ESPECIAL 23A
El motor de Aragón: de la batalla del ‘Meriva’ a liderar el futuro eléctrico
El pilar industrial de la comunidad encara el porvenir con optimismo tras asegurar la instalación de la gigafactoría de baterías en Figueruelas, la guinda a una carrera de fondo que ha estado plagados de curvas, baches y acelerones a lo largo de los últimos 25 años. Una historia de adaptación y éxito, desde los récords de producción a crisis que pusieron en vilo al sector

Un trabajador en la planta automovilística de Stellantis en Figueruelas. / Jaime Galindo
El automóvil hace carburar a la economía aragonesa. Lo hacía ya hace 25 años, cuando su papel era más esencial si cabe. Aunque ha dejado de ser el monocultivo productivo que antes representaba para la comunidad, gracias a la diversificación de actividades en las últimas décadas, el sector sigue siendo uno de sus principales motores esenciales con valores irreemplazables en términos de riqueza, valor añadido y empleo de calidad. El pilar industrial de la región vislumbra un porvenir sobre ruedas gracias a la confirmación de la ansiada gigafactoría de baterías para vehículos eléctricos, piedra angular de la movilidad del futuro. La guinda a 25 años plagados de curvas, baches y acelerones.
El corazón del sector está en Figueruelas, el municipio zaragozano donde late desde hace más de 40 años la fábrica automovilística de Stellantis, antes conocida como Opel España o General Motors. La planta industrial, que ha ido cambiando de manos en los últimos tiempos, ha convertido a Aragón en un referente europeo en automoción gracias al empuje de los proveedores que han ido proliferando a su alrededor. Tras de sí se ha escrito una historia de adaptación y éxito, desde los récords de producción hasta crisis que pusieron a prueba su resistencia.
A principios del siglo XXI, la factoría de la Ribera Alta del Ebro era una joya de GM, reconocida como una de las más productivas del mundo. El Opel Corsa, su buque insignia desde 1982, seguía rodando por las líneas de ensamblaje, pero 2003 marcó un punto de inflexión con la producción exclusiva del Opel Meriva, un pequeño monovolumen que impulsó la actividad a un máximo de 460.006 vehículos.
Sin embargo, no todo fue sencillo: entre 2005 y 2006, Figueruelas se enfrentó una dura competencia con la planta polaca de Gliwice en la pugna por la segunda generación del Meriva. Tras meses de negociaciones y ajustes laborales, Zaragoza aseguró el modelo, un triunfo que fortaleció su posición. El 2007 trajo otro hito. Durante su 25 aniversario, la planta alcanzó las 485.587 unidades, fabricando también el Opel Combo y consolidándose como la número uno de GM globalmente.
La inversión fluía a raudales —más de 4.500 millones de euros acumulados desde su inauguración—, y en 2008, dio un paso pionero hacia la sostenibilidad con la instalación de una planta solar fotovoltaica en un tejado de las instalaciones, un anticipo del gran sistema de autoconsumo energético que ha impulsado la fábrica en los últimos años.
El nacimiento del clúster del automóvil
En paralelo, la industria auxiliar ha ido creciendo y ganando pedidos entre otros grandes constructores de vehículos, como Volkswagen, Ford o Renault. Todo ello haciendo de la unión y la apuesta por la innovación una de las grandes fortalezas del sector. Para ello fue clave la creación en 2008 del Clúster de Automoción de Aragón (Caar), que comenzó agrupando a varias decenas de proveedores y hoy supera los 120 socios.
La crisis financiera global de 2008 golpeó con fuerza. La demanda de vehículos se desplomó y la producción de Figueruelas cayó por debajo de las 300.000 unidades en 2009, el peor registro en décadas. Ese año, GM entró en bancarrota en EEUU, lo que desencadenó un episodio crítico como fue la propuesta de vender Opel al fabricante canadiense Magna International. El plan amenazaba con recortar 1.300 empleos en fábrica zaragozana y reducir un 20% su capacidad productiva, desatando protestas masivas. Miles de trabajadores salieron a las calles y el Gobierno de Aragón se volcó en negociaciones para proteger esta industria clave. La cancelación de la venta en noviembre de 2009 supuso todo un alivio, pero dejó una lección clara: la planta era vulnerable a las decisiones globales.
Venta al grupo PSA y la creacón de Stellantis
La recuperación fue ardua. En 2011, la producción del Opel Combo terminó, y Figueruelas tuvo que reinventarse en un mercado debilitado. A partir de 2012, la planta recuperó el pulso con una apuesta por la diversificación. En 2014 se inició la producción del Opel Mokka, un SUV trasladado desde Corea por su éxito en Europa que fue todo un salvavidas en aquel momento de vacas flacas.
El 2017 se produjo un cambio de era con la venta de Opel a PSA (Peugeot-Citroën), tras 35 años bajo GM. Figueruelas se convirtió en una planta multimarca al asumir la producción del Citroën C3 Aircross. Pero la transición trajo conflictos. La negociación del XIV convenio colectivo enfrentó a la plantilla con la empresa, que exigía congelación salarial y mayor flexibilidad bajo la amenaza de trasladar producción. Las movilizaciones y la mediación del Gobierno de Aragón culminaron en un acuerdo en enero de 2018, aprobado por referéndum, que aseguró la producción del Corsa y su versión eléctrica. Un momento que fue decisivo para el futuro de la planta.
La integración en PSA, y desde 2021 en Stellantis tras su fusión con FCA, abrió la puerta a la movilidad sostenible. La planta dio salto histórico en 2019 al producir el Opel Corsa-e, su primer vehículo eléctrico. Tras superar el golpe del inicio de la pandemia, que obligó a detener la fábrica varios meses, en 2021 abrió el taller de baterías. Pero ese año estuvo marcado por la crisis de los microchips, que redujo la producción.
El salto al coche eléctrico
En los dos años siguientes se produjo la adjudicación de nuevos modelos: el Peugeot 208 y el Lancia Ypsilon (desde 2024), ambos con versiones híbridas y eléctricas. En 2024, la planta cerró con 372.000 vehículos, de los cuales 50.000 fueron eléctricos (13,5% del total), mostrando su adaptación a un mercado en transición y con altibajos.
El clímax llegó hace cuatro meses, con el anuncio de la gigafactoría de baterías de Stellantis y su socio chino CATL, una inversión de 4.100 millones respaldada por casi 200 millones del Perte VEC. La visita del ministro de Industria, Jordi Hereu, y del presidente de Aragón, Jorge Azcón, a Figueruelas en enero marcó el inicio de un proyecto que promete consolidar a Aragón como un hub de la movilidad eléctrica, con un impacto económico comparable al de la propia planta en los 80.
En 25 años, la industria automovilística aragonesa ha pasado de fabricar vehículos de combustión a liderar la electrificación. Figueruelas ha producido más de 15 millones de vehículos, con el Corsa como estandarte, en un sector que genera 25.000 empleos. Un motor que no se detiene y está listo para acelerar hacia un futuro sostenible.
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