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Los peligros ocultos de bañarse en ríos y pozas: cinco muertes en Aragón en lo que va de 2025

El número de ahogamientos en ríos y pozas de Aragón refleja la falta de medidas de seguridad en espacios naturales y la necesidad de mayor concienciación

Vista desde la fuente de Tamara en la zona del Bierge (Huesca)

Vista desde la fuente de Tamara en la zona del Bierge (Huesca) / EL PERIÓDICO

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Zaragoza

Bañarse en pozas y ríos, por las características paradisiacas que suelen tener estos lugares, resulta una experiencia inigualable en la mayoría de los casos. Sin embargo, todo espacio del medio natural entraña unos riesgos a tener en cuenta. Según la Federación Aragonesa de Salvamento y Socorrismo (FASS) son ya cinco las víctimas mortales por ahogamiento en estas zonas, ninguna en piscinas, en lo que va de año 2025, de los cuales tres se concentraron en el mes de junio y el último tuvo lugar este mismo domingo, cuando un hombre practicaba paddle surf en el embalse de Yesa. En España, según los datos del Informe Nacional de Ahogamientos, han sido 211 personas las que han perdido la vida en espacios acuáticos hasta este mes de julio.

"El año pasado (2024) acabamos con diez ahogamientos entre barrancos y ríos en Aragón, lo que es una barbaridad", reconoce rotundo el presidente de la FASS, Gerardo Belloc, quien lamenta que, como la comunidad cuenta con un entorno natural "precioso" y al alcance de nuestra mano, esa "facilidad" conlleva unos riesgos "que a veces se nos olvidan". Una "cultura acuática" que sí tenemos cada vez más presente en piscinas.

Y es que los espacios naturales "son elementos vivos", según explica Belloc, refiriéndose a la existencia de corrientes ocultas o remolinos bajo la superficie acuática, a los cambios repentinos en la profundidad, a los fondos irregulares y a la baja temperatura del agua, que puede provocar el shock termodiferencial (comúnmente conocido como corte de digestión), lo que puede llevar a un desmayo. Y perder el conocimiento en el agua puede suponer el paso previo al ahogamiento, a juicio de Belloc. Por estos motivos, desde la federación piden cautela a la hora de transitar este tipo de espacios.

Ningún espacio natural vigilado

Las principales recomendaciones son: evitar ir solo, no visitar pozas si ha llovido recientemente (por las crecidas repentinas del los ríos), no lanzarse o tirarse desde lo alto de las pozas (porque "puede haber una piedra que ayer no") y llevar un calzado adecuado (como pueden ser los escarpines) para evitar los resbalones en las alturas y orillas y meterse poco a poco para que el cuerpo se acostumbre de manera progresiva a la temperatura del agua.

Belloc advierte, además, sobre las posibles infecciones que pueden contraerse si la calidad del agua no es la óptima, incluso de las picaduras de animales como las sanguijüelas. Sobre todo, desde la federación se insta a no sobrevalorar nuestras capacidades, puesto que por ejemplo "la fatiga en el agua puede impedirnos responder a una situación que nos es adversa" en un medio que no es el nuestro, el del suelo firme.

"Piensas que una poza te ofrece un día lúdico, pero se te puede complicar y los accesos no están controlados, por eso la respuesta sanitaria es lenta, lo que añade más problemas", confirma Belloc. La realidad es que no existe una legislación que obligue a estos espacios a estar controlados, regulados o vigilados, como sí es de obligado cumplimiento en las piscinas. "Nosotros abogamos porque exista, pero no puedes ponerle puertas al campo", comenta Belloc.

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