La economía doméstica

Los aragoneses hacen frente a las vacaciones más caras de la historia

Los precios han subido en el último año el 3,6%, un encarecimiento que es de cinco puntos mayor en los alojamientos y de un punto más en restauración, pero "en verano no miramos las cuentas"

El calor invita a sentarse en una terraza en buena compañía. | LAURA TRIVES

El calor invita a sentarse en una terraza en buena compañía. | LAURA TRIVES

Eva García

Eva García

Llega el verano y el cuerpo pide descansar, desconectar de las tareas habituales y, si se puede, viajar, cambiar de aires para coger fuerzas para enfrentarse a otro curso. Pero lo que pide el cuerpo no es lo mismo que puede soportar el bolsillo. La tasa de variación anual de la inflación en mayo de este año es de un incremento del 3,6% en Aragón; pero bajando al detalle, ese aumento se queda pequeño; el precio de los alimentos y bebidas no alcohólicas roza el 4,5%, el de la restauración todavía es mayor y en cuanto a alojamiento sube hasta el 8,5%. Las familias tienen que hacer malabarismos para ahorrar durante todo el año y poder salir de casa; y si no se puede, por lo menos, poder darse algún capricho. 

«Todos los años son las más vacaciones más caras de la historia», asegura José Ángel Oliván, presidente de la Unión de Consumidores de Aragon (UCA), que reconoce que los precios han subido pero «no tanto como el año pasado, que fue de más del 10%. Echando la vista atrás, todavía es más claro ese aumento. Desde mayo del 2021, los precios han subido de media casi un 19% (y los alimentos y bebidas no alcohólicas, el 29%). Eso repercute tanto en los que salen fuera de la comunidad pero sobre todo en los que se quedan. Una cena fuera de casa, una salida con amigos o un vermú cuando se está de vacaciones es obligado. «El primer año tras la pandemia salimos como toros», reconoce Oliván; una sensación que se ha mantenido. «En verano ni siquiera miramos las cuentas», asegura, aunque puntualiza enseguida: «eso quien puede».

Los datos del INE también corroboran esa tendencia al alza de todo lo que conllevan unas vacaciones, dentro y fuera de casa. El precio de los hoteles ha crecido más del 9%, los cámpings, casi el 5 y lo paquetes turísticos nacionales, casi el 18%, lo que provoca que una de cada cuatro personas haya reducido la estancia de descanso. Porque los sueldos han subido, pero no al mismo ritmo. El transporte ha mantenido su coste, también los aviones, ya que las mayores subidas se dieron el año pasado, afirman desde la organización de consumidores Facu; todos los destinos han aumentado su precio; sin embargo, los hay que son «más asequibles» dentro del desembolso importante que supone los vuelos chárter a Cabo Verde o Eslovenia.. También el transporte ferroviario se mantiene, aunque no ha sentado nada bien que la compensación por retraso se alargue hasta una hora, reconocen.

La cesta de la compra sí que se mira. «Le costará bajar, pero parece que ha parado la subida», asevera Oliván. El alza de precios ha provocado cambios de costumbre, se cambia el aceite de oliva por el de girasol. Y en cuanto a alimentos subirán las fresas, las cerezas porque acaba la temporada, pero no los productos básicos como el arroz o la pasta». El IVA del aceite que se acaba de eliminar «no se notará» porque no dejan de ser unos céntimos. La luz ha dejado de subir, aunque «todavía no se han puesto los aires acondicionados» porque las temperaturas no han sido muy altas. Cuando haya que hacerlo, la factura casera o de los bares y restaurantes, subirá.

Pero parece que la factura del ocio (no cultural), y de la restauración no está en el punto de mira. «Se ha invertido la prioridad», insiste el presidente de la Unión de Consumidores de Aragón (UCA); antes de la pandemia, precisa, no lo era, sin embargo, en este momento «lo primero es viajar, si la economía familiar lo permite»; viajar, salir y la hostelería se han convertido en una prioridad «por encima de otras como cambiar de coche, un electrodoméstico o de muebles».

Esto supone que la demanda es lo que provoca que sean las vacaciones más caras de la historia. También ha cambiado la tendencia en que antes de la pandemia se fijaba el presupuesto con respecto al lugar, tal y como asegura la responsable de una agencia de viajes; y sin embargo ahora es al revés, se fija el presupuesto y después se elige el destino, explican desde Facu.

Pero sobre todo, los aragoneses tienen ganas de descansar y de disfrutar de las vacaciones, aunque eso suponga abrocharse el cinturón durante el resto del año. Porque, año que viene, salvo que cambie la tendencia, volverá a subir los paquetes turísticos, la restauración, los alojamientos, y las familias tendrán que volver a enfrentarse a unas vacaciones caras. Y a prepararse para la cuesta de septiembre y la vuelta al cole, pero entonces, ya habrá acabado el verano y el bolsillo volverá a marcar la vida.