión de Emma Buj como alcaldesa.

Toma de posesión de Emma Buj como alcaldesa. / Efe

Alberto Arilla

Alberto Arilla

El primer año de legislatura ha sido relativamente cómodo para la alcaldesa popular Emma Buj. Un puesto que ocupa desde 2016, cuando su antecesor, Manuel Blasco, renunció a la alcaldía para dedicarse exclusivamente a su escaño de diputado en el Congreso. En cambio, esta nueva etapa tiene una diferencia fundamental respecto a las previas de Buj al frente de Teruel: su mayoría absoluta.

Una coyuntura que, cómo no, influye en el día a día, mucho más ágil que en la pasada legislatura, cuando gobernó con mayoría simple con Ciudadanos, aunque necesitaba al PAR o a Vox para sacar adelante sus iniciativas. «Al necesitar pactar todo, lógicamente, el proceso era más lento», explica la alcaldesa a este diario, aunque matiza que ahora están recogiendo «los frutos de la pasada legislatura».

De esta forma, Buj reivindica que el Ayuntamiento de Teruel ya ha puesto en marcha 27 millones de euros, sumando los que ya han sido terminados con los que están en proceso de ejecución o licitación. En ese sentido, la alcaldesa reincide en que la mayoría absoluta «permite agilizar todos los procesos», y pone como prueba la nueva piscina climatizada, cuyas obras comenzaron en abril y se prevé que estén concluidas para el próximo verano, con un proyecto que asciende a los seis millones de euros.

Con todo, hay un hecho que ha marcado especialmente el primer año del nuevo mandato de Emma Buj, y que se produjo tan solo cuatro días antes de su pleno de investidura: el derrumbe del edificio en San Francisco, 21. Una tragedia que le ha supuesto al consistorio más de 40 reuniones entre afectados y servicios técnicos que, tal y como admite Buj, irremediablemente se han «solapado» con otros asuntos de Gobierno.

El edificio se derrumbó en 2023.

El edificio se derrumbó en 2023. / Efe

En cualquier caso, no será hasta el próximo año cuando el ayuntamiento podrá conocer su margen de maniobra para ofrecer algún tipo de ayuda a los afectados. El motivo es que todavía se desconocen las causas y las responsabilidades del derrumbe, aunque desde el consistorio subrayan que, tras acabar el proceso de desescombrado, ya están en disposición de realizar las catas necesarias para averiguarlo. Hasta el momento, las familias afectadas, que reclaman al ayuntamiento cerca de cuatro millones de euros por «daños materiales y morales», han estado viviendo en pisos tutelados por el consistorio, aunque estos convenios se renuevan cada seis meses, lo que provoca la entendible intranquilidad entre los damnificados.

Próximos retos

Más allá de la tragedia de San Francisco, que sin duda ha condicionado la legislatura, la alcaldesa tiene por delante tres años para afrontar nuevos retos, como renovar el nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), que previsiblemente se aprobará antes de agosto, así como modernizar la flota de autobuses públicos y reorganizar sus líneas. Esta última cuestión quiere abordarse desde el consistorio a finales de 2025 o, a más tardar, principios de 2026, coincidiendo con la inauguración del nuevo hospital turolense, situado a las afueras y alejado del centro de la ciudad. Unos vehículos que serán híbridos –los actuales son de gasoil–, ya que los eléctricos suponen un coste demasiado elevado en relación al uso y a la capacidad económica de Teruel.

La vivienda es otro de los retos que deberá enfrentar Buj, que ya ha anunciado un acuerdo con la DGA para construir 68 viviendas para jóvenes. Una colaboración institucional que la regidora reconoce que ha mejorado desde la llegada de Azcón al Pignatelli, aunque en otros ámbitos como el aeropuerto sí tuvo una relación fluida con el Gobierno predecesor. Precisamente, seguir consolidando Teruel como «hub aeronáutico y aeroespacial» es otro de los hitos marcados en rojo por Buj, unido a la consolidación de nuevos grados en la universidad.

Una alcaldía que, además, compagina con su escaño como senadora, que le obliga a estar dos días a la semana en Madrid, reduciendo su habitual presencia en casi todos los actos públicos. Sea como fuere, Emma Buj tiene claro que ambos cargos son perfectamente compatibles y, pese a algunos mensajes que sugieren lo contrario, concluye de forma contundente: «Voy a acabar la legislatura como alcaldesa, sin ninguna duda».