Compás de silencio en el valle de Chistau por la unificación de las aulas
La decisión sobre la agrupación ha sido «difícil» y ha creado tensión

En imágenes | Unificación de aulas rurales en Plan /
Reina la calma en Saravillo. Al lado de la puerta del bar, un hombre remueve tierra con una pala. «Perdone, ¿y la escuela?». Levanta la vista y, calmado, responde: «Ahí mismo». Su mano apunta a una casa gris. Quien abre su puerta es Isabel Segura, la maestra de Primaria. Detrás de ella asoma un pasillo pequeño, cinco salas y dibujos. De fondo se escuchan los gritos de los alumnos de Infantil. Los de Primaria, cuenta Segura, están con el resto del C.R.A. Cinca Cinqueta -Saravillo, Plan, San Juan de Plan, Gistaín, Bielsa y Laspuña- en unas convivencias. La jornada adelanta la imagen que se verá en el valle de Chistau el próximo curso, cuando las aulas de las cuatro primeras localidades mencionadas se unificarán en Plan. Pero Segura, como la mayoría del equipo docente, prefiere no hablar sobre la agrupación.
La escuela de Saravillo tiene dos aulas, una de Infantil y otra de Primaria. Los más pequeños son siete, y entre ellos se incluyen alumnos de dos años porque es el único colegio del valle con escolarización anticipada. En Primaria son cinco niños. Segura afirma que es «maravilloso». «Tenemos la naturaleza aquí», indica. Entre los marcos de madera de la ventana asoma un paraje espectacular.
La maestra cuenta que «la forma de trabajar aquí es una pasada», y lo ejemplifica: «Siempre que el tiempo lo permite se hacen cosas fuera. Cuando nieva les encanta ir a algún campito y vienen ya por la mañana con los trineos». Es el valor añadido de la escuela rural. «Están reunidos varios cursos, aprenden los mayores a cuidar a los pequeños, los pequeños maduran antes...», indica.
El próximo curso, con la unificación, también pequeños y mayores compartirán espacios. La unión llega después de que las familias la solicitaran y votaran sobre si agruparse o no. El resultado fue a favor y tres escuelas rurales -Saravillo, San Juan de Plan y Gistaín- no abrirán sus puertas el próximo mes de septiembre.
La decisión ha sido conflictiva y, el proceso, «superdifícil». Lo describe así Ana Piedrafita, la jefa de estudios del C.R.A. «Lo positivo de juntarnos es que va a haber muchas más relaciones sociales, y eso siempre educa y es fundamental. Lo malo es que se van a cerrar escuelas y que la logística familiar va a ser complicada. Van a tener que coger transporte, hay que conciliar...», dice.
Piedrafita explica que el C.R.A. es «muy especial» y que «el proyecto del centro está muy vinculado al entorno». «Por mi experiencia, se diferencia de otros en el arraigo, en las tradiciones. Tiene muchísimo patrimonio cultural natural», afirma.
Su voz se escucha sobre la de los alumnos del C.R.A. que este viernes están reunidos en San Juan de Plan. Según detalla Piedrafita, este curso estudian doce niños en Saravillo, diez en San Juan, cuatro en Gistaín y dos en Plan. Estos centros suman seis profesores, a los que se añaden los de especialidades. Algunos de ellos están también presentes en la jornada, y se mantienen silencio. También ellos prefieren no opinar sobre la agrupación del próximo curso.
Pero, critica una madre, el próximo curso «se van a perder tres maestros». No comparte su nombre, pues como otros chistabinos quiere evitar nuevos resquemores. Con voz tenue, explica que de la votación solo formaron parte las familias. «Se tendría que haber hecho caso también a los mayores, porque te cuentan cuando en su época se llevaron a sus hijos a estudiar a Boltaña y lo llevan fatal. Hay un porcentaje muy bajo de esa generación que se haya quedado en el valle. Han perdido el arraigo», dice.
La madre subraya que «no hay blanco o negro» en la unificación. Lo que no le gusta es cómo ha sido el proceso. «Han querido crear discordia y enfrentamiento entre familias. Lo han hecho feo. Algo que de por sí es triste, lo han hecho todavía más triste», destaca. Ella ha echado en falta que se les escuchara más. «Hemos sido un poco tontas -dice-. Tendríamos que haber llegado a un consenso para decir que queríamos unificar pero también lo que necesitamos».
Y entra en detalles. Según cuenta, el colegio de Plan, en el que se agruparán los alumnos por ser el que reúne las mejores condiciones, «necesita reformas». «Más grande no es mejor. Considero que se tendrían que haber hecho las cosas más despacio y haber hecho una escuela rural desde cero. Si vamos a cerrar tres coles, vamos a hacer algo guay, ¿no?», reflexiona. Además, señala que tanto en Saravillo como en San Juan hay alumnos, pero en Plan solo hay dos y estos pasan a Aínsa el curso que viene.
"Algo que en principio era para unir y para hacer valle no está funcionando"
Ella cree que las madres no tenían malas intenciones y que la unificación podría ser buena si se hiciera de otra forma. «Es triste. Algo que en principio era para unir y para hacer valle no está funcionando», señala. Y recuerda que, después de la votación, «hubo algún enfrentamiento».
En el cole de Saravillo los niños colorean. Varios se calzan para ir al exterior y enseñar su escuela. Corren hasta una sala con una cocina y una mesa. Es el comedor escolar. El espacio está conectado con otro que sirve de resguardo cuando llueve y que es de uso compartido. Unas escaleras conducen a la biblioteca.
Los alumnos vuelven a clase. «Se llevan muy bien entre ellos», apunta Segura. Esta relación de cercanía también existe con las familias. «Aquí pides cualquier cosa y la tienes», dice Segura. Ella se mudó a Saravillo hace dos años y desde el primer momento se sintió acogida. Su mirada, sincera, sí habla.
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