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Divorcios: cada vez más menores en Aragón se niegan a ver a uno de los progenitores

Los niños tienen derecho a ser escuchados en los procedimientos judiciales

Un grupo de adolescentes pasea por la calle, en una imagen de archivo.

Un grupo de adolescentes pasea por la calle, en una imagen de archivo. / Elisenda Pons

Escuchar al menor en un juicio es obligatorio en España, un principio que cobra especial importancia en los procedimientos judiciales por separación matrimonial. Y es que son muchos los casos de hijos que no quieren ver a uno de los dos progenitores tras el divorcio. Prueba de ello da Simón Lahoz, abogado de familia de Zaragoza que afirma que lleva «muchos casos de menores que no quieren ver a uno de los progenitores».

En este sentido, señala cuatro puntos distintos con los que se percibe esta realidad. El primero de ellos, «la exploración judicial». Según explica, esta consiste en «una entrevista del juez con los menores» que se realiza de forma frecuente en los procedimientos judiciales por divorcio cuando hay discrepancias sobre los asuntos que afectan a los niños. «El juez debe escuchar a los mayores de 12 años», afirma Lahoz, que recuerda que así está recogido en la ley. Además, también queda así establecido en el artículo 12 de la Convención de los Derechos del Niño, donde se indica que «se dará en particular al niño oportunidad de ser escuchado, en todo procedimiento judicial o administrativo que afecte al niño». Según especifica Lahoz, «muchas veces, si tienen uno o dos años menos de 14 y se expresan bien, también se les escucha».

El siguiente punto que menciona Lahoz es el «informe psicosocial», que define como un estudio realizado «por un psicólogo y un trabajador social». Con este se realiza una valoración psicológica de la familia. También a este hace referencia Diego Muñoz, otro abogado de familia de Zaragoza que apunta que este permite «hacer una composición más realista de lo que sucede».

En tercer lugar, Lahoz explica que es común percibir esta situación en el punto de encuentro familiar, un espacio neutral establecido para que se cumplan las resoluciones judiciales o administrativas relacionadas con el régimen de visitas establecido entre el menor y los progenitores en los procesos de divorcio. «Hay casos en los que en estos puntos, cuando se hacen las entregas y recogidas entre los progenitores, los hijos se niegan», precisa Lahoz. Si se da este escenario en el que el hijo no quiere ir con el otro progenitor, «no se obliga al menor», añade.

La misma dinámica se puede dar también cuando las recogidas y entregas de los niños se realizan en los domicilios. Lo cuenta Lahoz: «Hay casos en los que el progenitor va a buscar al menor a la casa de la otra parte y el niño no quiere irse con él. Entonces, el rechazado puede llamar a la Policía Local, que lo suele hacer, para que se persone. Pero en la mayoría de casos, a no ser que sean muy graves, esta no va». De nuevo, prevalece el interés del menor.

Es precisamente a este punto al que ambos abogados de familia de Zaragoza señalan. «En cualquier caso, no se le obliga», afirma Lahoz. La situación de la capital aragonesa dista así de lo denunciado a mitad de septiembre por la Asociación Española de Abogados de Familia (Aeafa), que se dirigió al Comité de los Derechos del Niño de la ONU para afirmar que en España se vulnera el derecho de los niños, niñas y adolescentes a ser escuchados en los divorcios y rupturas en los que se aclaran cuestiones esenciales para sus vidas.

«En Zaragoza, los juzgados de la provincia tienen muy claro que se debe hacer caso al menor», subraya Muñoz, que informa de que incluso se dan casos de hermanos menores que tienen diferentes tipos de custodia. «Se puede dar la circunstancia de que un hermano tenga 13 o 14 años y el otro 9. En estos casos puede regir el principio de no separación de los hermanos, pero nos han mandado sentencias en las que se ha escuchado a los menores y uno tiene custodia individual y el otro compartida», explica.

«Cuando un adolescente se posiciona frente a un progenitor y lo verbaliza, con lo que eso le cuesta, es porque lo quiere así», sostiene Muñoz. Así, subraya que «cuando tienen 13 o 14 años ya saben qué decisión toman». «Son guerras que se libran desde mucho tiempo antes de que el niño decida, que tienen que ver con el día a día, con el tiempo pasado con los hijos…», comenta.

Lahoz considera que, aunque este tipo de casos son numerosos, ahora está más «normalizado» que los menores tomen sus propias decisiones respecto a estas cuestiones. «Antes era más complicado, pero ahora se gestiona de otra manera y la gente asimila más que un hijo pueda decidir», sostiene. 

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