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Servicios sanitarios

Las aragonesas recibieron menos atención médica que los hombres durante el covid

Un estudio de la Universidad de Zaragoza evidencia que las mujeres fueron "menos diagnosticadas" por su rol de cuidadoras y por ingresar más a menudo en residencias

Vacunación en una residencia de Zaragoza durante la pandemia del covid.

Vacunación en una residencia de Zaragoza durante la pandemia del covid. / El Periódico de Aragón

David Chic

David Chic

Zaragoza

Las aragonesas recibieron una menor asistencia médica durante el covid en comparación con los hombres. Muchos casos quedaron sin tratamiento y sus ingresos hospitalarios fueron más cortos. Un estudio de la Universidad de Zaragoza difundido ayer ha recabado evidencias de que las mujeres fueron «menos diagnosticadas» en las primeras olas de la pandemia por su rol de cuidadoras y por estar alojadas, debido a que alcanza más edad, en residencias para personas mayores.

Un estudio realizado durante dos años por el Grupo de Investigación en Servicios Sanitarios de Aragón (Grissa) ha concluido que las mujeres ingresaron en hospitales y ucis con menor frecuencia que los hombres por la pandemia y que de media sus estancias fueron más cortas.

La investigación ha tenido en cuenta los datos disponibles sobre 390.000 personas residentes en Aragón entre marzo de 2020 y 2022 que tuvieron diagnóstico positivo. Con el título Desigualdades de género en la atención sanitaria en crisis sanitarias: cuando la incertidumbre puede conducir a la desigualdad las investigadoras Isabel Aguilar, Sara Castel, Sara Malo, María José Rabanaque, Julia Teresa y Blanca Obón evidencian las diferencias en la asistencia sanitaria entre hombres y mujeres durante la pandemia, que aunque se fueron reduciendo durante la misma, «persistieron incluso después de considerar factores como la edad de los pacientes, su nivel socioeconómico, la existencia de otras patologías o el lugar de residencia», entre otros.

«Siempre existen desigualdades y durante una situación de crisis se ven más expuestas», considera Aguilar a la hora de valorar los resultados obtenidos. «Además, en el caso de que irrumpa la enfermedad en la familia, la mujer siempre se coloca en último lugar», manifiesta. 

La investigación muestrasdiferencias sociales y económicas que colocan a la mujer en esta «situación de vulnerabilidad» que ha supuesto su peor diagnóstico y tratamiento en los meses del covid. Entre los factores que han destacado se encuentra que las aragonesas acaban ingresadas más veces en residencias, debido principalmente a su mayor longevidad, la mayor incidencia de demencia y depresión, en algunos casos también la soledad, y su situación socioeconómica más desfavorecida.

A esto se suman otras realidades también conocidas en el uso de servicios sanitarios, como es el rol de cuidadora de la mujer, que suele hacer que su diagnóstico y atención médica se retrasen, y la existencia de protocolos aplicados por igual en el sistema sanitario cuando «no todos los síntomas son iguales» en hombres y en mujeres y los procesos de atención y cuidado también deben, por tanto, ser diferentes, asevera el estudio.

«Nos hemos encontrado con situaciones cotidianas que se ven reflejadas en los datos, otros estudios similares nos muestran las mismas conclusiones», apunta la también investigadora María José Rabanaque.

El trabajo ahonda en las causas socioeconómicas en la que se asientan estos datos y mantiene que el menor nivel socioeconómico de las mujeres, jubiladas y viudas, podría explicar también gran parte de las diferencias, al tiempo que subraya que las mujeres y los hombres están utilizando de manera diferente los sistemas sanitarios, algo que se observa en otros estudios de estas características.

«Sabemos que las personas con menos nivel socioeconómico utilizan de forma distinta los servicios sanitarios, habitualmente son diagnosticadas más tarde y sus estancias son más cortas», afirman las investigadoras.

Por ello concluyen que para reducir las desigualdades en salud y en los servicios recibidos es esencial disponer de directrices claras y definiciones de atención médica que tengan en cuenta la perspectiva de género y abogan por considerar como eje primordial «la atención a los grupos en situación de mayor vulnerabilidad para evitar incrementar las desigualdades ya existentes».

De izqda. a dcha: Sara Malo Fumanal, Isabel Aguilar Palacio, María José Rabanaque Hernández, Blanca Obón Azuara.

De izqda. a dcha: Sara Malo Fumanal, Isabel Aguilar Palacio, María José Rabanaque Hernández, Blanca Obón Azuara. / Unizar

Entre los datos en los que se asienta la investigación para evidenciar el menor ingreso de las mujeres en hospitales y su estancia más reducida en áreas de medicina intensiva figura que el 77 % de los hombres que murió a causa de la enfermedad producida por la covid-19 a los 30 días del diagnóstico habían estado ingresados mientras que en el caso de las mujeres esta cifra se reduce en ocho puntos, hasta el 69 %.

Respecto a las UCIs, también fue más frecuente el ingreso de hombres que de las mujeres, con mayores diferencias en la primera ola (10,7 % en hombres frente a 3,6 % en mujeres).

Con todo, matizan que con el paso de los meses y el mayor conocimiento de la información la situación aragonesa se fue normalizando. «Las vacunas cambiaron la situación, pero si se profundizara en las situación actual se podría encontrar todavía un sesgo en este sentido», reconoce.

Entre las recomendaciones que deslizan en el artículo publicado en Archives of Public Healt destaca la petición de incluir «una perspectiva de género en los procesos de toma de decisiones» al ser algo «crucial para una respuesta y recuperación eficaz ante las crisis». En este sentido, afirman que es necesario realizar esfuerzos para prepararse ante futuras pandemias y crisis sanitarias.

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