Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Los efectos del calor en la menopausia: «Ahora voy siempre con el abanico»

Las aragonesas Cecilia Méndez y Adelina Gomis comparten con EL PERIÓDICO DE ARAGÓN cómo les afecta el verano al acaloramiento del climaterio, que se intensifican respecto al resto del año y les hacen perder cierta calidad de vida porque «ponen de mal humor» y da «apuro» vivirlos en público

Una mujer se abanica para aliviarse del calor. | MIGUEL ÁNGEL GRACIA

Una mujer se abanica para aliviarse del calor. | MIGUEL ÁNGEL GRACIA

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Zaragoza

Hace apenas dos meses, la actriz Candela Peña decía sin tapujos en el programa televisivo La revuelta que estaba sofocada porque estaba ya en plena menopausia. Su mensaje posterior era alto y claro: faltan mujeres referentes que hablen de forma pública y sin tapujos sobre esta tema que, a partir de cierta edad, ocupa a una gran mayoría de ellas. Porque son muchas las que sufren estos calores repentinos y potentes de forma diaria que, además, se acrecientan en frecuencia e intensidad en los meses de verano. Es el caso de la aragonesa Cecilia Méndez, que a sus 60 años de edad y después de haber vivido el junio más cálido de la historia en Aragón, afirma: «Noto muchísimo el verano y el calor. Ahora voy siempre con el abanico».

Cecilia explica que empezó con los sofocos hace aproximadamente cinco años, cuando estos eran «mucho mayores». Aunque con el paso del tiempo estos han ido a menos, los meses de verano le hacen sufrir estos calores de una forma distinta. «Son más intensos y más a lo largo del día. No son solo sudores nocturnos, como me pasa a veces durante el año, que me levanto con el pijama empapado», dice.

La aragonesa comparte que los sofocos son «cortitos pero muy intensos», y aunque no los vive en momentos o situaciones del día concretos, cree que igual pueden ser mayores cuando va «más acelerada». Lo que tiene claro es que, cuando llegan, no lo pasa bien. «Da mucho apuro. Igual estás tomando algo y te viene un sudor que nadie entiende. Te quedas un poco apurada de que te vean de repente tan sofocada», expresa. «Es algo que influye en tu calidad de vida. No es agradable para ti, que pasas un mal rato, ni para tus relaciones, porque igual estás con gente y te da esa vergüenza», explica.

Esa sensación de angustia aumenta además porque, como sostiene Cecilia, los sofocos «están mal vistos». «Es algo muy poco comprendido. La gente debe pensar: ‘Mira a esa menopaúsica que ya le entran los calores’. Hay quien lo entiende, sobre todo las mujeres, pero hay muchos que no», cuenta. La mujer recuerda que los sofocos son «algo incontrolable» que, «si te viene, te viene». Por eso, su mejor aliado ahora es su abanico. «Estoy todo el día ahí dale que te pego», dice entre risas, un remedio que complementa con ropa fresca y ligera y mucha hidratación.

También el abanico es herramienta clave para Adelina Gomis, que sufre los sofocos de la menopausia desde hace seis u ocho años aproximadamente. Ahora, además, se ha hecho con «ventiladores de esos portátiles manuales», dice. «Siempre los tengo al lado del ordenador para quitarme ese calor tan repentino al momento», apunta.

Adelina explica que ella no tiene sofocos a diario, sino «cada dos o tres días». Eso sí, la frecuencia aumenta durante el verano. «No sé si se intensifica, lo que sí es que me molestan más, sobre todo durante la noche cuando de repente te sube ese calor y te tienes que destapar, te tienes que poner el ventilador o salirte a la terraza», cuenta, y añade: «Bueno, a lo mejor son con la misma frecuencia, pero en invierno como que los acoges mejor, con más tranquilidad o con más gusto, o incluso te cobijan un poco, o al menos yo que siempre he sido friolera».

Sean en una temporada u otra, lo que Adelina tiene claro es que «empeoran la calidad de vida». «Te ponen un poco así de mal humor -señala-. Es como cuando los niños tienen calor y se ponen alterables y se enfadan, cuando todo parece que les va mal». La mujer explica que es un calor «pegajoso, un sudor como de playa y humedad» que le hace no estar a gusto. «Te pone mal carácter», agrega.

Y eso que ahora, comenta, los lleva «un poco mejor». «Al principio me molestaban más porque era algo imprevisto o algo que no tenía colocado, entonces me fastidiaban más», expresa. Como decía Candela Peña, todas las mujeres van a pasar por la etapa de la menopausia y se ha de hablar de ella.

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS

Tracking Pixel Contents