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Cuencas Mineras

Aparece un asentamiento de la Edad del Bronce en el pantano de Las Parras

La consolidación de los restos visigodos que el estiaje ha dejado visibles en las orillas del embalse ha permitido detectar nuevas estructuras arqueológicas de barro y madera

Excavación de los muros de la Edad del Bronce que han aparecido en los trabajos de consolidación del yacimiento del pantano de Las Parras. | SERVICIO ESPECIAL

Excavación de los muros de la Edad del Bronce que han aparecido en los trabajos de consolidación del yacimiento del pantano de Las Parras. | SERVICIO ESPECIAL / Servicio Especial

David Chic

David Chic

Zaragoza

Los restos arqueológicos que se encuentran bajo las aguas del pantano de Las Parras, en la provincia de Teruel, tienen más diversidad de la que se pensaba. Así lo constatan los arqueólogos que durante la pasada semana estuvieron trabajando en la consolidación de las tumbas visigodas que la bajada del nivel del agua han dejado a la luz. Junto a los enterramientos humanos se han descubierto nuevas estructuras de madera y barro que podrían corresponder a un asentamiento de la Edad del Bronce. En estos momentos se está trabajando en su catalogación e investigación definitiva.

El pasado mes de abril, cuando el embalse quedó a un 30% de su capacidad como consecuencia de la sequía, salieron de nuevo a la luz una serie de huesos humanos que podrían pertenecer a una necrópolis visigoda que se estudió hace unos quince años. Desde el Ayuntamiento de Martín del Río, localidad en la que se encuentra el pantano, alertaron sobre el riesgo de vandalización y deterioro que suponía tener los restos expuestos a la intemperie y sin vigilancia. Algunos, como las calaveras, son muy llamativos y terminaron siendo dañados. Por ese motivo, desde la Dirección General de Patrimonio Cultural se decidió acordonar la zona y pedir la vigilancia del Seprona.

En ese momento desde el Gobierno de Aragón se inició un procedimiento de urgencia para afrontar la catalogación y estabilización del yacimiento. «Nuestra intención es que todos los restos queden bien protegidos cuando se produzca la subida del agua», manifestó el jefe de sección Paco Romeo.

Parte de los restos humanos de la etapa visigoda que la retirada de las aguas han sacado de nuevo a la luz.  | SERVICIO ESPECIAL

Parte de los restos humanos de la etapa visigoda que la retirada de las aguas han sacado de nuevo a la luz. | SERVICIO ESPECIAL

El responsable del trabajo de consolidación y estudio de los restos ha sido el arqueólogo Javier Ibáñez. En la rápida campaña, financiada por el propio Gobierno de Aragón y en la que han participado cinco especialistas (dos arqueólogos y tres auxiliares de excavación), han podido actualizar los estudios que se realizaron hace más de una década, ampliando el conocimiento que se tiene del yacimiento.

Realizando esos trabajos constataron la existencia de restos cerámicos de la Edad del Bronce que les llevaron a excavar a pocos metros de los enterramientos humanos del periodo visigodo. En ese punto es donde han aparecido restos de cenizas, de estructuras de madera y de muros de barro que posiblemente correspondan a un asentamiento de esa misma época, hasta ahora desconocido. Los muros y estancias todavía se pueden perimetrar.

«Podemos pensar que son estructuras que fueron destruidas por la acción del fuego, de forma que el asentamiento podría contener los elementos que se encontraran in situ en el momento de la destrucción», indica Ibáñez. Sin embargo, todavía es pronto para saberlo, pues no existen planes para una excavación exhaustiva, algo que la propia existencia del embalse complica enormemente. «Con la información que hemos recabado se tendrán que tomar las próximas decisiones», explica.

El proceso de consolidación de todos estos restos finalizará cubriendo los restos con geotextil y una capa de gravas. Desde el consistorio de Martín del Río, con la colaboración del Gobierno de Aragón, organizaron ayer una jornada de puertas abiertas para explicar a los vecinos los avances en el yacimiento. «Es fundamental explicar el patrimonio y transmitirlo a la sociedad», indicó el jefe de sección del Ejecutivo autonómico.

Entre los hallazgos que ya se conocen destacan las ocho tumbas, delimitadas por losas de piedra. Pese a su deterioro, seguramente anterior a la construcción del pantano, son unos restos significativos por la poca frecuencia de esta tipología en la comunidad. A falta de las pruebas definitivas que se realicen en los huesos, la existencia de un broche metálico permite datar su época en la antigüedad tardía. «Todos los yacimientos son realidades únicas, no existen dos enclaves iguales», recuerda Ibáñez.

Las nuevas estructuras aparecidas, asociadas a los restos de cerámica que permiten datar su origen, aún requieren más tiempo de estudio para valorar su importancia y su extensión. «Lo lógico es que pueda haber más cosas», indica el arqueólogo.

Tanto los huesos recuperados como las nuevas evidencias han sido trasladadas al museo de Teruel a la espera de los próximos pasos. Desde el municipio celebran que el problema a corto plazo esté resuelto, pero saben que aún queda trabajo que realizar en las orillas del pantano de Las Parras. 

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