25 AÑOS DEL PRIMER GOBIERNO DE IGLESIAS
Marcelino Iglesias: "Creo a Pedro Sánchez y Begoña Gómez. No hay nada"
El único presidente de Aragón que encadenó tres legislaturas rememora sus logros y sombras en su primera entrevista con un medio en 15 años

Marcelino Iglesias, en la entrevista con EL PERIÓDICO, en el Casino de Huesca. / MIGUEL ÁNGEL GRACIA

Poco (casi nada) tiene que ver este Aragón de noviembre de 2024 con la comunidad que empezó a gestionar Marcelino Iglesias Ricou (Bonansa, 1951) en el verano de 1999. Han pasado 25 años, un cuarto de siglo. El cambio de la peseta al euro, la revolución digital, la guerra de Irak, el 11-M, el freno al trasvase del Ebro, el nuevo Estatuto de Autonomía, la Expo de Zaragoza, el fin de ETA, la crisis financiera y la pandemia, entre otras muchas cosas, separan en el tiempo la llegada del socialista de Bonansa al Pignatelli de la conversación con EL PERIÓDICO este martes, en el Casino de Huesca.
La primera entrevista en quince años del mandatario que ha dirigido la comunidad durante un mayor periodo de tiempo –tres legislaturas, en dos siglos distintos– sirve para poner a Aragón frente al espejo. También al PSOE, al PP, al Gobierno de España y a la política actual. Retirado de la primera fila desde hace tiempo, Iglesias hace memoria y analiza la actualidad sin ataduras.
"Cuando terminamos, en 2011, Aragón estaba mucho mejor que cuando empezamos", defiende con orgullo. Entre su legado, él destaca el «gran Estatuto» de 2007; la asunción de las competencias de Educación y Sanidad; la Expo del Agua en Zaragoza; el impulso al aeropuerto de Teruel; la creación de Motorland y de la radiotelevisión autonómica; la transformación de la comunidad en un nudo logístico de primer orden; la construcción de 23.000 viviendas públicas; el freno al trasvase del Ebro en Europa "en tiempos de mayoría absoluta de José María Aznar" o la creación de Aramon.
"Hasta entonces, sin las transferencias de Sanidad y Educación, que duplicaron el presupuesto y el personal de la comunidad, y con un Estatuto de tercera división, la comunidad era menor de edad. A partir de entonces, se hizo mayor", reflexiona. "Fue una etapa de gran estabilidad en el Gobierno, en la sociedad y en el partido", recalca.

