El abandono rural propicia las condiciones para un gran incendio que arrase con todo el Prepirineo
La detección precoz es clave para mantener los incendios en Aragón muy por debajo de la media en una temporada de alto riesgo debido a la gran cantidad de maleza acumulada tras una primavera más lluviosa de lo habitual

Un bombero señala el incendio forestal de Luesia, el pasado verano. / Jaime Galindo / Jaime Galindo.

La intensa ola de calor, que todavía se prolongará durante bastantes jornadas, podría dar un vuelco a una "positiva" campaña de prevención de incendios forestales en Aragón. La comunidad afronta "con medios suficientes" la vigilancia de las zonas boscosas y la rapidez en la extinción hace que en estos momentos se esté un 38% por debajo de la media de siniestros y un 90% por debajo de la superficie forestal media calcinada en Aragón.
Pese a la aparente situación favorable, con la vista puesta en los cinco grandes focos fuera de control que arrasan la península, en la comunidad se tiene la atención centrada en los llamados "incendios de sexta generación" asociados al abandono rural.
Según el proyecto Bio For Piri impulsado por la fundación Biodiversidad y que se desarrolla hasta final de diciembre, en los últimos años, el abandono y la precarización del sector primario han llevado a la pérdida del mosaico agroforestal que, sumado al actual contexto climático, "ha elevado el riesgo de sufrir un gran incendio forestal en el área del Prepirineo". Por la dimensión y el impacto de este potencial incendio (podría quemarse en bloque desde Navarra hasta Girona) la entidad indica que se trata "de una de las zonas más sensibles y vulnerables de la península Ibérica".
"La impresión de que el monte está muy sucio es real", destaca el presidente de la fundación Quebrantahuesos, Óscar Díez, también implicada en el proyecto con un plan experimental en el Sobrarbe que busca desarrollar acciones "viables" que permitan prevenir las llamas. "Es una utopía pensar que se puede limpiar todo el sotobosque, pues cuesta más de 2.000 euros por hectárea", evidencia. A raíz del "riesgo real" de los incendios señala que lo fundamental es garantizar "una protección básica" y natural de los núcleos urbanos, desarrollando vida ganadera y actuaciones "que no sean efímeras".
Es una idea en la que incide el investigador del departamento de Geografía y Ordenación del territorio de la Universidad de Zaragoza, Marcos Rodrigues. "Desde la comunidad científica se asume que la capacidad de extinción llega hasta donde llega y en algún momento se alcanzará el límite de extinción tradicional", asegura. Esto podría llevar a buscar nuevas estrategias en la forma de gestionar el monte, procurando por ejemplo, que los incendios no avancen tan deprisa. "Cada vez vemos con más frecuencia confinamientos y evacuaciones asociadas a los fuegos, como pasó en la provincia de Lérida", recuerda el también miembro del grupo de investigación Geoforest del Instituto de Ciencias Ambientales de Aragón.
La comunidad por el momento se está salvando de la oleada de incendios que afectan a toda Europa. Normalmente se calcinan en el continente unas 200.000 hectáreas y en este momento se superan las 400.000. Solo en el sur de Francia un fuego controlado la pasada semana ha quemado más de 16.000 hectáreas, siendo el mayor incendio del país desde 1949.
"Los potenciales requisitos para un gran incendio están muy presentes", advierte Rodrigues. Detrás del riesgo, además, las estadísticas muestran que cada vez en mayor medida se encuentra la acción antrópica, sea por acción o por omisión. "Vemos que crecen los fuegos provocados por accidentes con maquinaria agrícola o por la propia gestión forestal", señala el investigador. Y también aumenta el combustible por la desaparición de usos ganaderos y sociales que favorecían la limpieza del propio monte.
En Aragón, los accidentes y las negligencias provocan el 35% de los fuegos frente al 26% que son debidos a causas naturales. Pero las cifras corroboran que en la comunidad los planes de prevención y extinción están funcionando, defienden desde el Gobierno de Aragón. Analizando únicamente el mes de julio del presente año, que históricamente es el periodo donde más superficie forestal se quema por los incendios, se comprueba que los datos registrados en 2025 son uno de los mejores meses de julio de los últimos años y que si se comparan con el promedio histórico de los últimos 20 años, se observa que hay un 11% menos de siniestros registrados y tan solo se ha calcinado un 7% de la superficie forestal media.
"La respuesta inmediata es la clave"
"La respuesta inmediata es la clave del sistema", indica la directora general de Gestión Forestal, Ana Oliván. Aragón dispone de ochenta puestos fijos de vigilancia estratégicamente distribuidos por la comunidad con la que se tratan de avistar y comunicar los incendios en el menor tiempo posible. "La llegada al fuego en los primeros minutos facilita enormemente las tareas de extinción", señala. Desde estas atalayas los vigilantes localizan columnas de humo y transmiten el aviso inmediato a la emisora, activando así el protocolo de intervención. En lo que va de verano aún no se ha producido ningún incendio de más de 50 hectáreas.
Las brigadas helitransportadas y terrestres, junto con los medios aéreos y las autobombas, forman un operativo listo para "actuar con rapidez y eficacia" ante cualquier conato, como se ha comprobado recientemente con las brigadas de Alcorisa y Albalate del Arzobispo.
El hecho de que buena parte de los conatos detectados tengan que ver con las labores agrarias supone que estos se produzcan en zonas de fácil acceso, y aunque la propagación de las llamas por los cultivos sea rápida, el ataque contundente con los recursos de extinción disponibles, siempre que no se produzca más de un fuego simultáneo, suele ser eficaz.
Según explica Rodrigues, esto cambia cuando los equipos de extinción se tienen que enfrentar a un gran incendio, que normalmente suele tener causas naturales. "Estos suelen considerarse particularmente difíciles de controlar, no porque tengan más virulencia que el resto, sino porque suelen ocurrir en entornos remotos y de topografía compleja", detalla. En Aragón los incendios provocados por rayos han sido los que con más asiduidad han dejado más superficie quemada según la estadística histórica.
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