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El declive de la caza en Aragón: los aficionados sin coto piden apoyos para acceder al monte

Los cazadores procedentes de ciudades sin vínculos rurales lamentan las dificultades que hay para ejercer su deporte

La caza menor ha perdido aficionados en Aragón en los últimos años.

La caza menor ha perdido aficionados en Aragón en los últimos años. / SCCZ

David Chic

David Chic

Los cazadores procedentes de ciudades sin vínculos rurales lamentan los dificultades y «abusos» que encuentran para ejercer su deporte por el control que los residentes ejercen sobre los cotos y los permisos de acceso. El presidente de la Sociedad de Cazadores Ciudad de Zaragoza (SCCZ), Ignacio García, lamenta que varios miles de cazadores aragoneses que no viven en un pueblo ni tienen ningún tipo de lazo no logren facilidades para ejercer su pasión.

«Creo que habría que facilitar que de una forma ordenada, sobre todo ahora que especies como el jabalí o el conejo están haciendo mucho daño, que las administraciones, la federación, los ayuntamientos y las sociedades de cazadores buscaran una fórmula imaginativa para recolocar a aficionados que están deseando tener un sitio donde poder cazar en los municipios con menos población», detalla.

El trasvase de población desde los pueblos a las ciudades es otra de las razones, que junto al envejecimiento, está detrás del declive de la caza. «La gente joven sale de los pueblos y ya busca otro tipo de ocio», asegura García, olvidando una práctica que tiene mucho que ver con los lazos familiares. «En Aragón este deporte tiene mucho que ver con lo social, con los grupos de amigos, casi no existe el modelo de monterías que predomina en otras comunidades», reconoce el presidente de la Federación Aragonesa de Caza (Farcaza), Miguel Ángel Girón.

Los aficionados urbanos explican que este desembarco de los cazadores provenientes de la ciudad, sin lazos familiares o sociales con los pueblos donde se encuentran los montes, se tendría que hacer sin perjudicar el medio ambiente ni destruir el equilibrio de los ecosistemas. «No queremos que aparezcan cincuenta personas en un coto para arrasarlo, pero seguro que pueden absorber seis o siete aficionados más», indican.

En estos momentos, buena parte de los cotos y los ayuntamientos cometen lo que desde SCCZ consideran «abusos» al cobrar por los permisos hasta quince veces más que las tarifas establecidas para los empadronados. Y eso en el caso de las zonas en las que se abren cupos. «La caza es envidiosa y lo único que buscan es capturarlo todos entre ellos», lamenta.

En Aragón prima la autogestión de los cotos, y la inmensa mayoría de los gestores cinegéticos establecen cupos y periodos de caza más restrictivos que lo que marca el plan general establecido por el Gobierno de Aragón en especies con poblaciones normalizadas, por ejemplo, para la perdiz roja. En este cupo también se encuentran aves como la codorniz o el zorzal.

«La caza tiene que estar controlada, sobre todo la que hace daño y sobreexplota los recursos naturales, pero es necesaria para garantizar el equilibrio de los montes», evidencia García.

La SCCZ considera que los aficionados que se desplazan desde las ciudades también contribuyen al desarrollo económico de este sector que, según la Farcaza, mueve más fondos que el del la nieve. Con todo, los últimos estudios oficiales se realizaron hace una década y están tratando de actualizarlos a la nueva realidad del deporte en toda España.

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