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Itesal, las ventanas del futuro tienen aluminio aragonés

La empresa que fabrica sus perfiles de aluminio en Pina de Ebro desde hace más de 30 años suma 200 empleados y cuenta con la mayor red nacional de almacenes de distribución 

El director general de Itesal, Armando Mateos, junto a unos perfiles de aluminio en la fábrica de Pina de Ebro.

El director general de Itesal, Armando Mateos, junto a unos perfiles de aluminio en la fábrica de Pina de Ebro. / 'activos'

Pina de Ebro era en el año 1992 un municipio que vivía del campo. Fue por aquel entonces cuando cuatro empresarios del aluminio que tenían almacenes en Burgos, Segovia, Bilbao y Zaragoza se fijaron en la localidad ribereña. Querían invertir de forma conjunta en una planta de producción que les abasteciera de la materia prima con la que trabajaban y comenzaron a negociar una ubicación que pudiera distribuir a todos por igual. Hallaron una localidad de economía agraria, a los pies de la autovía ente Madrid y Barcelona, y allí fundaron Itesal, una compañía con sello aragonés que empezó hace ya tres decenios a construir la mayor red de distribución nacional del sector del aluminio al sumar hoy 30 almacenes, más de 200 trabajadores y una facturación anual en 2023 de 52 millones de euros.

A lo que se dedican en Itesal es a la producción de barras de aluminio, un material clave en la transformación sostenible de componentes industriales y sobre todo en la arquitectura, como denominan al producto que se destina a los marcos de puertas, ventanas, toldos o barandillas. Ahí juega un papel preponderante en los productos aislantes que se están instalando en los edificios con alta eficiencia energética, entre otros usos. En la fábrica de Pina se producen unas 11.000 toneladas de perfiles de aluminio al año, aunque la capacidad es todavía mayor, dado que podría alcanzar las 17.000 toneladas a pleno rendimiento, si bien reservan ese potencial incremento para pedidos urgentes. 

La actividad en el cuartel general de Itesal se divide en tres ramas: la extrusión, la planta de lacado (cuentan con una gama de 500 colores) y la rotura de puente térmico. La última se dedica en exclusiva a la parte de arquitectura y consiste en dos perfiles unidos ensamblados con una barra de poliamida en medio, lo que permite la eficiencia energética, térmica y acústica. En cuanto a la actividad de lacado, se pintan unas 9.000 barras al día, que son unas 2.500 ventanas al día, la medida que se utiliza como estándar, aunque sirven para hacer artículos tan variados como toldos, puertas, pérgolas, carpas para hospitales de campaña, barandillas de cristal, y un largo etcétera. 

Perfiles de aluminio en Itesal.

Perfiles de aluminio en Itesal. / 'activos'

«Está todavía por descubrir el material que sustituya al aluminio. No hay ninguno en la tabla periódica con estas propiedades, con tanta versatilidad. Cada día se utiliza, por ejemplo en la automoción como sustituto del plástico», explica Armando Mateos, director general de Itesal y presidente de la Asociación Española del Aluminio (AEA). Insiste Mateos en la reciclabilidad «casi infinita» que tiene este material, a lo que se suma que la bauxita, el mineral del que se extrae el aluminio, es uno de los más abundantes de la corteza terrestre. 

Desde la fábrica de Pina de Ebro se distribuyen entre una red de 30 almacenes repartidos por toda la geografía española, la mayor parte de ellos en la mitad norte de la península. Y ahí reside el secreto del éxito de Itesal, en la capacidad de gestionar con rapidez y a demanda del cliente un pedido de características especiales, algo que se ha convertido en la seña de identidad de la compañía afincada en Pina de Ebro. De hecho, el año pasado compraron un almacén en La Puebla de Alfindén que unificarán con el que ya tienen en el polígono de Cogullada. Además, la dirección está ultimando la compra de otros dos almacenes en Segovia y Ávila con una inversión que ronda los tres millones de euros. 

Cuatro socios fundadores

Todo comenzó cuando los cuatro socios adquirieron una máquina de extrusión, la herramienta que convierte los tochos de aluminio en finos perfiles con toda variedad de grosor, forma o extensión. Es el alma mater de la planta y actúa como una churrera que coge el tocho de materia prima y le da la forma deseada. Pasado un tiempo, los socios se dieron cuenta de que la máquina producía más de lo que necesitaban para abastecer a sus almacenes. Dejaron de ser autoconsumidores para vender el producto a otros almacenes. Y ahí, desde sus instalaciones en Pina de Ebro, comenzó la expansión de Itesal. 

Coincidió en tiempo y forma con el boom de la construcción en España, por lo que la industria asociada al sector no dejó de crecer. Adquirieron otra máquina de extrusicón y comenzaron otras actividades, como el lacado (pintura, cuentan con una gama de 500 colores) y el puente de rotura térmica. Con todo ello, de la treintena de empleados con la que comenzaron pasaron a 220.

Lacado de barras de aluminio.

Lacado de barras de aluminio. / 'activos'

La compañía debe su nombre a que en los primeros compases de la aventura empresarial un inversor italiano se iba a unir a los cuatro socios españoles, aunque a última hora se apeó del carro. Pese a ello, decidieron que el nombre tenía gancho: Italo Española del Aluminio, o Itesal, como la conoce todo el mundo hasta ahora. 

Itesal había crecido a lomos de la construcción, así que cuando llegó el crac inmobiliario de 2008 el castillo del aluminio podría haberse venido abajo. Sin embargo, la crisis real del aluminio en España no llegó hasta tres o cuatro años después, cuando el sector se desplomó por una razón muy disinta: la producción de placas solares y fotovoltaicas, para las que se fabricaron ingentes cantidades de marcos de aluminio. «Hasta 2012, las placas se fabricaban en España porque el Gobierno daba ayudas y primas a la producción de energía fotovoltaica. Las primas eran bestiales y cuando se tuvieron que dejar de pagar, las placas empezaron a fabricarse en China, y una vez se fue la producción nunca volvió», señala Armando Mateos. 

Las placas que sujetaron el sector

El auge de las placas fotovoltaicas sujetó al sector durante tres años, pero a partir de 2011 hubo que buscarse la vida. La carencia de demanda en España llevó a Itesal a apostar por la exportación, donde crearon y reforzaron vínculos con Francia y Reino Unido. Las ventas al exterior suponen ya un 38% de la producción total de la compañía. 

El aluminio tiene la característica de cotizar en bolsa, por lo que los precios son muy volátiles. Eso hace que con la misma producción una empresa como Itesal pueda facturar con las mismas ventas e idénticos beneficios 60 millones en 2022 y 52 en 2023. Más lo fueron aún los costes de producción en los compases posteriores a la pandemia, cuando las facturas de luz y gas multiplicaron su precio por siete y ocho.

Sin embargo, el sector camina al alza, dado que los beneficios en materia de sostenibilidad que proporciona el aluminio, tanto por su reciclabilidad como sus características como aislante, hacen que esté cada vez más presente en la industria y sobre todo en la arquitectur de los hogares. Por ahí camina Itesal, que se ha focalizado en esa segunda rama en la que quiere seguir creciendo. Pero siempre desde Pina de Ebro. 

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