Periodo Vacacional

TEAnimas Jugando, un campus de verano marcado por "la inclusión y la diversión"

La escuela inclusiva TEAnimas Jugando comienza sus colonias estivales, unas clases donde los niños con y sin diversidad funcional «realizan actividades deportivas y aprenden a convivir», asegura Julián Emperador, su impulsor.

Los pequeños del campus inclusivo ayudándose en una de las actividades desarrolladas en el aula.

Los pequeños del campus inclusivo ayudándose en una de las actividades desarrolladas en el aula. / Laura Trives

Judit Macarro

Judit Macarro

TEAnimas Jugando nació un 18 de septiembre de 2021 con la idea de crear una comunidad inclusiva para niños con y sin diversidad funcional. Por aquel entonces, «en Aragón la oferta para los niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA) no era tan amplia como ahora», recuerda Julián Emperador, su impulsor.

Sobre esos primeros días en los que se hizo realidad su proyecto, explica que la escuela era una pequeña aula de juegos compuesta por 34 participantes que logró ponerse en marcha «gracias al apoyo del Stadium Venecia, que ofreció un espacio para los alumnos, y Special Olympics Aragón». Con el paso del tiempo, esta actividad fue creciendo poco a poco y, en la actualidad, ya cuenta con 73 integrantes.

Durante el año, los grupos están compuestos por niños, jóvenes y adultos que «aprenden a jugar a todo tipo de juegos y deportes, así como a respetar y convivir con personas con distintas capacidades», señala Julián. Una enseñanza que continúa también durante el verano, con el campus estival.

«Muchas familias no sabían dónde llevar a sus hijos en verano para que continuaran teniendo este tipo de actividad y, de esta necesidad, surgió la idea de continuar en los meses de julio y agosto», asegura el profesor.

Una de las participantes jugando al juego de El Pulpo.

Una de las participantes jugando al juego de El Pulpo. / Laura Trives

Desarrollo funcional

Cada semana, pequeños y mayores acuden por la mañana al centro deportivo Stadium Venecia (situado en Torrero) donde Julián les espera con todo tipo de actividades lúdicas. «Los juegos están pensados para que se diviertan, pero también para que desarrollen equilibrio y distintas capacidades motoras», concreta.

Como cada mañana, las puertas del aula se abren para recibir al grupo de participantes, que cada semana varía «para que haya siempre espacio para todos», apunta el emprendedor.

 En esta ocasión, un grupo de nueve menores de entre 7 y 16 años (siete de ellos tienen TEA) se prepara para una jornada de ejercicio y diversión. «¿A qué queréis jugar hoy?», les pregunta el profesor. La respuesta es la misma entre todos los presentes: «¡Al Pulpo!», gritan los niños.

Ante tan calurosa acogida, Julian comienza a preparar la actividad. Una labor en la que participan todos porque «aquí los pequeños también aprenden normas de convivencia y a relacionarse entre ellos con respeto», asegura el docente.

Colocados los nueve aros en el suelo, con cada uno de los niños dentro de ellos, Julian se prepara los tentáculos (unos churros de espuma), y se sube a lo alto de una silla. A su alrededor, hay pequeños conos de colores que los menores tienen la labor de recoger, eso sí, escapando de los latigazos del malvado pulpo que los custodia. Suena la música y las risas llenan la sala.

Actividades musicales

Carlota, una joven de 16 años con autismo, asegura junto a sus compañeras que las actividades que desarrollan en el aula siempre son «muy divertidas». Admite que, aunque le gustan todos los juegos, su favorito es «el pulpo» o «la orquesta». Lo que más le gusta de ambos es que «suena música y eso me hace muy feliz».

Nuria e Inés tienen nueve y siete años, respectivamente. Aunque ellas no tienen ningún tipo de diversidad funcional, su hermano Hector sí. «Nos gusta mucho venir a jugar aquí con él porque le vemos feliz y también que juega y se divierte con nosotras», dice Nuria, la mayor de las hermanas.

Aunque en el aula son las únicas que no tienen TEA, ambas dicen que «se divierten mucho» y todos los días se lo pasan en grande con sus nuevos amigos. «Jugamos a muchos juegos, es genial», asegura la pequeña, Inés.

Suena de nuevo la música y comienza otra nueva actividad. Inés coge de la mano a uno de sus compañeros y le acompaña en el recorrido de dibujos, entre los que el pequeño tiene que decir el nombre de cada trazado que Julian le describe. «Manzana», le chiva la niña en su ayuda.

«Lo más importante y bonito de esta aula es que, a pesar de las edades y de las diferencias que cada uno tiene, se lo pasan fenomenal y aprenden mucho», afirma el profesor ,orgulloso. 

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