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FEMZ muestra su preocupación ante la inminente reducción de jornada

Estima que la medida impulsada por el gobierno central causará un aumento de costes y supondrá un problema para la planificación para las empresas

La contratación puede afectar también a la contratación

La contratación puede afectar también a la contratación / FEMZ

La inminente reducción de la jornada laboral impulsada desde el Gobierno central con el objetivo de disminuir a 37,5 las hasta ahora 40 horas de trabajo semanales, se ha convertido en los últimos meses en una de las principales preocupaciones para las empresas del metal. Con las últimas novedades al respecto publicadas el pasado 1 de julio, la inquietud no ha hecho más que crecer. 

El Ministerio de Trabajo está planteando introducir el cambio ya este mismo 2024, algo que, Eduardo Bescós, responsable de Relaciones Laborales de la FEMZ, califica como «precipitado», ya que implementar una reducción de jornada en mitad de un año laboral resulta «muy complicado», no solo por todos los inconvenientes a nivel de organización administrativa, también por la falta de tiempo para asumir «el aumento de costes que va a haber sí o sí».  

Esta medida supone un riesgo para la actividad de muchas empresas, ya que con la implantación de esta nueva jornada se estima un incremento de costes de entre el 6 y el 6,5%, que sumado al aumento del 18,2% en tablas salariales en el periodo comprendido entre 2021 y 2024, da como resultado aproximado un 24% de aumento, algo muy difícil de sostener, «especialmente para la pequeña y mediana empresa». 

Además del aumento de costes directo, otro de los inconvenientes es la dificultad de planificación en la producción. «No se está concretando cómo va a ser», afirma Bescós, lo cual crea incertidumbre, especialmente en empresas de proceso productivo continuo. Se espera, además, que estos aspectos adversos sean mayores en las empresas más pequeñas, donde los trabajadores «son imprescindibles» y los ritmos de producción «mucho más difíciles de alterar». 

Junto a estas consecuencias, el cambio en la jornada traerá consigo «efectos colaterales» como la necesidad de contratación, en concreto de mano de obra cualificada, algo que «ya de por sí es una carencia en muchos sectores, especialmente en el del metal», asegura el responsable. 

Medidas compensatorias

Desde el sector del metal, reivindican que estos riesgos y desafíos deben ir acompañados de una serie de políticas diseñadas con una «planificación cuidadosa, flexible y acompañada de medidas compensatorias para mitigar los efectos negativos», expone.

Entre estas posibles medidas propuestas por la federación, se puede encontrar el desarrollo de compensaciones que alivien el aumento estimado de los costes, como puede ser la reducción permanente en las cotizaciones sociales para las empresas, además de más flexibilidad en la contratación. Sin embargo, en principio estas políticas no se están teniendo en cuenta en el diálogo social que se está llevando a cabo desde Madrid entre CEOE, el Gobierno y los sindicatos. 

«Debemos esperar a ver cómo se materializan las nuevas jornadas», confirma Bescós. Desde FEMZ, están absolutamente convencidos de que la solución a este dilema entre Gobierno y patronal «debe pasar por el diálogo social y no por la imposición unilateral», de forma que se pueda conseguir una situación laboral positiva en la que no pierdan ni empresas ni trabajadores.