LA ECONOMÍA DOMÉSTICA

El alza de los precios, al otro lado de la barra en los bares zaragozanos

Comer en un restaurante o tomarte una caña en un bar también cuesta más que hace un año, pero también han subido los costes a los responsables de los establecimientos

El sector ha repercutido el alza en los precios, pero no para cuadrar las cuentas, según los restauradores.

Una pareja toma un refresco, ayer, en la cafetería El Boticario. | LAURA TRIVES

Una pareja toma un refresco, ayer, en la cafetería El Boticario. | LAURA TRIVES

Eva García

Eva García

«Pago más de luz, del bacalao y de todos los productos» y eso debe repercutirse en los precios, aunque no todo, pero sí en gran parte porque «no puedes no subir para que otros salgan de casa». Así de contundente se manifiesta María José, de bar Casa Agustín, pero es una idea compartida también por Rafael (La penúltima Drinks), quien asegura que el precio que pagan ellos por la cerveza está «disparado»; o José Luis Sanz, de El Boticario, quien insiste en el alza de aceite, huevos y el resto de productos básicos.

Todos reconocen que subir cada día la persiana cuesta mucho dinero y la subida de unos productos se compensa con la bajada de otros, pero no siempre. También comparten la apreciación de que los precios que ofrecen no son tan altos como deberían ser, pese a la subida de los últimos meses. Para igualarlo deberían incrementarlos más de ese 4,8% que ha subido los restaurantes en este año; un 16% desde mayo de 2021, cuando la pandemia les hizo cerrar.

El alza varía según el producto, «unos suben un euro el kilo y otros cinco», explica María José, que precisa que este año, por ejemplo no ha habido pescado. Ellos son especialistas en anchoas salmueras y este año no ha habido y «al año que viene serán carísimas; nosotros ni compraremos», explica. También ha subido la luz. Pasó de pagar 500 euros a 1.600 y aunque ha notado la bajada, siguen manteniendo el gasto, usando, por ejemplo, solo una freidora. 

Esa contención de precios la compensan porque tanto ella como su marido «estamos 14 horas y, las mías no se cuentan» porque la pareja llega a las 7.30 horas y hasta las 12 no llega ningún empleado. «Hacemos el trabajo de cuatro personas», asevera. Tiene claro que si trabajara en una fábrica el mismo tiempo tendría más sueldo pero no es buen momento para cambiar de trabajo. Su marido tiene 61 años y ella 53. Además, ahorra porque «si salgo ni bebo y cuando lo hago no voy de bares», dice entre risas.

José Luis Sanz hace recuento de lo que han subido los precios, la luz, etc, y lo último ha sido «el ajuste de convenio» de los trabajadores, que era necesario. En su caso, la subida del IPC «no la hice hasta diciembre». Y aunque la electricidad ha subido, los productos no, las sigue comprando al precio de antes. «Solo podemos jugar un poco con la luz y el agua; el resto nos cuesta lo mismo que a cualquier cliente». La cerveza sube todos los años un 6%, y depende de las marcas, aunque en El Boticario «intentas no subir tanto».

Sin embargo, sabe que el usuario ve lo que consume. Antes un bocadillo de pollo costaba 5 euros y ahora más, pero la gente lo entiende». Además, «no ha disminuido el consumo, te vas acostumbrando» porque el consumidor va al supermercado y conoce los precios y además «aquí te sirven», señala el responsable de la cafetería situada en la avenida Goya.

La diferencia entre estar en el centro y en un barrio también hay que tenerla en cuenta, señala Rafael, de La Penúltima Drinks; porque «en los barrios hay que aguantar los precios, hay mucha competencia, señala». La coca cola les ha subido de 50 a 80 céntimos; el queso, de 30 a 40 euros, es una «barbaridad y yo tengo que luchar mucho con los precios», una situación que quizá no se da en el centro.

Explica por ejemplo, que si la tapa y la cerveza la pones a 3,50 euros, los clientes se quejan: «Me quitas la del lunes», cuenta Rafael; una situación imposible en el centro. Cuando te sientas en una terraza «no preguntas cuánto cuesta una cerveza, te la tomas y quizá cuando vas a pagar piensas qué caro, pero nada más», afirma.

Rafael reconoce que «cuesta mucho subir la persiana» cada día tras el incremento de las nóminas, la luz... tanto que estuvo a punto de cerrar porque «no podía mantenerlo», pero al final pudo hacerlo y ahí sigue. A Sanz, sin embargo, le compensa «si sabes hacer bien las cuentas», señala; pero tiene claro que su situación no es igual que la de otros compañeros porque «hay gente que gana muy poco, que tiene que luchar mucho porque la situación es difícil». 

La competencia es grande y que el cliente entre en tu bar o tu restaurante puede ser cuestión de calidad, pero a veces también solo cuestión de suerte; y los gastos se van acumulando.