Marcelino Iglesias, en la plaza Navarra de Huesca. / MIGUEL ÁNGEL GRACIA
Una "estabilidad" que no deja de agradecerle al PAR, su socio entonces, que le permitió "gobernar en coalición y sin encontronazos". José Ángel Biel, quien fuera su vicepresidente, pidió el voto para el PP de Jorge Azcón en las últimas elecciones autonómicas. Una situación, la del PAR, que produce "tristeza" al expresidente Iglesias. "Me da mucha pena que ese partido desaparezca", deja caer. ¿Tan mal lo ve? "Si no hay milagros...", suspira.
Echar la vista atrás 25 años ayuda a comprender mejor algunas cosas y pone sobre la mesa otras. ¿Qué ocurre ahora con esa añorada estabilidad? "Hay que buscar la estabilidad entre varios. Cualquiera que gobierne va a tener que contar con mucho ejercicio de diálogo en el Parlamento y tendrá que ponerse de acuerdo con quienes piensan diferente", considera, mirando tanto al Congreso como a las Cortes, y marcando en la crisis financiera el inicio de una fragmentación política y una polarización que afecta a Europa.
Con la mirada puesta en Madrid, Iglesias reconoce que la aritmética parlamentaria que sustenta a Pedro Sánchez es endiablada. Ahora bien, no ve peligrar la legislatura. "Pedro (Sánchez) ha demostrado que es un funambulista que se mueve bien en el alambre", asegura. En Aragón, cree que Azcón salvará su minoría parlamentaria, de nuevo, con un acuerdo con Vox. "Creo que al final se entenderán. Vox es una rama que se separó del PP, es una escisión. Lo triste es que decidirán desde Madrid para Aragón», añade. Igual de "descorazonador" le parece que "personas que se manifiestan contra la autonomía y a favor del trasvase presidan instituciones".
La imputación de Begoña Gómez
Volviendo a Sánchez, el expresidente aragonés no duda en defenderlo y en distanciarse, a su vez, de las consideraciones de su sucesor socialista en el cargo, Javier Lambán, que dijo que convocaría elecciones si estuviera en su situación.
"Yo me creo a Pedro Sánchez y a Begoña (Gómez) y creo que ahí no hay absolutamente nada. Desde el primer día el PP lo ha considerado un presidente ilegítimo y han intentado debilitarlo. Han visto que en lo político era bastante resiliente y están intentándolo en lo personal. Eso no tiene chicha", defiende.
En la última semana, a la fragilidad de Sánchez se suma la de Sumar, que trata a duras penas de apagar el fuego provocado por Errejón. "Ha sido un rejón a la línea de flotación de esa parte de la izquierda, que ha hecho del feminismo su principal argumento", añade Iglesias, que espera que Yolanda Díaz «controle» la situación.
El relevo de Lambán
De puertas adentro, el PSOE aragonés vive momentos de cambio, con el relevo de Javier Lambán en el aire y, todavía, sin candidatos. El debate llega en uno de los momentos de mayor tensión entre las federaciones zaragozana y altoaragonesa, desde la que pidieron hace meses iniciar la sucesión. Iglesias anunció a principios de su última legislatura que no se presentaría más y abrió su sucesión, aunque luego perdieron las elecciones.
Lambán anunció hace tiempo que no repetiría, pero sigue sin haber relevo. "En unas semanas habrá un congreso, y espero que las cosas se puedan encauzar. Los congresos son para eso; para volver a empezar", asegura el expresidente. Le cuesta señalar a un hipotético nuevo líder. "Lo que no faltan son candidatos", dice sonriendo.
Preguntado por Pilar Alegría, que sigue guardando silencio sobre su futuro, no oculta que la vería al frente del socialismo aragonés. «Creo que tiene una gran experiencia, una gran capacidad, es de un pueblo pequeño, con comportamientos sencillos. Está en uno de los puestos más difíciles y no está teniendo errores», elogió, aunque reconoció que no es "subjetivo". Alegría le acompañó como adjunta en su etapa de Secretario de Organización del PSOE, cuando José Luis Rodríguez Zapatero preparaba el congreso de su sucesión en el que se impuso Alfredo Pérez Rubalcaba. Iglesias ya compaginó, entonces, un cargo nacional y otro autonómico. La duda es si Alegría seguirá sus pasos.
Entre Aragón y Madrid anda la pugna en las últimas semanas a cuenta de una financiación autonómica que restará 87 millones de euros a las arcas aragonesas. Iglesias asegura que «desde Aznar, todos los sistemas de financiación se han empezado a negociar en Cataluña».
Iglesias recuerda que en Aragón «no somos ni más ni menos que nadie, pero somos 1.300.000 habitantes». «La política de Ayuso no se puede hacer desde Aragón. Necesitamos la cooperación del Estado, gobierne quien gobierne», considera, acordándose de grandes proyectos como la fábrica de baterías y de la implicación «total» que tuvo, en su día, Zapatero con la Expo. Respecto a la financiación, pide más vehemencia para hacer cumplir un Estatuto de Autonomía que prevé la bilateralidad con el_Estado. «La autonomía ha dejado de estar de moda», lamenta.
De su época perviven reivindicaciones como el Canfranc, que el expresidente Iglesias pide completar con un túnel a baja cota. Otros proyectos los cuenta entre las sombras de su etapa, como la Travesía Central Pirenaica. «Tuvimos que renunciar a ella cuando estaba encarrilada». Y se acuerda también de que miles de personas perdieron su empleo por la crisis financiera. Sin embargo, quita hierro otros aparentes fracasos, como el caso Plaza: «Fue una serie de acusaciones a mi Gobierno que quedaron en nada». Veinticinco años después, Marcelino Iglesias se reivindica como el líder que fue.
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