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El ministerio sacará a concurso el acceso a la red de 5.500 megavatios verdes en Aragón

El Gobierno priorizará proyectos maduros y con impacto social en 16 subestaciones que se han saturado en Aragón por el despliegue eólico y solar. Supone un tercio de la energía en cartera de la comunidad

Subestación eléctrica de Peñaflor, una de las 16 en las que el ministerio debe convocar concursos para dirimir quién accede a ella.

Subestación eléctrica de Peñaflor, una de las 16 en las que el ministerio debe convocar concursos para dirimir quién accede a ella. / JAIME GALINDO

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Zaragoza

El despliegue de las energías renovables en Aragón afronta un nuevo capítulo trascendental. Ante el aluvión de proyectos de generación eólica y solar que cuentan con permisos, pero todavía no se han conectado a la red –o ni siquiera se han empezado a construir–, el Ministerio de Transición Ecológica sacará a concurso los derechos de acceso a la red eléctrica en 16 subestaciones de Aragón. La capacidad de vertido que ofrecen estos nudos suma 5.500 megavatios (MW), más de la mitad de la energía verde que hay en servicio en la comunidad a día de hoy –8.253 MW, excluyendo la hidráulica–, por lo que supondrá agilizar la puesta en marcha de un importante volumen potencia instalada.

El departamento que dirige la vicepresidenta Sara Aagesen seguirá los preceptos de los concursos de transición justa, nacidos para otorgar la capacidad de acceso a la red a proyectos que generaran con tecnologías renovables la energía que antes se producía con el carbón. El primero en resolverse fue el de la central térmica de Andorra, donde Endesa se hizo con todo el pastel y una capacidad de evacuación de 1.202 MW, en una concurrencia donde el impacto social asociado al proyecto decantó la balanza.

Lo mismo está previsto que ocurra en este caso, pues más allá de los criterios económicos, un 30% de la puntuación se concederá en base a aspectos sociales, como la contribución a la resiliencia, a la sostenibilidad medioambiental, a la innovación, al impacto socioeconómico del proyecto o a otros aspectos que mejoren la integración de las fuentes de energía renovables en el sistema eléctrico.

El Gobierno central puso coto en su día a la especulación desatada con el boom de las renovables –promotores que acaparaban permisos de acceso a la red para proyectos de generación renovable aunque luego no hubiera avances para hacer las instalaciones y revender los derechos obtenidos– a través de subastas públicas. Un sistema de concursos supone ir todavía más allá, dado que, a excepción de los ya mencionados de transición justa, nunca se han llevado a cabo.

La cuestión es que la nueva ola de renovables, que logró los permisos de construcción el pasado mes de julio, uno de los hitos temporales estipulados por el ministerio para también luchar contra la especulación, ha saturado del mismo modo varias subestaciones de la red en Aragón. Destacan un nudo ubicado en Caspe, que responden al nombre de Almendrales 400 (a este quieren enchufarse proyectos que suman una capacidad de 1.130 MW), y dos subestaciones en el entorno de Calatayud: Rueda de Jalón 400 (los parques que se quieren conectar suman 911 MW de capacidad) y Terrer 400 (733 MW).

Estos concursos son distintos a los que el ministerio también debe convocar en relación con la demanda, pues los grandes consumidores (promotores de centros de datos, sobre todo) necesitan seguridad de suministro. Hay ya nueve subestaciones afectadas por el aluvión de proyectos.

Lo que guarda con absoluto celo Red Eléctrica, como es habitual en la empresa semipública encargada de operar el sistema de transporte de energía español, es quiénes son esos promotores que quieren verter a la red. A través de los procedimientos de información pública se puede atisbar que las grandes eléctricas del país están detrás de la expansión de las renovables, así como las pujantes energéticas aragonesas.

Forestalia, por ejemplo, bien conocedora de que podía generarse un tapón en la infraestructura de transporte, comenzó a promover una malla de autopistas eléctricas privadas para llevar su futura producción a las autonomías limítrofes y suministrar energía a la industria del Levante, vasca o catalana, entre otras. Sin embargo, la tramitación de estas líneas de muy alta tensión es estatal y los gobiernos autonómicos afectados han bloqueado ya varias de ellas, como ocurrió con la que iba a comunicar con el País Vasco y dos con Cataluña.

Mientras tanto, el despliegue de las renovables en Aragón mantiene un ritmo acelerado en la comunidad. El borrador del Plan Energético de Aragón 2024-2030 contempla un acelerón para las instalaciones eólicas y fotovoltaicas hasta duplicar la potencia actual hasta los 15.600 megavatios, casi el doble de los que hay en servicio. Y eso hay que leerlo en base a dos hechos. Aragón produce a día de hoy casi el doble de la energía que consume porque no tiene una industria electrointensiva que pueda utilizarla. Los centros de datos proyectados serán los encargados de beberse ese excedente. El tiempo dirá si la apuesta por los almacenes de información es un caballo ganador en materia de empleo y crecimiento económico-social. 

Un total de 16 subestaciones

Estas son las 16 subestaciones eléctricas de Aragón que optan al concurso. Se trata de Almendrales (400 kv), en Caspe; Cariñena (400 kv); Cinca (220 kv), en Monzón; Esquedas (220 kv), en Huesca; Fuendetodos (400 kv); Lanzas Agudas (220 kv), en Tarazona; Magallón (400 kv); Mediano (220 kv); Mequinenza (220 kv); Mezquita (400 kv); Monzón (220 kv); Peñaflor (una subestación con 400 kv y otra con 220 kv); Platea (400 kv), en Teruel; Rueda de Jalón (400 kv) y Terrer (400 kv).

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