CONTRACORRIENTE

Beatriz Ramo, arquitecta zaragozana del "apartamento más pequeño del mundo": "Hay que hacer viviendas que piensen en las personas"

La arquitecta zaragozana Beatriz Ramo López de Angulo ha diseñado, junto a su pareja, Bernd Upmeyer, El Cabanon, "el apartamento más pequeño del mundo"

Los arquitectos Bernd Upmeyer y Beatriz Ramo, arquitectos de El Cabanon de Rotterdam

Los arquitectos Bernd Upmeyer y Beatriz Ramo, arquitectos de El Cabanon de Rotterdam / Jan de Groen

La arquitecta zaragozana Beatriz Ramo López de Angulo ha diseñado, junto a su pareja, Bernd Upmeyer, el "apartamento más pequeño del mundo" que tiene nombre propio: El Cabanon, una adaptación contemporánea que homenajea aquella cabaña construida por Le Corbusier en la Costa Azul francesa en 1951. A este espacio de 7 metros cuadrados ubicado en Rotterdam (Países Bajos), su ciudad de residencia, no le falta (casi) de nada: cocina, dormitorio, baño, spa, una sauna de infrarrojos, una bañera de hidromasaje y unas vistas privilegiadas.

PREGUNTA. ¿Qué es el Cabanon?

RESPUESTA. Es un espacio en el séptimo piso de nuestro edificio que mide aproximadamente 3’5 x 2 metros y 3 metros de altura. Lo compramos porque nuestra casa es pequeña y decidimos convertirlo en una habitación de invitados, pero también en un lugar para disfrutarlo nosotros y como nos gustan las saunas y los baños de agua caliente decimos ponerlo todo junto. Hicimos un montón de pruebas y al final vimos que la configuración actual es la que mejor encajaba. Nuestro reto inicial nunca fue hacer el apartamento más pequeño del mundo, pero a base de poner cosas así ha sido: puedes cocinar, bañarte y dormir, que son las tres cosas mínimas de un apartamento.

P. ¿Qué fue lo más complicado?

R. A nivel de diseño nada nos dio quebraderos de cabeza. Era un reto. Nos medimos y lo modulamos. El no ser muy altos nos permitió crear espacios superpuestos, que en el Cabanon son el spa y el dormitorio, y estar cómodos. Está basado en la lógica espacial. Lo más difícil fue convencer a los de la eléctrica para que nos pusieran 4 metros más de cable para poner el contador en un armario pensado para él en lugar de cerca de la puerta. Eso fue una victoria.

P. ¿Qué utilidad le dan?

R. Es un cuarto de invitados. Nosotros lo usamos para desconectar el fin de semana, por ejemplo. Es un retiro, un espacio de calma, una zona de wellness.

P. No está pensado para vivir al uso. ¿Qué carencias tiene?

R. No tiene lavadora, aunque tampoco es inusual en Rotterdam. El Cabanon no se pensó para ser un apartamento para vivir de manera permanente, aunque no sería imposible. Si ese hubiese sido el reto, no habríamos tenido dos saunas y hubiéramos puesto una lavadora, un frigorífico más grande y más espacio de almacenamiento. Responde a unos deseos muy específicos y caprichosos que tuvimos en ese momento.

P. ¿Es una rebeldía contra la estandarización de los espacios?

R. Las normativas francesas de vivienda, que son con las que más trabajo, son tantas que se contradicen. Ponen al arquitecto y al mercado un corsé tan constreñido que el resultado siempre es el mismo. Además, está lo que el promotor dice que vende y relegan a los arquitectos a diseñar la fachada. Es una aberración. La gente no vive en las fachadas, vive en el plano y el arquitecto no puede meter mano ahí. Sirve para ver dónde ha llegado la vivienda. Es un contendor de normativa y presupuestos y es donde vas a hacer la inversión más grande de tu vida, que no se adapta a ti. Hay que hacer vivienda que piense en las personas.

P. ¿Asemejamos confort a la cantidad de metros cuadrados?

R. En Francia el arquitecto ya ni se interesa por el plano de un apartamento, ni se lo plantea ya. Sé que en España hay más interés de los arquitectos por la vivienda, pero desconozco cuánto les fuerzan los promotores para no hacer nada diferente y alargar los plazos porque se vende todo. Los arquitectos tenemos que convencer al promotor de que le vas a dar un valor añadido y socialmente sostenible; los promotores, abrir su punto de vista y los usuarios apreciar si el espacio está bien aprovechado más que cuántos metros cuadrados tiene la vivienda, especialmente ahora que está tan cara.

P. Defienden su Cabanon como un paradigma. ¿En qué sentido?

R. El Cabanon es un extremo que no puede generalizarse, pero sirve para extrapolar principios a una situación más realista. Hemos demostrado lo que se puede hacer en 7 metros cuadrados optimizando el espacio. Ahora es plantear cómo hacerlo en 50 metros. Sirve para coger principios de aprovechamiento para que la vivienda sea funcional.

P. ¿Esos principios mal aplicados contribuirían a aumentar las infraviviendas?

R. Todo buen propósito puede tener un lado oscuro. No es nuestro mensaje. Nuestra idea puede mejorar mucho la calidad de vivienda, pero eso no exime a los gobiernos y promotores de su compromiso con la vivienda de calidad, con suelos y precios más asequibles. Defendemos el trabajo comprometido del arquitecto a la hora de diseñar los planos con la optimización, no entendida como la reducción, sino buscando lo mejor y confrontar al promotor cuando te dicen que las cosas deben ser de una manera. Cada uno tiene que aprender a quedarse en lo que domina bien para en equipo hacer algo con sentido.

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