Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El calor cuadruplica la frecuencia de los sofocos en mujeres con la menopausia

La duración de los acaloramientos repentinos puede pasar de dos a seis minutos en el climaterio debido a las altas temperaturas y esto repercute en la calidad de vida al perjudicar el descanso, entre otras cosas

Varias mujeres sentadas en una zona sombreada de la plaza del Pilar para evitar el calor. | LAURA TRIVES

Varias mujeres sentadas en una zona sombreada de la plaza del Pilar para evitar el calor. | LAURA TRIVES

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

B. Pérez

Zaragoza / Barcelona

Mayor frecuencia y mayor intensidad. Las altas temperaturas cuadruplican los sofocos que sufren muchas mujeres en la etapa de la menopausia y triplican su intensidad. Así se desprende de la encuesta que ha realizado a unas 13.000 personas la start-up Domma, especializada en investigar, acompañar y tratar la menopausia, y así lo confirma la presidenta de la Asociación de Ginecología y Obstetricia de Aragón (AGOA) Elena Bescós: «Se intensifican con cualquier cosa que suponga estrés, como puede ser ropa que transpira poco, un clima de agobio, un ambiente caluroso o de humedad... El calor es peor que lo demás». Aragón ha dejado atrás el junio más cálido de su historia y julio comenzó con temperaturas de más de 40 grados.

Los sofocos son una sensación súbita de calor muy potente que suele ir acompañada de sudoración o rojeces en la piel. Según los datos de Domma, una mujer con la menopausia sufre, de media, unos tres sofocos al día. Con las altas temperaturas, como a partir de 31 grados, estos pueden incrementarse a doce. Además de su frecuencia, la duración también es mayor entre los meses de junio y agosto, ya que pueden prolongarse hasta seis minutos cuando en invierno la duración media es de dos.

Según asegura Bescós, este incremento tanto de la intensidad como de la frecuencia «no supone un riesgo para la salud, pero sí tiene un impacto en la calidad de vida». «Igual no consigues dormir o descansar, la conducción es menos ágil... Son un problema de calidad de vida», afirma.

La presidenta de AGOA explica que los sofocos se producen en la menopausia porque «bajan los estrógenos y el control de la temperatura del cuerpo se desregula». Según indica, el hipotálamo es el termostato del cuerpo y se encarga de identificar los cambios de temperatura internos que se producen y de mandar órdenes para regularla. Durante el climaterio (abarca desde la premenopausia hasta la posmenopausia), su sensibilidad a los cambios hormonales aumenta y esto puede llevarlo a error, ordenando liberar calor aunque no sea necesario. Es entonces cuando se producen los sofocos.

Según señala la presidenta de la AGOA, son uno de los síntomas más frecuentes de la menopausia, pero en cada mujer se dan con una intensidad distinta. Hay quienes los sufren de forma ocasional, a quienes no les pasa nunca y, a otras, solo les sucede durante la noche. «Hay desde quien no se entera hasta quien no puede vivir con ellos», sostiene Bescós. Además de en la época de verano, aparecen también en invierno, cuando según señala, «son más llamativos porque ves a una persona quitándose capas cuando todo el mundo va abrigado». Con todo, afirma que es en la época estival «cuándo más intensos son».

Según la información de Domma, el calor y la humedad tienen también un impacto directo en los sudores nocturnos, que también afectan a las mujeres con la menopausia. De hecho, en el mes de junio las mujeres en transición menopáusica tienen un 50% más que en el de enero.

A pesar de la influencia de las altas temperaturas, la presidenta de la Asociación de Ginecología y Obstetricia de Aragón afirma desde su experiencia que «la afluencia de consultas por este tema es prácticamente igual durante todo el año porque no son de urgencia».

El tratamiento

Además, Bescós explica que, independientemente de las altas temperaturas, puede ocurrir también que experimenten sofocos mujeres que nunca antes los habían vivido. «Se pueden empezar a notar ya reglando porque empiezan a aparecer cuando disminuyen los niveles de estrógenos -desarrolla Bescós-. En la menopausia estos se reducen mucho, pero los años antes, en la premenopausia, ya se pueden dar porque empiezan a bajar». También puede suceder que estos calores se den de forma puntual y desaparezcan.

La forma de tratar los calores repentinos varía también en función de la paciente y cómo le afecta a su calidad de vida. «Hay terapias naturales, plantas de soja, preparados con extracto de magnolia...», cita entre otros remedios Bescós, que subraya que las que lo sufren de forma más intensa y son candidatas porque se ajustan a ciertos criterios (no ser fumadora, no tener sobrepeso, etc.) pueden recibir tratamiento hormonal sustitutivo. «Este llega cuando ya lo otro no surte efecto, y son preparados que llevan un complemento de estrógenos. Es reemplazar lo que tu cuerpo ha dejado de segregar», sostiene.

Además de los sofocos, en la menopausia una mujer puede tener otros síntomas que también tienen relación con la falta de estrógenos como dolor óseo, niebla mental, taquicardias, la sensación de que las cosas dan vueltas, insomnio, irritabilidad, ganas de llorar, cambios de humor o cansancio. También ello las puede convertir en candidatas para recibir el tratamiento hormonal sustitutivo. Con todo, Bescós recalca que «ni todo el mundo desea tomarlos ni toda paciente es candidata».

Las recomendaciones

Las recomendaciones de la presidenta de la Asociación de Ginecología y Obstetricia de Aragón para prevenir y reducir en la medida de lo posible el incremento de la frecuencia e intensidad de los sofocos y otros síntomas de la menopausia cuando llegan las altas temperaturas pasan por «llevar ropa fresca y ligera que transpire bien, estar hidratada, usar ventiladores y abanicos, intentar que, cuando aparezcan, no aumente el estrés porque irán a más, sino intentar recuperar la calma y mantenerla, o hacer ejercicio físico, que ayuda a llevar mejor la menopausia cuando llega».

TEMAS

Tracking Pixel Contents