Alberto Quílez, el profesor de Unizar nominado a los 'Goya' de la Educación: "El mayor reto del docente es ganarle la partida al PowerPoint"
El profesor de la facultad de Huesca de Ciencias Humanas y de la Educación ha sido incluido, por tercer año consecutivo, entre los diez nominados a los premios Educa Abanca, que el próximo mes de marzo elegirán al mejor docente universitario de España

El docente de Unizar Alberto Quílez, en una imagen cedida para esta entrevista / Servicio especial
No es una noticia nueva para Alberto Quílez (Alcañiz, 1982) estar incluido entre los 10 docentes universitarios que pugnarán por convertirse en el mejor de toda España. Un reconocimiento que tampoco termina de creerse del todo, pese a la etiqueta que tienen los premios Educa Abanca de ser los Goya de la Educación. "¿Qué es ser buen docente y cómo se mide?", no duda en preguntar. La mirada de este profesor en el Campus de Huesca de la Universidad de Zaragoza está puesta en el día a día en el aula, en salirse del carril y poner al discurso y la reflexión en el centro de la educación.
PREGUNTA. Es la tercera vez que le incluyen entre los mejores docentes de España. Parece ya una costumbre
RESPUESTA. Estoy muy contento y orgulloso. La nominación para entrar a los premios la hacen los alumnos y eso quiere decir que haces algo que merece reconocimiento. A partir de ahí, para estar entre los diez finalistas se mira el currículum. He demostrado que no estoy con los brazos cruzados, sino que me muevo y hago cosas diversas y variadas en el ámbito científico, académico y con proyección social.
P. ¿Tiene un valor añadido que sean los alumnos quienes presenten su candidatura?
R. Es un plus. Para mí eso está compartido, porque desde luego muy agradecido y muy feliz que mis alumnos me reconozcan, pero luego también está esa parte en la que sí que valoran de manera más técnica un jurado especializado tu currículum, y el valorar que lo que haces más allá de la opinión subjetiva que hayan dicho tus alumnos, más allá de que te hayan nominado, sino luego ya en un grupo de expertos que valoran de verdad tu trabajo serio, que te reconozcan ellos también los indicios, por decirlo de alguna manera, que han indicado ya tus alumnos, pues desde luego que de manera global está perfecto. Y que sean tus alumnos los que dan el primer paso, pues desde luego que eres muy contento y muy orgulloso.
P. ¿Le ha hecho la misma ilusión esta vez que la primera?
R. Honestamente me da un poco igual, porque cuando me dicen que el título es al mejor docente siempre lanzo la misma pregunta: ¿qué es ser un buen docente? ¿Quién tiene la varita mágica para medir eso? Soy un poco escéptico con lo que representan este tipo de premios, pero también cumplen con su función. Es una oportunidad para poner nuestro trabajo encima de la mesa y recordar lo importantes que somos los docentes y que es la educación.
P. ¿Qué es para usted un buen docente?
R. A mí me marcaron los docentes que eran muy humanos y cercanos, con los que el aprendizaje no quedaba solo en la instrucción, sino que había una retroalimentación más cercana y personal. Querían que tú aprendieses. Despertaban mi interés y tenían esa sensibilidad y delicadeza de no rendirse nunca, de no dar a nadie por perdido.
P. ¿Estos reconocimientos le afectan añaden mayor presión en su día a día?
R. Yo mismo me creo cierta exigencia y reflexiono sobre lo que hago y cómo lo hago, pero no tengo esa carga de esperar que me nominen otra vez. Tengo claro que cada año puedes llegar de manera especial a cuatro o cinco alumnos, no a los 240 que pueda tener.

Alberto Quílez / Servicio especial
P. ¿Cuáles son para usted la bases del modelo de educación que defiende?
R. Mi máxima es tratar de personalizar las trayectorias de aprendizaje, es decir, enseñar al alumno tomar decisiones en las que él, de manera independiente, es capaz de aprender a acomodarse el aprendizaje o a buscar estrategias que le ayuden a aprender más y mejor. Lo único que tienes que dar es un poco de flexibilidad y tratar de comprender también las decisiones que ellos van tomando.
P. Es un paradigma muy alabado pero minoritario ¿Por qué cuesta dirigir la educación hacia este camino?
R. Requiere mucha exigencia, mucha programación, tener una evaluación de carácter más profesional, más continua, más formativa. Evaluar de esa forma es más trabajo y responsabilidad para el alumno y para el docente. Además, necesita de mucha más coordinación entre el grupo docente.
P. ¿Para quién es más exigente?
R. A partes iguales. El docente que lleva 25 años enseñando de una forma no querrá complicarse la vida, mientras que el alumno lleva 12 años en un sistema educativo que le ha enseñado de una manera. A ver cómo les cambias a los 18 años todo eso. A mis alumnos les digo que no se preocupen si algo no les sale todo lo bien que esperan porque durante años han sido entrenados para otra cosa, que es un examen escrito de carácter ordinario y basado en la memorización. Yo les pido que hagan un trabajo cooperativo, una reflexión y una relación de contenido.
P. ¿Es más difícil ahora llegar a los alumnos? ¿Cuál es el mayor reto al que se enfrentan los docentes?
R. Siempre ha sido complejo, pero ahora mucho más. Estamos ante una revolución tecnológica donde los avances van mucho más rápido y no hay casi tiempo de adaptación. El mayor reto que tenemos nosotros, sobre todo en la universidad, es ganarle la partida al PowerPoint y poca gente se lo plantea. Si pones en la pantalla algo visual, ya está, acabas de pasar a un segundo plano y cuanto más bonito y llamativo es, más nos convertimos nosotros en un susurro en el fondo del aula. O el discurso del docente es muy bueno o acaba de perder la partida.
P. ¿Cuál es la alternativa?
R. Pizarra, tiza y un discurso más elaborado y estudiado. Es más exigente, pero hay que volver a poner de relieve el discurso.
P. ¿Qué se enseña cuando sabemos que probablemente que el mundo de mañana será muy diferente al actual?
R. Yo les hablo de la necesidad de que paren porque la sociedad en la que viven ya está muy acelerada y solo se puede contrarrestar parando y reflexionando. Trato de que reflexionen y que piensen en el hoy, como mucho mirando el mañana, pero explicándoles que no hacer falta que miren demasiado lejos ni piensen que se están jugando todo, por ejemplo, en un examen.
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