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EMANCIPACIÓN

Una joven zaragozana recién independizada: "Si me sube el gasto del gas, me quedo sin ir a cenar por ahí"

Cada vez son más los aragoneses que, aun con un trabajo estable, viven con sus padres por no poder afrontar los precios de los alquileres

Una joven mira los carteles de alquiler en Zaragoza, en una imagen de archivo.

Una joven mira los carteles de alquiler en Zaragoza, en una imagen de archivo. / Andreea Vornicu

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Zaragoza

Independizarse se ha convertido en un objetivo cada vez más imposible de cumplir para los jóvenes. Y es que da igual que se dediquen a lo que han estudiado y que su salario sea, para acabar de comenzar en el mundo laboral, «decente», porque los precios de los alquileres sobrepasan sus posibilidades. Y así, claro está, resulta imposible ahorrar o elaborarse un plan de futuro. 

En esta situación se ha visto el zaragozano Jorge Simón. A sus 24 años, y tras haber estudiado un máster en Barcelona, le surgió una oportunidad de prácticas que le llevó a vivir a Madrid. Allí pagaba 470 euros al mes (sin gastos) en un piso compartido entre siete personas en el que, como cuenta, «no iba a aguantar mucho porque quería estabilidad». 

Su necesidad de independizarse se debía, entre otros motivos, a que en octubre comenzará un doctorado en PhD en Ingeniería Aeroespacial por la Universidad Carlos III, que le supondrá vivir cuatro años más en la capital. Según relata, ha tenido que «invertir muchos días» en encontrar un apartamento que, además, va a compartir con otro compañero. Aunque el doctorado le va a permitir tener una situación económica más estable, Jorge expresa que el alquiler les cuesta, sin gastos incluidos, 1.200 euros al mes, y especifica que se trata de «un piso de sesenta y pocos metros cuadrados y todo de interior». «Voy a tener que invertir más del 40% de mi salario en el alquiler», agrega. Y luego, con la otra mitad, tiene que gestionar los gastos del piso (WiFi, agua, luz, etc.), de la comida y de su ocio personal. «Así es imposible ahorrar», sostiene. Jorge explica que vivir fuera le supone «estar constantemente mirando la cuenta», y añade que es «una situación muy dura». «Tengo que poder vivir», afirma. 

La situación de Mario tampoco es fácil. A sus 27 años, vive en Utebo junto a sus padres y trabaja como profesor interino en un colegio público. Aunque también es árbitro de baloncesto, el no tener plaza fija le «imposibilita» cumplir su objetivo de mudarse a la capital aragonesa. «Me van destinando a pueblos, y con lo caro que están los alquileres no puedo pagarme un piso en Zaragoza y otro en dónde me manden a trabajar», explica.

También María Csernaski, que tiene 23 años, ha vivido la dificultad de irse de casa. Ella es de Torrijo del Campo (Teruel), pero trabaja en una empresa de auditoría en Zaragoza. Según explica, empezó allí hace seis meses con un «salario mínimo», y aunque en junio le subieron el sueldo, sus ingresos «se siguen quedando cortos», informa. Ahora ha conseguido irse a vivir a un casa pequeña de dos habitaciones cerca del paseo Ruiseñores, pero ella no lo considera independizarse. «En septiembre mi hermana vivirá conmigo, pero estos meses mis padres han tenido que pagar la mitad del apartamento», cuenta. Paga, sin costes incluidos, 670 euros mensuales, lo que le supone «ir justa para invertir en ocio», expresa. «Valoro mucho mi tiempo libre y me tengo que cortar en muchas cosas. Si me suben los gastos de gas, tengo que dejar de ir a cenar por ahí», relata.

Daniel tiene 39 años y también se ve obligado a compartir piso. Su salario es de 1.150 euros, y entre ambos compañeros pagan alrededor de 500 euros de alquiler. «Mi interés desde hace mucho tiempo es poder vivir solo. Ahora es imposible, si no es viviendo al día por completo, sin capacidad de ahorro», sostiene.

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