Alumnos y profesores de un colegio de Zaragoza pasan la noche del apagón en un centro de Madrid: “Que el alumnado durmiera en la calle no era una opción”
El colegio Nuestra Señora de La Paloma sirvió de refugio para los adolescentes de 15 y 16 años del colegio Hijas de San José, que estaban de visita en la capital cuando se fue la luz

Los alumnos pasando la noche en el colegio madrileño. / SERVICIO ESPECIAL
Larisa Marta recuerda el lunes del apagón y, aliviada, dice: “Fuimos rápidos y resolutivos. Al final, hubo un final feliz”. Marta es profesora de Lengua y Literatura en el colegio Hijas de San José de Zaragoza y aquel día estaba de excursión en Madrid junto a otros dos profesores de Historia y 52 alumnos de 4º de ESO (15-16 años). Iban a visitar el Palacio Real cuando, de repente, todo dejó de funcionar.
La suerte estuvo de su parte cuando, caminando por el barrio de La Latina, se encontraron con el colegio Nuestra Señora de La Paloma, donde no dudaron en acogerlos. “En ese momento respiramos un poco por primera vez”, señala Marta al recordar el buen recibimiento de la directora del colegio madrileño. Pregunté a la Policía Nacional por los espacios que se iban a habilitar, porque imaginaba que igual que nosotros habría otras muchas personas, pero no sabían nada. No tenían órdenes”.
Después de comer, cuenta, echaron “a andar por Madrid”. Mientras ella probaba suerte en hoteles y hostales, donde no tenían disponibilidad para tantas personas, el profesor de Historia se marchó a Atocha para ver la situación. “Era todo caos, la gente nerviosa y corriendo de un lado para otro”, dice Marta. Al mismo tiempo, la otra profesora de Historia realizaba con los estudiantes una actividad que traían preparada por el colegio.
Cerca de las 18.00 horas, Marta encontró el colegio Nuestra Señora de La Paloma, que todavía estaba abierto a la espera de que los últimos padres fueran a recoger a los alumnos del colegio. “Había dos profesores en la puerta, y les dijimos que les íbamos a contar una situación algo extraña y que necesitábamos su ayuda. Cuando se lo contamos nos dijeron que adelante”, indica. Los profesores de Zaragoza respiraron entonces aliviados. “Para mí, que mi alumnado pasara la noche en la calle no era una opción”, subraya Marta, que añade: “Yo desde el primer momento pensé que, si encontrábamos un colegio abierto, nos iban a acoger”.
Con la seguridad de que pasarían la noche bajo techo, y gracias a la inestimable ayuda del colegio madrileño, los docentes del centro de Zaragoza se pusieron “manos a la obra”. Marta se quedó en el colegio mientras el profesor de Historia iba a buscar a la otra docente y a los alumnos. Se reunieron todos en el centro madrileño donde, cuenta la profesora, les dejaron el gimnasio, colchonetas, baños... “También nos trajeron fruta y varias familias se acercaron a la puerta para ofrecernos comida, mantas, etc.”, añade. Los profesores agradecen en profundidad el buen trato que les dieron en Madrid. “La directora de La Paloma es un amor y creo que tienen una comunidad educativa muy unida”, afirma.
La profesora de Lengua explica que ellos no querían molestar de más, por lo que entre los tres docentes se organizaron para ir a los bazares de la zona y comprar algo de comida para los alumnos. “Lo que encontramos fueron patatas fritas, palitos de queso, embutido, chocolates…”, rememora risueña. Por suerte, dice, llevaban algo de dinero en efectivo. La mayoría de estudiantes iban solo con la tarjeta de crédito.
A los jóvenes no parecía agobiarles más de lo necesario la situación. “Los alumnos se portaron de 10, tuvieron una actitud súper positiva y estuvieron siempre contentos. Les dimos tranquilidad y respondieron fenomenal”, destaca Marta.
La docente hace hincapié en que “las familias no entraron en pánico aunque no sabían qué pasaba con sus hijos porque no había forma de comunicarse”, algo que agradece en profundidad. Solo pudieron contactar con ellas cerca de las 20.30 horas, cuando una de las estudiantes consiguió algo de cobertura. “Llamó a su madre y le pudimos contar la situación. Ella ya avisó al resto de padres y a la dirección del centro, y entonces estuvieron más tranquilos”, sostiene Marta.
La suerte siguió de su lado y, aunque ellos no recuperaron la luz hasta las 24.00 horas, en la zona de Sol volvió el suministro eléctrico sobre las 22.00 horas. “Mi compañero fue allí y compró pan Bimbo y embutido para hacer sándwiches en condiciones a nuestros alumnos”, explica Marta. Después de cubrir esta segunda necesidad básica, los docentes se pusieron a buscar la forma de volver a Zaragoza. “Era cerca de la 1 de la mañana cuando contactamos con un conductor de Calatayud que nos contó que al día siguiente iba a llevar a Madrid a gente que se había quedado atascada en Calatayud -explica-. Nos dijo que, cuando los dejara, podría pasar a por nosotros y llevarnos de vuelta a Zaragoza”.
Resueltos los tres asuntos básicos -alojamiento, comida y vuelta a casa-, se tumbaron en las colchonetas para dormir. Marta indica que “la noche fue fría pero fue bien”. “El alumnado estaba cansado y se durmió enseguida. Nosotros pasamos la noche algo más en vela, pero fue bien”, dice. A la mañana siguiente se despertaron temprano y hablaron con el bar de enfrente del colegio para ver si les podían dar algo de desayunar por adelantado. “Nos prepararon algo caliente, aunque desde el cole de Madrid nos dijeron que nos podrían haber dado algo ellos. Nos ofrecieron de todo”, recuerda con emoción.
Por la mañana regresaron a Zaragoza en autobús y, cuando llegaron a las puertas de colegio, estaban las familias de sus alumnos. La profesora de Lengua echa la vista atrás y hace balance. “Hubo momentos tensos, por la incertidumbre de no saber donde alojarte y el caos, pero es verdad que fuimos rápidos y resolutivos”, afirma.
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